El Real Madrid vino de picnic, el hambre la puso el Albacete

El Real Madrid subestimó al Albacete Balompié

A las puertas del hotel de concentración del Real Madrid en Albacete, ayer miércoles, la escena tenía algo de rutina logística y, a la vez, de presagio. En las imágenes captadas por El Digital de Albacete se ve a empleados del Bossh Alicia cargando varias bolsas de papel —picnics preparados para el viaje— rumbo a los autobuses de la expedición blanca para que fueran degustados una vez terminado el choque en el Carlos Belmonte. Bolsas en mano, maleta junto a la acera, puerta del autocar abierta: un detalle mínimo que, con el paso de las horas, terminó convirtiéndose en metáfora.

Porque el Real Madrid, efectivamente, llegó al Carlos Belmonte con el picnic listo. Pero el hambre, la de verdad, la puso el Albacete Balompié.

Un detalle a la salida del hotel que acabó explicándolo todo

Las fotografías muestran a trabajadores del hotel transportando varias bolsas de papel, de esas que guardan una cena rápida para cuando el reloj aprieta y la carretera y el avión esperan. El equipo visitante tenía previsto marcharse con todo atado: partido, victoria, salida, regreso. Un plan sin fisuras, de manual.

Sin embargo, el fútbol —sobre todo cuando se juega en el Belmonte— no entiende de planes cerrados. Y menos aún cuando enfrente hay un Albacete con la mandíbula apretada, el corazón en la mano y la ciudad entera empujando desde la grada.

Un Albacete sin complejos y un Madrid con aroma de rotación

El contexto no era menor: un Real Madrid que aterrizaba en Albacete con una lista de convocados confeccionada por Álvaro Arbeloa que, por su composición, dejaba entrever una apuesta clara por la rotación y por mirar de reojo el calendario. En el entorno local, esa convocatoria se interpretó como una señal de confianza del gigante… y, también, como un indicio de que el rival no venía dispuesto a ensuciarse más de la cuenta. Al Albacete, lejos de intimidarle, le encendió la mecha.

Los hombres de Alberto González salieron al césped con esa mezcla de orden, valentía y orgullo que sostiene las noches grandes: líneas juntas cuando tocaba, piernas valientes para saltar a la presión y una determinación innegociable en cada duelo. El mensaje fue inmediato: aquí no se viene a pasar el trámite; aquí se compite.

El Carlos Belmonte, escenario de una noche épica

El partido fue, sobre todo, una declaración de intenciones del Albacete. Le jugó de tú a tú al Real Madrid, sin complejos, sin achicarse, sin hacer evidente sobre el verde esa distancia que a menudo dibujan las tablas clasificatorias y los presupuestos. En cada balón dividido hubo un punto de dignidad; en cada cobertura, una solidaridad; en cada carrera, un acto de fe.

Y cuando el encuentro pedía personalidad, el Alba respondió con carácter. No fue una victoria de casualidad ni un golpe aislado: fue el premio a un plan ejecutado con convicción y a un equipo que entendió el partido como se entienden las noches que se recuerdan durante años: con el alma por delante.

El Real Madrid, acostumbrado a imponer, se encontró con un rival que no pidió permiso. Un Albacete que no esperó el error ajeno como quien aguarda un regalo, sino que lo buscó, lo provocó y lo mereció. En el Belmonte, la épica no se declama: se trabaja.

La victoria heroica: cuando el hambre pesa más que el nombre

La imagen final deja una de esas frases que se instalan solas en la memoria de una ciudad: el Madrid tenía su picnic preparado, sí. Pero quien tenía hambre era el Albacete Balompié.

Hambre de competir, de reivindicarse, de mirarse al espejo sin bajar la vista. Hambre de escribir una página propia frente a un escudo que impone respeto en cualquier estadio del mundo. Hambre de esas que se ven en una entrada a tiempo, en una ayuda defensiva al límite, en un sprint cuando las piernas ya queman.

Alberto González y los suyos firmaron una victoria heroica no solo por lo que supone tumbar a un coloso, sino por cómo lo hicieron: jugando, creyendo y sosteniendo el pulso sin temblores.

De las bolsas de papel a la metáfora perfecta

Las bolsas de papel seguirán siendo bolsas de papel. Un gesto logístico, un detalle habitual en una expedición profesional. Pero, en Albacete, ayer miércoles, quedaron también como símbolo involuntario de una noche que se contó de otra forma.

El Real Madrid vino con la cena empaquetada. El Albacete puso la mesa del fútbol grande, encendió el Belmonte y se comió el partido a base de valentía.

Y en una ciudad donde el Alba es más que un equipo —es identidad, es abrigo, es orgullo—, esa victoria no se archiva: se celebra, se abraza y se guarda como se guardan las historias que merecen ser contadas una y otra vez.

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Nacho Lopez

Nacido en Albacete. Más de 15 años de experiencia en medios de comunicación en radio, televisión y digital, como Intereconomía radio, Cadena SER, Punto Radio, ABTeVe y VOZ Castilla-La Mancha.
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