Con la euforia intacta de quien despierta y recuerda que ha sido testigo de una noche histórica, escribo estas líneas. Pocas cosas consiguen unir tanto a esta ciudad como el Albacete Balompié. Solo la Feria podría competir con un sentimiento que nace de un equipo que nos da innumerables quebraderos de cabeza, pero que, de cuando en cuando, nos regala una alegría tan inmensa que compensa todos los sinsabores.
Lo ocurrido este miércoles en Albacete ya pertenece a la historia: la del club, la de la ciudad, la del deporte de Castilla-La Mancha y la del fútbol español. El Albacete eliminó al todopoderoso Real Madrid en 90 minutos. Sin prórroga. Sin penaltis. A la vieja usanza. A base de fútbol, coraje y fe.
Pero más allá de lo puramente deportivo, me quedo con el sabor imborrable de lo vivido en el Carlos Belmonte. Confieso que acudí al estadio con el temor de reencontrarme con aquel público que, cuando yo era niño, celebraba más los goles del Madrid que los del equipo de su propia tierra. Nada más lejos de la realidad. Ayer la afición era del Alba. Quería que ganara el Alba. Empujaba al Alba hasta el último aliento. Fue una comunión total entre grada y equipo.
Albacete y su gente proyectaron a toda España la imagen de un club grande, con una afición grande, sin complejos ni complejidades, muy lejos de esas caricaturas provincianas que algunos medios nacionales insisten en vender cada vez que el Madrid visita un estadio de “menor categoría”. Aquí Vinicius no intimida. Aquí no se celebra un gol de Gonzalo. Aquí se enloquece con un doblete de Jefté o con un lateral apellidado Bernabéu que, ironías del destino, terminó amargando la noche al Madrid.
Incluso Arbeloa fue superado sin discusión por Alberto, que si alguna vez estuvo brillante en el planteamiento y en los cambios, fue ayer. El Madrid pecó de soberbia. Se dejó en la capital a buena parte de sus estrellas, convencido de que en Albacete se pasearía en su debut. Y ahí lo vimos después: mirando al banquillo, sin respuestas, sin saber a quién recurrir para frenar a un Alba desatado.
Ahora llegan los cuartos de final y está garantizado un rival de Primera División en el Carlos Belmonte. La propiedad del club tiene una oportunidad de oro para demostrar que quiere mimar al socio, y estoy seguro de que no la va a dejar escapar. No hablo solo del precio de las entradas, sino de algo aún más justo: la prioridad para quienes ayer no tuvieron que poner el GPS para llegar al estadio. Aunque, dicho sea de paso, bienvenidos todos a esta bendita locura.
Quiero terminar respondiendo a quienes durante años, cuando me preguntaban si era del Madrid o del Barça, se quedaban perplejos al escuchar que yo soy solo del Alba. “¿Y tú cuándo te diviertes?”, preguntaban con sorna. Pues mira tú por dónde: este miércoles me divertí como nunca. Y lo hice siendo del Alba. Solo del Alba.
Javier Romero
Abonado del Aba y director de El Digital de Albacete



