Ambientazo para recibir al Albacete en su llegada al Carlos Belmonte para medirse al Barcelona

Los aledaños del Carlos Belmonte ya hierven. A falta de dos horas para que ruede el balón, miles de seguidores han tomado las calles de acceso al estadio para recibir al autobús del Albacete como se recibe a los equipos en los días grandes: con gargantas encendidas, banderas al viento, bufandas en alto y esa electricidad que solo aparece cuando se intuye que la noche puede quedarse a vivir en la memoria.

El titular se cumple —y se agranda— a pie de asfalto: ambientazo en la previa, una bienvenida “por todo lo alto” que no entiende de relojes. Porque aquí, hoy, el partido empieza mucho antes del pitido inicial. Empieza cuando se estrecha el paso entre vallas, cuando los cánticos se hacen oleaje, cuando la ciudad se reconoce en un solo latido. Es el primer gol: el que se marca desde la grada de la calle, desde el orgullo de pertenencia, desde la convicción de que el aliento también juega.

La imagen que acompaña esta escena —marea humana compacta, seguridad desplegada, pancartas y emblemas alzados sobre un mar de cabezas— retrata el pulso de una afición que ha decidido vestir la espera de épica. Hay romanticismo en cada gesto: en el padre que sube al niño para que vea mejor, en el grupo que no deja de cantar aunque el frío apriete, en la promesa silenciosa de acompañar a los suyos pase lo que pase. Amor a unos colores, sí; pero, sobre todo, amor a una idea: que el Albacete se defiende también con el alma.

Albacete se mueve al ritmo del Albacete Balompié y el Albacete Balompié se mueve al ritmo de los ánimos de todo Albacete

El contexto lo explica todo. No es una jornada cualquiera. La visita de un rival del peso del FC Barcelona multiplica focos, aumenta expectativas y convierte cada detalle en símbolo. Para el Albacete, medirse a un gigante siempre trae consigo esa mezcla de desafío y oportunidad: la de enfrentarse a la historia sin pedir permiso, la de hacer del Belmonte un territorio emocional donde los nombres propios importan menos que el escudo.

Y en esa atmósfera, la ciudad se contagia. Hoy, todo Albacete se mueve al ritmo del Albacete Balompié y el Albacete Balompié se mueve al ritmo de los ánimos de todo Albacete. Se nota en las calles, en los bares, en los corrillos de última hora, en la misma manera de mirar el reloj. Se nota, sobre todo, aquí afuera: donde la afición ha decidido que la noche no se negocia, se conquista.

Cuando el autobús asome y la comitiva atraviese el pasillo humano, el recibimiento será algo más que una bienvenida: será un mensaje. Uno de esos que no se escriben en actas ni se miden en estadísticas, pero que pesan. Porque hay partidos que se juegan con táctica y piernas… y hay citas históricas que empiezan con un juramento colectivo. Esta lo ha hecho ya.

Y todavía no ha empezado.

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