El Albacete rozó la prórroga este martes en el Carlos Belmonte ante el FC Barcelona, en un partido de cuartos de final de la Copa del Rey que se resolvió por detalles y con el estadio empujando hasta el último suspiro. El 1-2 final dejó al conjunto manchego a un paso de alargar su aventura copera, pero no borró la imagen de un equipo valiente que llevó al límite a uno de los gigantes del fútbol español.
El Barça, vigente campeón, se encontró con un rival que no quiso resignarse a sobrevivir y que, cuando parecía sentenciado, se rebeló para encender un tramo final eléctrico. En el minuto 91, una acción que ya se cantaba como el 2-2 se quedó a centímetros: una intervención decisiva de Gerard Martín sobre la línea evitó el empate que habría conducido el encuentro a la prórroga.
La eliminatoria se inclinó por la pegada azulgrana. Lamine Yamal abrió el marcador antes del descanso con una finalización ajustada tras una jugada elaborada, un golpe que premió el dominio visitante en la primera mitad.
Tras el intermedio, el Barcelona amplió la ventaja con un cabezazo de Ronald Araújo a la salida de un córner servido por Marcus Rashford, un 0-2 que parecía encarrilar el pase a semifinales. El Albacete, sin embargo, no se descompuso: continuó compitiendo, buscó segundas jugadas y fue ganando metros con el paso de los minutos, alimentado por un Belmonte que no dejó de creer.
El premio a esa insistencia llegó en el tramo final. Javi Moreno recortó distancias en el minuto 87, también de cabeza y a balón parado, para desatar la esperanza y convertir los últimos minutos en un asedio. A partir de ahí, el partido se jugó con el cronómetro en contra del Barça y con el Albacete empujando, acumulando presencia en el área y forzando situaciones de máxima tensión.
La ocasión más clara para igualar —y llevar el duelo a la prórroga— apareció ya en el añadido: un remate que se colaba con el portero batido y que Gerard Martín alcanzó a despejar prácticamente sobre la línea, una acción salvadora que terminó siendo tan decisiva como cualquier gol. Con ese último suspiro contenido, el Barcelona sostuvo el resultado hasta el pitido final y selló su billete para semifinales.
Para el Albacete, la eliminación no borra una noche que el fútbol de Copa entiende como pocas: la grada en pie, la sensación de que lo imposible estuvo cerca y la confirmación de un equipo que supo competir sin complejos. El “matagigantes” que había dejado en el camino a Real Madrid y al Celta de Vigo volvió a demostrar que su recorrido no fue casualidad, y que, ante el campeón, también hubo partido hasta el final.
En clave azulgrana, el encuentro volvió a subrayar el valor de la eficacia y de la gestión de los momentos. El equipo de Hansi Flick encontró ventajas a través de su talento ofensivo, pero acabó defendiendo con urgencia un resultado que se le complicó por la fe local y por la amenaza constante del balón parado. Una clasificación sufrida, sí, pero clasificación al fin y al cabo.
Y para Albacete quedará el mensaje que dejó el césped: se puede caer y, aun así, ganar. Porque durante 90 minutos —y algo más— la ciudad soñó de verdad


