Diego Mariño fue el gran sostén del Albacete Balompié el pasado domingo en el Carlos Belmonte. El guardameta gallego firmó una actuación de máximo nivel para blindar el 1-0 ante el Cádiz y sostener un triunfo de enorme valor en la pelea por tomar aire en la clasificación, con intervenciones decisivas en los momentos en los que el partido amenazó con girarse.
El encuentro se resolvió con un tanto de Pepe Sánchez tras un saque de esquina, pero el marcador no se explica sin la figura del portero. Con el Cádiz apretando, Mariño echó el cerrojo con paradas de las que ya se etiquetan como “de valor gol”: especialmente en acciones de máxima exigencia en el tramo decisivo, cuando los gaditanos dispusieron de ocasiones claras para igualar.
Más allá del resultado, el partido dejó una fotografía nítida del momento del Albacete: un equipo capaz de competir desde la solidez, sostener ventajas cortas y convertir la portería a cero en una de sus principales fortalezas recientes. No es un detalle menor. En una categoría donde cada punto se decide en pequeños márgenes, el guardameta se convirtió en el factor que inclinó la balanza en un duelo de alternativas y final apretado.
Mariño: “Ahora somos más regulares”
Este miércoles, en la sala de prensa de la Ciudad Deportiva Andrés Iniesta, Mariño puso palabras a esa sensación de crecimiento. “Ahora más regular que antes”, resumió, antes de señalar el principal lastre que, en su opinión, había penalizado al equipo en tramos anteriores: “No éramos capaces de aguantar durante todas las fases de los partidos el mismo nivel de concentración”.
El portero explicó que esa estabilidad marca la diferencia entre competir y sufrir: cuando el equipo está concentrado, “dejan la portería a cero”, mientras que en otras fases —reconoció— a veces se vuelven “un poco locos” y encajan “muchos goles”. En los dos últimos encuentros, sin embargo, el Albacete ha logrado mantener su arco sin daños, un registro que refuerza el discurso del vestuario y el plan de partido del cuerpo técnico.
Con la mirada en lo inmediato, Mariño insistió en la importancia estructural del dato: “En esta categoría la portería a cero es fundamental. Los equipos de arriba encajan muy poco y tenemos que seguir por ahí”. Y apuntó al valor psicológico del triunfo ante el Cádiz como punto de inflexión: “Si creemos en nosotros mismos, podemos ganarle a cualquier rival”, siempre —subrayó— desde la “fiabilidad y competitividad”.
Confianza personal, prioridad colectiva
La actuación del domingo también tuvo lectura individual. El propio Mariño admitió que rendir a ese nivel actúa como estímulo: “Hacerlo bien te da confianza a nivel personal”. Pero dejó clara la jerarquía en su escala de valores: “Por encima de actuaciones individuales, lo que más me importa es ganar”.
El Albacete, con la moral reforzada tras encadenar dos jornadas sin perder ni encajar, afronta ahora el próximo compromiso liguero con un mensaje que ya se ha hecho rutina en el vestuario: el camino empieza atrás. Y en el Belmonte, el pasado domingo, ese camino tuvo nombre propio bajo palos.


