Mirada inocente, peligro patente: el Albacete quiere, y puede, eliminar al Barcelona

El Albacete, a por todas ante el FC Barcelona

En la antesala del partido de esta noche en el Carlos Belmonte, la escena que mejor explica lo que flota en el ambiente no se mide en estadísticas ni en presupuestos. Se mide en una mirada. La de una niña, esta mañana, tras una valla amarilla en el Aeropuerto de Albacete: vestida con la camiseta del Alba, sosteniendo entre las manos una del Barcelona, con esa dulzura que desarma… y con un gesto que advierte. Como si el fútbol, de pronto, recordara su propia moraleja: no subestimes al que parece pequeño.

Porque el titular es, hoy, más que un juego de palabras: mirada inocente, peligro patente. El Albacete Balompié llega al duelo con la etiqueta de “inofensivo” que a veces se le cuelga al equipo de Segunda cuando enfrente aparece un gigante. La comparación hombre a hombre, la profundidad de plantilla y el nombre propio pesan. Pero hay noches —las que huelen a eliminatoria— en las que la lógica no manda sola. Y el Alba, precisamente ahora, es una amenaza real.

Los números recientes sostienen el relato: cuatro victorias consecutivas han colocado al equipo en su punto más dulce del curso, con confianza, automatismos y una sensación colectiva de “esto se puede”. Y a esa inercia se le suma un antecedente que ha convertido el vestuario en una caldera de fe: la eliminación del Real Madrid hace menos de quince días, una de esas páginas que se guardan para siempre en la memoria de un club y de una ciudad. No es solo un resultado: es la prueba de que el guion admite giros.

Ahí radica el peligro patente. El Albacete puede parecer inocente desde fuera —como lo es la mirada de un niño, limpia, sin cálculo—, pero la inocencia, cuando se mezcla con convicción, trabajo y entrega, se vuelve combustible. Un cóctel que, en el fútbol, ha fabricado epopeyas desde que el primero se atrevió a mirar al favorito sin bajar los ojos.

La afición del Albacete también juega

Y esta noche, además, el Alba no caminará solo. En el Carlos Belmonte se espera un rugido de más de 16.000 gargantas, una grada dispuesta a dejarse la piel para empujar cada carrera, cada choque, cada balón dividido. Ese “jugador número 12” que no marca goles en la hoja oficial, pero que inclina momentos: el tramo final en el que las piernas pesan y el corazón decide; el córner en el que el balón parece flotar un segundo más; el despeje que se convierte en ataque porque la gente no permite que el equipo se caiga.

El Barcelona —con su jerarquía y su oficio— sabe que estos partidos no se ganan solo por nombre. Se ganan por lectura y por paciencia, por no conceder el primer impulso emocional del rival, por apagar el estadio antes de que el estadio se encienda del todo. Pero el Albacete, hoy, juega con un arma que no figura en los presupuestos: una motivación que rebasa el cien por cien. La posibilidad de sumar otra gesta, de añadir “otra más a la lista”, de volver a escribir esa historia antigua y siempre nueva: David contra Goliat; los irreductibles contra el Imperio; el ratón que se atreve a morderle el orgullo al gato.

En eso consiste el romanticismo del fútbol cuando se pone serio: en que, a veces, la inocencia no es ingenuidad, sino valentía. Y en que una ciudad entera puede mirarte a los ojos —como esa niña del Aeropuerto de Albacete— para decirte, sin palabras, lo que esta noche repetirá a gritos: no subestimes al débil; su constancia y su fe también derriban montañas.

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Nacho Lopez

Nacido en Albacete. Más de 15 años de experiencia en medios de comunicación en radio, televisión y digital, como Intereconomía radio, Cadena SER, Punto Radio, ABTeVe y VOZ Castilla-La Mancha.
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