La trayectoria reciente de Morante de la Puebla se ha convertido en un continuo ejercicio de imprevisibilidad, tan propio de su personalidad artística como desconcertante para el aficionado. Si el pasado 12 de octubre dejó al mundo del toro en estado de shock al anunciar por sorpresa que se cortaba la coleta tras su actuación en la Plaza de Las Ventas, este miércoles ha vuelto a sacudir el panorama taurino comunicando, de manera igualmente inesperada, su reaparición en los ruedos. Y no será en cualquier fecha ni en cualquier escenario: Morante regresará el Domingo de Resurrección en Sevilla, la plaza que mejor resume su dimensión histórica y su vínculo emocional con la tauromaquia. Además, hará el paseíllo otras tres tardes en el abono ‘maestrante’: 2 en la Feria de Abril y otra el día del Corpus. Igualmente, el empresario de la Maestranza le guarda la posibilidad de torear también en San Miguel. Y ante esta vuelta, la pregunta es obligada: ¿Volverá a Albacete?
Sorpresa con Morante de la Puebla. Extrañeza al irse y perplejidad tras lo que acaba de anunciar. Ese titular no es solo una frase llamativa, sino el reflejo exacto de lo que ha sido este último tramo de la carrera del torero de La Puebla del Río. Cuando nadie esperaba un adiós tan repentino, llegó el anuncio de su retirada. Y cuando la mayoría asumía que aquel gesto tenía vocación de definitivo, irrumpe ahora la noticia de su vuelta, con la misma contundencia y el mismo carácter inesperado.
La retirada del pasado octubre fue interpretada como la culminación de un periodo especialmente delicado en lo personal y en lo profesional. Morante llevaba meses lidiando con problemas de salud mental que él mismo había reconocido públicamente, y que le obligaron a interrumpir la temporada en varias ocasiones. Su reaparición en otoño, con el paseíllo en Madrid como símbolo de superación, parecía un punto final digno y coherente. De ahí que el anuncio de “cortar la coleta” tras torear en Las Ventas se entendiera como una decisión meditada, íntima y definitiva.
Por eso, la noticia de este miércoles ha generado una mezcla de entusiasmo y desconcierto. Entusiasmo, porque el toreo recupera a uno de sus artistas más influyentes del siglo XXI. Y desconcierto, porque vuelve a confirmarse que con Morante no hay guiones cerrados ni caminos predecibles. Su regreso en Sevilla, además, tiene una fuerte carga simbólica: la Maestranza es su plaza, el escenario donde ha construido muchas de sus tardes más memorables y donde su concepto del toreo ha alcanzado una dimensión casi mística para la afición.
Sorpresa al irse, perplejidad al volver. El hilo conductor de esta historia es la constante ruptura de expectativas. Morante no responde a los tiempos ni a los esquemas del sistema taurino. Se mueve por impulsos, por estados de ánimo y por una relación con el toreo que trasciende lo profesional para instalarse en lo casi espiritual. Su reaparición no parece responder tanto a una planificación empresarial como a una necesidad interior, a un reencuentro con el toro desde la libertad absoluta.
En los mentideros taurinos ya se interpreta que este regreso no es una vuelta “a medias”. Sevilla en Domingo de Resurrección es una declaración de intenciones: Morante vuelve por la puerta grande del calendario, en la fecha más emblemática de la temporada sevillana y en una de las tardes con mayor repercusión mediática del año. No es un regreso discreto, es un regreso de máxima exigencia.
Pero si la noticia ha sacudido a Sevilla y al conjunto del toreo, también ha reabierto interrogantes en plazas que habían quedado marcadas por su ausencia. Y ahí aparece Albacete.
Porque este titular, que habla de sorpresa y perplejidad, también mira inevitablemente hacia la Feria Taurina de Albacete. En 2025, Morante estaba anunciado en uno de los carteles estrella del abono. La expectación fue máxima y el “No hay billetes” colgó en las taquillas. Sin embargo, problemas de salud le obligaron a declinar su presencia a última hora, dejando un vacío artístico y emocional enorme en la feria.
Aquella ausencia tuvo, no obstante, una consecuencia histórica: la empresa arrendataria de la Plaza de Toros de Albacete decidió dar la alternativa al hijo de Manuel Caballero, en una tarde que ya estaba marcada por la trascendencia y que pasó a formar parte de la memoria taurina de la ciudad. Fue una solución de urgencia que acabó teniendo un enorme valor simbólico y taurino.
Ahora, con la reaparición de Morante confirmada, la pregunta surge de manera natural en los corrillos de aficionados y profesionales: si vuelve a Sevilla, si vuelve en plenitud, si vuelve con la ambición intacta… ¿volverá también a Albacete?
Sorpresa con Morante de la Puebla: extrañeza al irse y perplejidad tras lo que acaba de anunciar. El círculo no estaría completo sin que esa perplejidad alcanzara a la Feria de Albacete. Porque la afición albaceteña se quedó sin verlo en 2025 cuando más lo esperaba, cuando la plaza estaba llena y el cartel era de máxima categoría. Y porque Morante, por concepto y por dimensión, es uno de esos toreros que marcan una feria con su sola presencia.
De momento no hay confirmaciones, ni anuncios oficiales, ni pistas claras. Solo una certeza: Morante ha vuelto. Y cuando Morante vuelve, todo el mapa taurino se reordena. Las ferias sueñan, las empresas calculan y los aficionados se ilusionan.
La sorpresa de su retirada y la perplejidad de su regreso ya forman parte de la misma historia. Falta por saber si Albacete también escribirá un nuevo capítulo en ella.
¿Estará Morante de la Puebla en la Feria Taurina de Albacete 2026? Aunque nunca haya salido a hombros por la puerta grande de nuestra plaza, el aficionado lo espera con añoranza.



