El partido apenas había echado a andar y ya era distinto a cualquier otro. Una niebla espesa, repentina y pegada al césped se instaló sobre el Carlos Belmonte en los compases iniciales del Albacete Balompié–Real Madrid, hasta el punto de difuminar siluetas, borrar referencias y convertir cada balón largo en una aparición súbita entre la bruma. La imagen —casi cinematográfica— acompañó el pitido inicial de un encuentro que, más allá del marcador, ya quedará asociado a esa cortina blanca que dificultó la visibilidad en los primeros minutos.

El fenómeno, descrito en la propia retransmisión y en el minuto a minuto como un obstáculo evidente para seguir el juego con normalidad, condicionó los primeros intercambios: controles más conservadores, líneas más juntas y un fútbol de intuición, guiado por la voz de los compañeros y por la memoria del espacio. Con el paso de los minutos, la niebla fue concediendo treguas, pero el inicio ya había dejado una estampa poderosa en una noche que Albacete llevaba tiempo marcando en rojo.

A las 21.00 horas de este miércoles 14 de enero de 2026, el Belmonte abrió sus puertas para un partido histórico en la ciudad: octavos de final de la Copa del Rey, eliminatoria a partido único, con prórroga y penaltis si hicieran falta. El estadio, con el ambiente de las grandes ocasiones y la expectación disparada por la visita del campeón, agotó entradas y se convirtió en un punto de reunión desde horas antes, con recibimiento previsto al autobús local y una grada dispuesta a empujar a los suyos en una noche de premio y desafío.

El contexto añade capas. En el Real Madrid, el foco se posa sobre el banquillo: Álvaro Arbeloa se estrena al frente del primer equipo en una Copa que aparece como examen inmediato y termómetro de una etapa que arranca bajo presión, tras una sacudida institucional y deportiva en pleno enero. El club llega al Belmonte con la necesidad de estabilizar el rumbo y con la obligación competitiva de un torneo que no perdona errores: un mal control, un resbalón, o —como esta noche— un banco de niebla.

Enfrente, un Albacete que se agarra al partido como a una oportunidad rara: medirse a un gigante en su estadio y en una competición que tantas veces ha premiado el arrojo del equipo menor. La historia, sin embargo, no le sonríe al conjunto manchego: nunca ha ganado al Real Madrid en partido oficial, con un balance que hasta hoy se resume en victorias blancas y empates, y con el recuerdo de aquel cruce de 2005 en el que el Albacete llegó a adelantarse antes de ver cómo el Madrid daba la vuelta al resultado.

La noche, además, se vive en abierto a escala nacional: RTVE emite el encuentro en La 1 y RTVE Play, un escaparate que redobla la trascendencia del partido para la ciudad y para el propio torneo. En paralelo, la cadena ajustó su programación para dar paso a la Copa, señal del peso del evento en una jornada marcada por el fútbol.

Pero, por encima de todo, queda la escena del arranque: el Belmonte envuelto en niebla y el balón entrando y saliendo del campo visual como si el partido se jugara a ráfagas. Un inicio tan inusual como simbólico: en la Copa del Rey, a veces el primer rival no viste de corto.
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/ Fotos: El Digital de Albacete /



