((Por fin seré tu presidente, y tengo clara la misión: la de nadar siempre a contracorriente Presidente! – Molina Molina))
A los excesos navideños que caben en la agenda de un periodista raso en la bellísima ciudad de Toledo siempre queda un hueco más en el calendario y un agujero extra en el cinturón por si uno se cansa de meter tripa y necesita aflojar para coger aire. Por eso nunca es mala idea aceptar la invitación a un buen cocido, y menos aún si es en el icónico Venta de Aires de la capital regional, donde cualquier cosa que pase por un puchero puede hacerte caer en el más habitual de los siete pecados capitales.
Un buen cocido que se precie, si es que acaso quiere postular a colgarse la vitola de tradicional, ha de presentarse en tres vuelcos. Una buena sopa de fideos, con su caldo, contundente, ni muy espeso ni muy claro, ni muy frío ni muy caliente, que sea capaz de abrir boca y pegarse al paladar, dejando el gusto que te acompañará hasta los cafés. Los garbanzos, mejor cuanto más mantequillosos, que no lleguen a deshacerse, bien custodiados por su repollo, que esté al dente; por su zanahoria, que esté entera; por unas patatas que soporten la compañía. Sus buenas carnes para cerrar, desde el pollo al tocino sin que el chorizo y la morcilla se queden por el camino.
En esas, Paco Núñez convidó a periodistas de toda la región a compartir un cocido que salió bueno, no podía salir malo cuando se preparó en las cocinas de uno de los emblemas gastronómicos de la capital regional. De los medios invitados, ningunó faltó a la cita. Los que operamos en Toledo, por no tener excusa; los de provincias, por tener una buena razón para desplazarse. A la capacidad de convocatoria, desde luego, no se le puede poner una sola pega.
En lo festivo, el convite salió bueno. Por lo demás, no es fácil hacer un buen cocido como no debe de ser fácil liderar la oposición durante diez años. La cita se dio en una semana en la que el canto en los dientes para el anfitrión llegaba en forma de encuesta (una de tantas y con la credibilidad que cada uno quiera darle) que le otorgaban una medalla de plata que podría ser suficiente para fundirse con el bronce de Vox y convertirse en llave de oro para asaltar el Palacio de Fuensalida.
En lo contextual, sería justo destacar que mientras Paco Núñez hacía gala de su alma de hostelero y, literalmente, vaciaba el puchero y llenaba los platos de sus compañeros de mesa; apenas a 80 kilómetros Pedro Sánchez y Oriol Junqueras se sentaban solos a la mesa de Moncloa para confeccionar el menú de lo que tendrán que comer el resto de comunidades autónomas una vez Cataluña se dé por satisfecha y haya eructado tras los postres.
Y, en lo sustancial, el discurso del aspirante tuvo de todo. Un buen caldo con sus fideos; tuvo garbanzos, tuvo verdura; buena carne, desde muy hecha hasta casi cruda; incluso, no podía faltar, alguna que otra guindilla para entremedias. Elevó propuestas presidencialistas y ejerció su oposición, crítica como no podía ser de otra forma. Pero, que a nadie se le olvide, el secreto de un buen cocido es que salga rico y que no te repita.
Humberto del Horno

