Ayer miércoles, 28 de enero, Albacete vivió una de esas jornadas en las que el viento no solo empuja: manda. La borrasca Kristin convirtió calles, carreteras y tejados en un tablero imprevisible, con rachas que en la capital superaron los 100 km/h y que en la provincia alcanzaron picos por encima de los 130 km/h, con un máximo cercano a 139,7 km/h en El Sahúco (Peñas de San Pedro).
En ese escenario —donde un árbol puede caer sin aviso y una cornisa se transforma en metralla— hubo un hilo constante: los bomberos, en guardia desde primera hora, entrando y saliendo de avisos como quien respira, sin épica impostada y con la disciplina de quien sabe que, si todo va mal, el tiempo se mide en segundos. El Servicio Especial de Prevención y Extinción de Incendios (SEPEI) de la Diputación contabilizó 32 intervenciones a lo largo del día, tras permanecer los parques en situación de aviso por la activación del Meteocam, y con avisos que empezaron a intensificarse a partir de media mañana. Por su parte, los bomberos del Ayuntamiento de Albacete tuvieron que atender 60 llamadas de emergencia relacionadas con los fuertes vientos en la capital.

No es valentía: es trabajo. Y es gente
Las imágenes que acompañan esta noticia, grabadas en primera persona desde la cámara integrada en el equipamiento de un bombero de los del Ayuntamiento de Albacete durante varias salidas, ponen sonido real a lo que a menudo se queda en cifras: el golpe seco del viento contra la visera, la radio crepitando, la orden breve, el gesto de mano que evita un paso en falso, el crujido de una rama antes de rendirse. En Kristin, esa vocación se tradujo en decisiones pequeñas que sostienen lo grande: acordonar, retirar, asegurar, cortar una vía, volver a revisar.
Porque el romanticismo de este oficio no está en el riesgo por el riesgo, sino en lo contrario: en jugarse el tipo para que otros no tengan que hacerlo. En salir cuando el resto busca refugio. En estar “al pie del cañón” justo cuando el problema empieza a crecer.

La ciudad de Albacete bajo incidencias y un plan de emergencia activado
En la capital, la jornada estuvo marcada por la operativa municipal bajo el Platemun, que se mantuvo activado en nivel 1 mientras se atendían más de 120 incidencias por parte de la Policía Local, con la intervención coordinada de bomberos y otros efectivos; se perimetraron zonas sensibles —parques, jardines y otros espacios expuestos— para reducir riesgos ante posibles caídas de ramas y elementos inestables.
Ya por la noche, el Ayuntamiento comunicó la desescalada del plan desde la fase de emergencia a la de alerta a partir de las 22:00, tras mejorar la situación y rebajarse el aviso meteorológico. Aun así, parques y el cementerio continuaron cerrados como medida preventiva, a la espera de comprobaciones de seguridad.

Kristin, en números: el viento como amenaza estructural
Las cifras ayudan a entender por qué el día fue tan largo. Albacete capital se movió en el entorno de rachas capaces de tirar árboles y desplazar objetos urbanos, con velocidades que rozaron los 105 km/h, y en la provincia se midieron picos extraordinarios: 139,7 km/h en El Sahúco, además de registros muy altos en otros puntos como La Roda, Montealegre del Castillo o Aguas Nuevas.

Cuando el servicio público se vuelve un gesto íntimo
Ayer, Kristin dejó árboles en el suelo, fachadas heridas, tejados tocados y calles acordonadas. Pero también dejó algo que no arrastra el viento: la certeza de que, cuando la situación se pone tensa, hay profesionales que corren hacia el problema. No por temeridad, sino por vocación. Por ese pacto silencioso del servicio público que se cumple, sobre todo, en los días difíciles.
A continuación pueden ver el vídeo al que nos referimos, que recoge momentos de las diversas actuaciones realizadas por los bomberos del Ayuntamiento de Albacete:
VÍDEO
/ Vídeo: Bomberos de Albacete /



