Pepe, el mono que caló hondo en Albacete: mítico vecino de la calle Zapateros

El Mono Pepe saludaba a todo Albacete desde la calle Zapateros

Si tienes más de 40 años y naciste en los 80, es imposible que no recuerdes al Mono Pepe, el mítico vecino de la calle Zapateros de Albacete al que todos los niños nos quedábamos mirando embobados cuando pasábamos a su lado. Incluso, más de un susto nos dio cuando de repente se arrancaba a entonar sus famosas frases.

Y hablando de frases, una estampada en una camiseta es la que hizo darse cuenta al hijo de la dueña de Pepe que su mono era un trocito de la historia de la evolución de Albacete. Esa frase no fue otra que “soy más de Albacete que el mono de la calle Zapateros”, afirmación que estampada en las camisetas de un grupo de jóvenes que paseaban por la Feria de Albacete, fue la chispa que encendió una certeza: el Mono Pepe no es solo un recuerdo, es un símbolo emocional de nuestra ciudad. Quien la escuchó fue Víctor Bleda, hijo de la propietaria del famoso mono, y aquel encuentro casual le reveló hasta qué punto Pepe había trascendido lo familiar para convertirse en patrimonio sentimental de varias generaciones de albaceteños.

Mono Pepe de Albacete

Cuatro décadas del Mono Pepe en Albacete

Porque Pepe no es un mono cualquiera. Es irlandés y acaba de cumplir 40 años. Cuatro décadas de historia compartida con una ciudad que lo adoptó como uno de sus iconos más entrañables. Para quienes hoy superan los 40 años, Pepe es la memoria viva de una infancia distinta, una infancia de los años 80 y anteriores, cuando las tardes se pasaban en la calle, sin pantallas ni tecnología, y los pequeños rituales cotidianos tenían la magia suficiente para quedarse grabados para siempre.

Fue hace exactamente 40 años cuando un irlandés llamado Peter llegó a Albacete con una idea tan sencilla como brillante: ofrecer un mono mecánico como reclamo para atraer a los niños a una tienda de la calle Zapateros. Así nació el Mono Pepe. En realidad, se trataba de una original máquina de bolas: el cuerpo del primate era un armazón conectado por cables a una jaula que hacía de depósito y que, además de dispensar juguetes, hablaba. Su voz, grave y peculiar, era la del propio Peter, quien, con su característico acento, regaló a la ciudad frases que hoy forman parte de su memoria popular:
“Quiero ser como tú”, “Uuuuh, ¿quién es?”, “Soy un mono sinvergüenza”.

Mono Pepe de Albacete

El asombro de los niños en Albacete

Aquella pronunciación imperfecta, lejos de restarle encanto, lo hacía aún más entrañable. Cada vez que Pepe hablaba, la calle Zapateros se detenía un instante, como si el tiempo se plegara a la ilusión de los niños que lo miraban con asombro.

En 1997, María Brígida García adquirió la tienda tras la jubilación de su antiguo propietario, después de haber trabajado allí como dependienta. ‘Angelines Niños’ continuó con Pepe como guardián de la puerta, aunque durante un tiempo tuvo que ser retirado. Peter dejó de acudir para recoger la recaudación y reponer las bolas, y el mono, sin juguetes que vender, quedó guardado en el almacén. Fue una pausa breve pero significativa, como si la calle hubiera perdido algo de su latido.

Movida por la curiosidad de los clientes y por el cariño que despertaba Pepe, María buscó por su cuenta una empresa que se encargara del servicio de las máquinas de bolas. Así, el mono volvió a su puesto, recuperando su lugar natural en Zapateros, como un centinela de la infancia.

A partir de entonces, Pepe comenzó una nueva etapa. María empezó a vestirlo con la ropa antigua de su hijo Víctor y con trajes que reflejaban el calendario y la tradición: de manchego o hellinero, de Papá Noel en Navidad, con gafas de sol y flotador en verano, con pajarita en los días especiales. Pepe ya no solo hablaba: también se expresaba con su vestuario, convirtiéndose en un personaje vivo, casi humano, que acompañaba el ritmo de la ciudad.

Mono Pepe de Albacete

Un icono de Albacete

Su popularidad traspasó la tienda. Víctor lo llevó con amigos a fiestas, a la playa, a casas rurales e incluso a la Semana Santa de Hellín, donde asegura que la gente lo reconocía. Pepe era recibido como a un viejo amigo. No eran pocas las ocasiones en las que grupos de jóvenes se fotografiaban con él, orgullosos de posar junto a un icono albaceteño.

Con el paso del tiempo, Pepe también supo adaptarse a la era digital. Protagonizó perfiles en redes sociales, algunos creados por Víctor y otros por usuarios ajenos a la familia, prueba inequívoca de que ya no pertenece solo a una casa, sino a la memoria colectiva de la ciudad de Albacete.

En 2015, María cerró ‘Angelines Niños’. Se vendieron mostradores, percheros y materiales, pero no el Mono Pepe ni su jaula. Víctor se lo pidió expresamente a su madre. Para él, Pepe no es un objeto ni un peluche: es un símbolo. Han crecido juntos. No tiene valor material, pero sí un valor sentimental incalculable, compartido por miles de albaceteños.

Incluso en los momentos más difíciles, Pepe volvió a estar presente. En 2020, durante la pandemia de COVID-19, reapareció en redes sociales apoyando a los sanitarios: con mascarilla, aplaudiendo a las ocho de la tarde desde el balcón. Como siempre, acompañando a la ciudad en silencio, con ternura.

Mono Pepe de Albacete

Una pequeña historia de amor en Albacete

El Mono Pepe es, en definitiva, una pequeña historia de amor entre un objeto y una ciudad. Un recordatorio de que hubo un tiempo en el que la magia estaba en una calle, en una voz metálica y en una jaula de bolas de colores. Un tiempo sin pantallas, en el que bastaba un mono mecánico para hacer latir la infancia.

FOTOS

/ Fotos: Cedidas a El Digital de Albacete /

Mapfre

El Digital de Albacete

Diario digital líder en Albacete con toda la información de la capital y provincia
Botón volver arriba