Las lágrimas de Vallejo tras eliminar el Albacete al Real Madrid: uno de los nuestros para siempre

Vallejo siente al Albacete en lo más profundo de su corazón: pasado en el Real Madrid, presente y futuro albacetista

El Carlos Belmonte vivió una de esas noches que se quedan tatuadas en la memoria colectiva. El Albacete Balompié firmó una machada histórica eliminando al Real Madrid en un partido heroico, de los que se cuentan con orgullo durante décadas. Hubo épica, hubo sufrimiento, hubo una grada entregada de principio a fin… y, al término del encuentro, hubo una imagen que lo resumió todo mejor que cualquier crónica: Jesús Vallejo, roto de emoción, llorando sobre el verde.

El central, actual jugador del Albacete y con pasado madridista, no pudo disputar el choque por problemas físicos. Lo vivió desde fuera, impotente por no poder aportar en el campo, pero completamente metido en la batalla. Y cuando el árbitro señaló el final y el Belmonte estalló, Vallejo se derrumbó. Se arrodilló, se tapó el rostro, y las lágrimas le salieron solas. No eran lágrimas de tristeza; eran lágrimas de orgullo, de pertenencia, de alivio. Lágrimas de las que solo aparecen cuando se toca algo grande.

Un partido envuelto en emoción, tensión y espíritu de equipo

El contexto de la eliminatoria ya venía cargado de simbolismo. La visita del Real Madrid —un gigante del fútbol mundial— transformó la semana en la ciudad: entradas agotadas, calles con bufandas, conversación única en bares y casas, y un ambiente de los que se respiran antes incluso de cruzar los tornos del estadio. Para el Albacete era una oportunidad de oro: medirse ante el más grande y, sobre todo, demostrar que el fútbol también sabe de coraje y de fe.

Desde el primer minuto, el guion fue el esperado… y el que nadie en Albacete quería aceptar: un Madrid dominador por nombre y calidad, y un Alba resistiendo con orden, solidaridad y un corazón descomunal. Cada balón dividido se jugó como si fuera el último. Cada carrera defensiva tuvo sabor a final. Y cada intervención, cada despeje y cada ayuda defensiva fue acompañada por un rugido de grada que empujaba como si el estadio tuviera pulmón propio.

El partido no fue solo fútbol: fue un ejercicio de resistencia emocional. Los minutos pesaban, el reloj parecía avanzar más lento, y el Albacete aguantaba con esa mezcla de disciplina y rebeldía que caracteriza a las noches grandes. El Madrid apretó, buscó el golpe definitivo, pero se encontró con un Albacete plantado, valiente y convencido de que el milagro era posible. Y lo fue.

Cuando llegó el desenlace, el estadio se convirtió en una celebración colectiva: jugadores al suelo, abrazos interminables, ojos brillantes y una sensación compartida de “esto lo hemos hecho juntos”. Pero entre todas las escenas de alegría, la más humana fue la de Vallejo.

Vallejo, madridista de pasado… albacetista de presente

Jesús Vallejo conoce el Real Madrid desde dentro. Sabe lo que significa ponerse esa camiseta, convivir con esa exigencia y vivir partidos donde todo el mundo te mira. Pero anoche, en el Belmonte, su emoción dejó claro cuál era su equipo en ese momento: el Albacete.

No pudo jugar por problemas físicos y eso le dolió, porque no hay nada más frustrante para un futbolista que ver a sus compañeros dejándose el alma y no poder entrar en la pelea. Lo vivió desde la banda con nervios, con gestos, con miradas al césped como si quisiera empujar el balón con la mente. Y cuando llegó el pitido final, la tensión acumulada se transformó en una catarata de sentimientos.

Vallejo lloró sobre el césped porque comprendió la magnitud de lo que acababa de pasar. Lloró por su equipo, por su gente, por la ciudad que lo ha recibido con cariño desde el primer día. Lloró porque, aunque lleve poco tiempo en Albacete, ya se nota que lo siente de verdad.

“Uno de los nuestros” para siempre

En el fútbol hay fichajes y hay conexiones. Hay jugadores que vienen y pasan, y hay otros que, sin saber muy bien cómo, se quedan. Vallejo, anoche, dio una lección de identidad sin necesidad de jugar un minuto. Su manera de emocionarse, de vivirlo como un aficionado más, de dejarse ver vulnerable en el centro del campo, fue el reflejo de alguien que ya se siente parte del Alba.

Porque “uno de los nuestros” no se mide por los partidos jugados, sino por lo que se lleva dentro. Y Vallejo demostró que su corazón es muy del Albacete. En una noche histórica, su imagen llorando sobre el verde se convirtió en símbolo: el símbolo de un grupo unido, de una ciudad orgullosa y de un futbolista que, pese a su pasado, se entregó sin reservas al presente.

Ojalá esas lágrimas sean el inicio de una historia larga. Ojalá defienda esta camiseta durante muchas temporadas. Y ojalá, cuando se recuerde esta eliminatoria, además del resultado, se recuerde también la verdad que dejó esa escena final: Jesús Vallejo ya es del Alba. Y lo será para siempre.

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Nacho Lopez

Nacido en Albacete. Más de 15 años de experiencia en medios de comunicación en radio, televisión y digital, como Intereconomía radio, Cadena SER, Punto Radio, ABTeVe y VOZ Castilla-La Mancha.
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