El amarillo —ese color al que la leyenda atribuye mal fario en profesiones como el teatro o el toreo— se ha convertido esta temporada en una especie de amuleto para el Albacete Balompié. Cada vez que el equipo de Alberto González se ha vestido con su tercera equipación, un amarillo mostaza inconfundible, no ha conocido la derrota: cinco victorias, un empate en seis partidos y ninguna derrota, lo que ha ido alimentando la narrativa de “De gafe a talismán” jornada tras jornada.
El propio club explicó el sentido de esa tonalidad, más identitaria que caprichosa: “La camiseta es de color amarillo mostaza y se inspira en los campos áridos de La Mancha para reflejar el espíritu de trabajo y sacrificio, ya que el mostaza se asocia al sol y a la dureza de los campos de secano típicos de Albacete y zonas de su provincia y entorno.”

El origen del “amarillo gafe”, entre el mito y la tradición oral
La mala fama del amarillo no es nueva. En el imaginario teatral se popularizó la idea de que vestirlo trae desgracia por la supuesta muerte de Molière durante una representación de El enfermo imaginario. Sin embargo, verificaciones posteriores han matizado la historia: Molière no habría muerto “ipso facto” en escena, y la confusión pudo venir de una traducción/interpretación del color de su vestuario, más cercano al amaranto.
A ese relato se suman connotaciones más antiguas: en la iconografía medieval cristiana el amarillo se asoció con la traición, representando a Judas con túnicas amarillas en numerosas obras, lo que ayudó a fijar su simbolismo negativo.
Pero el Albacete, esta temporada, ha hecho del mostaza un argumento competitivo: de gafe a talismán, partido a partido.

Albacete Balompié: seis tardes de amarillo, seis citas sin derrota
– Trofeo JCCM: Albacete–Quintanar del Rey (4-0)
La historia del “talismán” se estrenó a lo grande: final del Trofeo JCCM, dominio claro y goleada. El Alba impuso ritmo y pegada para levantar el título con autoridad, inaugurando la racha amarilla con una victoria sin discusión.

– Liga Hypermotion: Real Zaragoza–Albacete (0-0)
En el Ibercaja Estadio, el mostaza no dio para ganar, pero sí para sostener un punto: empate sin goles y partido de márgenes, con un encuentro cerrado y decisiones revisadas por VAR que mantuvieron el marcador inmóvil.

– Liga Hypermotion: Sporting–Albacete (3-4)
La tarde en Gijón fue la que transformó la estadística en relato. El Alba llegó a verse 3-0 abajo, pero se agarró al partido, recortó, creyó y lo terminó ganando en un final frenético, con remontada completa. Si el amarillo era gafe, El Molinón no se enteró.

– Liga Hypermotion: Castellón–Albacete (0-1)
Victoria de oficio en Castalia: gol tempranero y una actuación seria para proteger la ventaja en un duelo con tensión, expulsiones y tramos de resistencia. El Alba volvió a sumar de tres y el mostaza siguió sumando credenciales.

Copa del Rey: UD San Fernando–Albacete (0-3)
En Copa, el Albacete mostró versión práctica y contundente: triunfo amplio en tierras canarias y billete a la siguiente ronda sin sobresaltos, con el marcador abriéndose tras el descanso y una gestión cómoda del tramo final.

Copa del Rey: Leganés–Albacete (1-2)
Otra eliminatoria y otro golpe sobre la mesa: victoria ajustada y trabajada en Butarque, con el Alba compitiendo hasta el final para salir ganador en un encuentro de detalles. El amarillo, otra vez, del lado manchego.

Liga Hypermotion: Real Valladolid–Albacete (0-1)
La racha se extendió ya en pleno invierno. En Zorrilla, partido espeso y decidido por una acción en el tramo final: 0-1 y tres puntos de enorme valor en un encuentro cerrado, de poco margen, en el que el Albacete volvió a salir de amarillo sin pagar peaje.

De gafe a talismán: cuando el amarillo pesa en la mochila del rival
Seis apariciones, seis partidos sin conocer la derrota: 10 puntos de 12 posibles en Liga; dos pases de ronda en Copa del Rey; y el Trofeo JCCM, a la vitrina. Entre el folclore de la superstición y la realidad del césped, el Albacete ha convertido su tercera equipación en un símbolo: trabajo, sacrificio y puntos. Y, mientras dure la racha, el amarillo mostaza seguirá siendo lo que dicta el titular: no un presagio, sino un talismán



