Albacete vivió en la noche de este miércoles, 3 de febrero, una jornada histórica ante el partido Alba – F.C. Barcelona. Tras el encuentro, los jugadores del Barça repusieron fuerzas después de 90 minutos intensos en los que el Albacete Balompié no lo puso nada fácil, luchando hasta el último minuto. Así, los futbolistas hicieron un pedido muy especial encargando más de una veintena de cajas de sushi a Sibuya, un restaurante de cocina japonesa de Albacete. Un pedido que no pasó desapercibido, no solo por lo exótico del menú tras una noche de fútbol, sino por una particularidad concreta.
Tal y como señalan desde el propio restaurante a El Digital de Albacete, recibieron el encargo el pasado domingo, con un pedido de «27 cajas de sushi individuales para después del partido”, y manifiestan que “cuando se desplazan fuera a jugar es lo que suelen comer después de los encuentros”. Más allá de las particularidades de esta comida, al personal del establecimiento les llamó algo poderosamente la atención. “Es curioso porque todo el sushi que nos pidieron tenía que llevar salmón, desde niguiris hasta makis”, apuntan.
El sushi de la victoria del FC Barcelona tras el partido contra el Albacete Balompié
Eso sí, con alguna excepción, ya que “algún jugador pidió otro tipo de pescado como atún, pez mantequilla, anguila o langostino”. Y es que el salmón esconde un pequeño secreto: este pescado cuenta con proteínas de alta calidad que ayudan a reparar el tejido muscular, reduciendo la inflamación, y disminuyendo la fatiga muscular, lo que ayuda a esa recuperación tras un intenso esfuerzo, como fue el partido contra el Alba.

Además de esta curiosidad, lo cierto es que los futbolistas aprovecharon su visita a la ciudad para disfrutar de esta tradicional y exquisita comida japonesa después de la victoria en el Belmonte, de la mano del restaurante Sibuya.

Así, los jugadores del F.C. Barcelona unieron el fútbol de alto nivel y la gastronomía japonesa en una noche que queda en el recuerdo para Albacete con una cena cuidada y pensada para la recuperación física, que demuestra cómo incluso lejos del césped cada gesto cuenta tras un partido exigente. Una anécdota que añade ese toque de sabor propio a una jornada histórica que hizo vibrar de nuevo al Carlos Belmonte.

