DESDE EL ACEQUIÓN | Presuntamente rumore

Artículo de opinión de Antonio Martínez

Querido paisano;

​Seguimos con frío, sin nieve, pero con chubascos un día sí y otro casi también, más que nada para no aburrirnos. Pero eso no es obstáculo para que nos saltemos nuestra cita semanal en la Motilla del Acequión. Aunque bien mirado, qué te voy a contar yo a ti de las condiciones adversas de la climatología, cuando desde hace cientos de años se han ido alternando épocas de sequía con otras de grandes inundaciones en el entorno del que fue tu hogar, que es precisamente lo que llevó a nuestros antepasados a poblar y despoblar la Motilla según los casos. O eso es lo que han podido constatar hasta el momento quienes trabajan, con más o menos apoyo, en el yacimiento. De ahí que sigamos reclamando una mayor implicación por parte de nuestras instituciones locales en estos trabajos, de tal forma que quede garantizada su viabilidad y continuidad, dada la exclusividad que supone la Motilla dentro del mundo arqueológico en general, y en el de la Edad del Bronce en particular. Desde luego, por insistir no va a quedar.

​Pero vayamos al tema que nos ocupa. Según me cuentan fuentes generalmente bien informadas, las aguas bajan un poco revueltas en la planta noble de la Casa Consistorial, más concretamente entre el personal encargado de susurrar en el oído al inquilino del despacho rectangular. Parece ser que en ese oasis no es oro todo lo que reluce y hay quien no se siente demasiado a gusto dentro del traje que le está tocando vestir de un tiempo a esta parte. Y no es porque le tire de la sisa, le apriete la cinturilla o le siente con un tiro la raya diplomática, sino porque a nadie le apetece descender un peldaño, o dos, en el escalafón y que otra persona pase a ser el ojito derecho del munícipe por excelencia. O eso es lo que se dice en los mentideros habituales capitaneados por el recordado Juan Sobrino, de ahí lo de rumore, que cantaba Raffaella Carrá a principios de la década de los 70.

​Pero que no se asuste nadie, ni cunda el pánico, que la cosa no irá a mayores. Tampoco sueñes con dimisiones que hagan temblar los cimientos populares, o que alguien saque los pies del tiesto, aunque haya ocasiones en las que la tensión sea tan palpable que se pueda cortar. Y esto último no es un rumore, que conste.

​Pero lo que más me llama la atención no es eso, sino el runrún sordo y constante que circula por calles y plazas, cada vez que finalizan las reuniones en las que participa el primer edil junto a algún colectivo, asociación o grupo variopinto ciudadano, bien sea con ocasión de sus habituales giras de autopromoción, o bien con cualquier otro motivo de mayor o menor enjundia. La pregunta que se hacen muchos de los asistentes a dichos cónclaves es el porqué de las convocatorias, toda vez que en la mayoría de las ocasiones la información se les ofrece con cuentagotas, troceada, parcheada y de forma tan genérica, que cuesta un mundo hacerse una idea fiable acerca de estado en el que se encuentran los grandes proyectos de ciudad, muchos de los cuales figuraban y figuran en el programa electoral con el que nuestro querido alcalde concurrió a las elecciones y de los que desgraciadamente lo único que se sabe de ellos es que ahí siguen, en el limbo de los planes municipales inconclusos. 

​Puedo llegar a entender que a la oposición se le racanee la información y que el acceso a los expedientes se les facilite un segundo antes de que expire el plazo establecido para ello y, además, a regañadientes, no sea que alguien se entere de lo que va la vaina y la tengamos. Que a buen seguro es lo que piensa la persona que se encarga de tamaña tarea, a juzgar por cómo se las gasta, según denuncian quienes sufren a diario esta forma de trabajar. Cosas de la Marca ‘S’, sin duda.

A fin de cuentas, lo más probable es que desde la bancada opositora jamás se le vaya a entregar ni un mísero voto al partido que preside nuestro edil preferido, pero de ahí a que no se informe con pelos y señales de lo que acontece en la ciudad a la propia ciudadanía, aunque sea a través de sus representantes, media un abismo, por no hablar de las respuestas subidas de tono que en más de una ocasión (y de dos), han recibido quienes han osado contradecir a la primera autoridad local o poner en entredicho sus afirmaciones y/o conclusiones, y que si continúan asistiendo puntuales cada vez que se les requiere, aunque sea como meros convidados de piedra, lo es por temor a ser incluidos en la cara B de las preferencias municipales. Ya se sabe que el gato escaldado del agua fría huye.

Tanto hablar y presumir de tener una concejalía tan llamativa como la de Participación real y efectiva, para esto, se comenta en los corrillos a la conclusión de las reuniones.

Como reflexión general para el debate, quizás convenga recordar que el camino hasta las elecciones es una carrera de fondo, y que quien llega mejor posicionado a la línea de meta no suele ser aquel o aquella que ha hecho el recorrido alimentado por sus propios intereses, dando codazos a diestro y siniestro o tomando atajos, sino quien lo ha hecho en beneficio del equipo que luce en la camiseta, que a fin de cuentas es a quien se debe y su patrocinador principal, por lo que de muy poco sirve haber hecho bolos en secano, por la sierra, o al rebufo de la brisa marina, si al final el sudor no se ha traducido en la mejora del bienestar colectivo. Todo lo demás solo son fuegos artificiales, tan ruidosos y coloridos como efímeros.

Si no te gusta lo que ves, ya sabes lo que toca cuando toque.

P.D. Cuidado, que no solo la luna tiene una cara oculta.​

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