Los pueblos se sienten vivos cuando hay niños corriendo por sus calles, jugando en los patios y llenando de risas las plazas. La infancia es el motor de una comunidad, ya que asegura que haya escuelas abiertas, servicios activos y una rutina que se renueva cada día. Los más jóvenes mantienen el pulso del lugar, evitan que el tiempo parezca detenido y garantizan que las tradiciones y la vida cotidiana sigan en movimiento.
Sin embargo, en muchas localidades rurales la realidad es distinta. Las calles no siempre se llenan de risas infantiles y los parques esperan a nuevas generaciones. La falta de oportunidades laborales y de servicios básicos obliga a muchas familias a trasladarse a las ciudades en busca de un futuro más estable. Este fenómeno deja a los pueblos con poblaciones más mayores, que mantienen con esfuerzo y cariño la vida del municipio, cuidando de casas, huertos y tradiciones.
En la provincia de Albacete, esta tendencia se refleja con especial crudeza. Algunos municipios muestran de manera alarmante los efectos del éxodo rural. Casas de Lázaro y Masegoso, por ejemplo, no cuentan con ningún menor de 16 años empadronado, según los datos del Consejo General de Economistas correspondientes a 2024.
Otros municipios con pocos menores
Otros pueblos de la provincia también viven situaciones similares, aunque con una presencia mínima de infancia. Balsa de Ves y Cotillas cuentan con 4 menores cada uno; Golosalvo, con 3; Montalvos, con 6; La Recueja, con 8; Villa de Ves, con 2; Villatoya, con 3; y Villavaliente, con 6.
La ausencia de niños no es solo un dato estadístico. Es la imagen de un territorio que envejece y se vacía lentamente. Casas de Lázaro, Masegoso y otros pequeños municipios de Albacete muestran que la vida rural puede resistir, pero también que necesita nuevos comienzos, nuevas risas y pasos infantiles que llenen de nuevo sus calles.


