Del Albacete desde chiquitito: amor a unos colores desde la cuna

Bonita imagen en el Carlos Belmonte de Albacete ante el Cádiz

El Carlos Belmonte dejó este domingo una de esas imágenes que explican, sin necesidad de discursos grandilocuentes, por qué el fútbol es mucho más que 90 minutos. En mitad de la grada, abrigada contra el frío y arropada por un entorno de sonrisas cómplices, una madre sostenía a su bebé en brazos mientras el Albacete Balompié se jugaba tres puntos ante el Cádiz. Una escena sencilla, cotidiana, pero cargada de significado: el Alba, desde chiquitito; el escudo, desde la cuna.

Porque hay amores que no se eligen, se heredan. Se transmiten como se transmiten las historias de familia, de generación en generación, como quien entrega un tesoro invisible: el abuelo que te llevó por primera vez al estadio, el padre que te alzó para que vieras el césped, la madre que te enseñó a celebrar sin complejos y a sufrir con dignidad. La pasión por unos colores se aprende antes incluso de comprender la tabla clasificatoria; se queda pegada a la memoria, como el olor a grada, como el ruido de un gol que parece partir el cielo. Y cuando llega desde pequeño, rara vez se pierde.

Ser del Albacete es un sentimiento

La fotografía captada este domingo durante el Albacete–Cádiz es, en el fondo, un retrato del sentimiento de pertenencia. Ese “ser del Alba” que no se resume en resultados, sino en identidad. En saber que ese escudo te acompaña en días buenos y malos, en que el Belmonte no es sólo un estadio: es un lugar al que se vuelve. Y que, con el paso del tiempo, se convierte en un álbum de recuerdos que se abre solo. Ahí están, intactos, aquellos partidos de niño con tu abuelo, o con tu padre, o con tu madre, o con los tres; aquellas tardes en las que el fútbol era también una excusa para estar juntos.

Y también están, inevitablemente, las ausencias. Porque el fútbol tiene una forma particular de traer de vuelta a quienes ya no están: en una bufanda guardada, en un asiento que miras de reojo, en un cántico que te sabes de memoria. Cuando el equipo de tu vida logra una gesta, la alegría se celebra con un pellizco, pensando en esos seres queridos que te enseñaron a querer al Alba y ya no pueden disfrutarlo. Se canta más fuerte, como si de algún modo fuera posible hacerles llegar el eco.

Comunión en el Carlos Belmonte de Albacete

Este domingo, el Belmonte fue precisamente eso: eco y comunión. Un total de 13.000 personas acudieron a las gradas para empujar a los de Alberto González en un duelo exigente ante el Cádiz. Y empujaron de verdad: garganta, palmas, tensión en cada jugada. La afición, una vez más, se convirtió en el jugador número 12 cuando más falta hacía, llevando al equipo en volandas hacia una victoria celebrada como se celebran las cosas que cuestan: con alivio, con orgullo y con la certeza de haberla construido también desde la grada.

El ambiente no surgió de la nada. Venía alimentado por lo vivido apenas unos días antes, el pasado miércoles, cuando Albacete se volcó ante un hecho histórico: el partido frente al Real Madrid, que congregó a más de 16.000 espectadores y llenó el estadio de un entusiasmo pocas veces visto. Aquella noche fue un punto de encuentro entre generaciones, una fiesta compartida en la que el Belmonte latió a un ritmo distinto. Y lo de hoy fue un segundo capítulo, diferente en el guion pero igual de intenso en el sentimiento: 13.000 gargantas recordando que el Alba, cuando se siente acompañado, compite con un extra.

El Albacete se siente y se comparte

En esa continuidad —del miércoles al domingo, del abuelo al nieto, de la primera visita a la número cien— está el hilo conductor de todo: “Del Albacete desde chiquitito: amor a unos colores desde la cuna”. No es una frase bonita para un titular. Es una realidad que se ve en las gradas, en las bufandas pequeñas, en los brazos que sostienen a un bebé frente al césped, en las familias que comparten asiento como quien comparte una tradición.

Quizá dentro de unos años ese niño no recuerde el marcador, ni el minuto exacto de las jugadas, ni los detalles del rival. Pero sí recordará —porque eso no se olvida— que estuvo allí. Que el Belmonte formó parte de su historia desde el principio. Y que el amor a unos colores, cuando se aprende desde la cuna, se queda para siempre.

Mapfre

Nacho Lopez

Nacido en Albacete. Más de 15 años de experiencia en medios de comunicación en radio, televisión y digital, como Intereconomía radio, Cadena SER, Punto Radio, ABTeVe y VOZ Castilla-La Mancha.
Botón volver arriba