El Carlos Belmonte se agarró a una acción a balón parado para soñar. Cuando el partido había transitado por una primera mitad espesa, sin ritmo y con pocas ocasiones claras, el Albacete encontró premio en su primer saque de esquina: Lazo la puso al primer palo y Javi Villar, ganando la posición, conectó un cabezazo seco que superó a Lunin para firmar el 1-0 y encender la grada.
Hasta entonces, el guion había sido el esperado… con matices. El Real Madrid —en el debut de Álvaro Arbeloa en el banquillo— monopolizó la posesión (78% al descanso), pero sin traducir ese dominio en una superioridad real en las áreas. El Albacete, bien ordenado, cerró líneas y sostuvo el tipo sin conceder demasiado, mientras los blancos se estrellaban en ataques planos, con centros laterales sin rematador y un Vinicius poco conectado, además de caer en un par de fueras de juego que cortaron conatos de contragolpe.
Las señales de vida local llegaron con cuentagotas, pero fueron creciendo con el paso de los minutos: un disparo lejano y, sobre todo, una falta de Lazo que obligó a Lunin a repeler con los puños antes de que el Belmonte celebrara, apenas dos minutos después, el golpe definitivo. Y ahí apareció Villar, protagonista de la sorpresa y autor del 1-0 con un remate de cabeza que castigó la marca madridista en el primer palo.

El Real Madrid, tocado por el marcador y por la sensación de atasco, buscó la reacción de inmediato, empujó en los minutos finales y terminó encontrando el empate en la última acción del primer tiempo. Tras un cabezazo de Asencio y una gran intervención de Raúl Lizoain, Mastantuono cazó el rechace para marcar a puerta vacía y devolver la igualdad justo antes del descanso (1-1).
Así, la primera mitad dejó una lectura doble: el Albacete, competitivo y disciplinado, supo esperar su momento y lo aprovechó con una jugada ensayada; el Real Madrid, dominador en números pero poco productivo, se sostuvo gracias a un zarpazo final que evitó un intermedio incómodo en su estreno copero con Arbeloa.



