El Albacete Balompié vivió este martes una llegada cargada de calor y respaldo popular en los aledaños del Carlos Belmonte, donde miles de seguidores se congregaron para recibir al equipo entre cánticos, banderas y aplausos. La escena, repetida en contadas ocasiones con esta intensidad, dejó una imagen clara: la afición quiere empujar y hacerse notar desde antes de que ruede el balón.
Desde primera hora de la tarde, los accesos próximos al estadio comenzaron a llenarse de camisetas blancas, bufandas y pancartas con mensajes de aliento. A medida que se acercaba la llegada del autobús, el ambiente fue ganando en decibelios. Cuando el vehículo apareció en la zona, el recibimiento se convirtió en un pasillo improvisado de aplausos y cánticos, con gritos de apoyo dirigidos al grupo y coreando el nombre del club.
El operativo de seguridad —con presencia de efectivos y controles puntuales para ordenar el flujo de personas— permitió que el encuentro se desarrollara sin incidentes, según pudo comprobar este medio en el lugar. La afición, concentrada principalmente en las inmediaciones de una de las entradas principales, mantuvo el tono festivo durante varios minutos, mientras los jugadores saludaban desde las ventanillas, en el breve trayecto hacia el interior.
Hay que estar con el Albacete
“Esto es lo que somos: estar cuando toca”, explicaba un aficionado veterano, bufanda al cuello, mientras grababa con el móvil la llegada del equipo. A su lado, un grupo de jóvenes respondía con un cántico repetido una y otra vez, buscando contagiar ánimo y confianza. Las consignas, en su mayoría, apelaban a la unión y al compromiso en un partido que la grada sabe que es histórico.
También desde el club se transmitió el agradecimiento por el apoyo. Fuentes de la entidad señalaron que el gesto “refuerza” al vestuario y “da sentido” al vínculo con la ciudad, subrayando la importancia de sentir a la hinchada cerca en días de máxima exigencia competitiva.
El recibimiento en el Carlos Belmonte deja, además, una lectura de fondo: más allá del resultado inmediato, la afición quiere convertir el entorno del estadio en un factor diferencial. El mensaje fue directo, sin ambigüedades: el equipo no está solo. Albacete volvió a sonar como una grada incluso antes de abrirse las puertas.
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