LA REVOLERA | Menos relato y más verdad: la Venezuela contada desde Albacete

Artículo de opinión de Ángel Calamardo

Hasta la saturación seguiremos escuchando y leyendo todo lo que haga Donald Trump, sea relevante o anecdótico, acertado o reprobable. Las críticas, previsiblemente, seguirán superando a los elogios. Lleguen o no esas voces a sus oídos, el efecto colateral es claro: mientras tanto, aquí corremos el riesgo de desatender lo más próximo, aquello que constituye la verdadera preocupación de los ciudadanos.

No es una estrategia nueva ni difícil de identificar. El foco se desplaza hacia el escenario internacional y, con ello, se aparcan debates incómodos en el ámbito doméstico: los caos de corrupción, los nombres propios que se repiten –Ábalos, Koldo, Cerdán, Montoro, entre otros– y las responsabilidades políticas que aún esperan explicaciones. La atención se fija en el presidente de Estados Unidos y, casi sin darnos cuenta, lo cercano queda relegado a un segundo plano.

No negaré que todo está interconectado: la globalización de la política es un hecho, y las decisiones que adopten determinados gobernantes acabarán teniendo repercusiones para todos. Sin embargo, conviene no perder la perspectiva. Atender primero a lo más cercano es, quizá, la única forma sensata de empezar la casa por los cimientos y no por el tejado.

La situación actual, además, no invita al optimismo. No se trata de amargar la existencia a nadie, pero los problemas no se han evaporado con el paso de la Navidad. Seguimos afrontando las mismas dificultades con la cesta de la compra, la sanidad, los índices de pobreza y un largo etcétera que continúa pesando sobre la vida cotidiana.

Nada de esto implica desentenderse de la actualidad internacional. Otra cuestión distinta es aceptar sin matices aquello que algunos medios de comunicación –la mayoría– pretender convertir en el eje exclusivo del debate público y, con ello, orientar de forma casi uniforme la opinión colectiva.

Sobre este asunto de la detención de Maduro, de lo que ha pasado en Venezuela, con serias dudas si todo lo que cuentan es la verdad, me quedaré con lo más próximo, con lo que piensan las personas que viven aquí mismo, en Albacete, y nacieron en un país marcado por la dictadura y la tiranía. 

Escucho a Francia Moros (en la SER) presidenta de la Asociación de Venezolanos en Albacete. Su testimonio, basado en el conocimiento directo y la experiencia vivida, merecería una mayor amplificación por parte de las instituciones y de la política local. Llevar su voz a distintos foros contribuiría, sin duda, a enriquecer el debate y a extraer conclusiones más ajustadas sobre la situación real del pueblo venezolano. 

Mucho me temo, sin embargo, que no exista un interés suficiente por dar eco a quienes hablan sin estridencias ni consignas, pero sí con la autoridad que otorgan los hechos y el dolor vivido. 

Por mucho que se pronuncien otros mandatarios –ya sean líderes mundiales, europeos, españoles, de Castilla-La Mancha o de Albacete– lo que ha contado Francia Moros es de lo más verosímil y directo que he escuchado, precisamente porque no se trata de teorías ni intereses mediáticos, sino de experiencias de vida.

Moros representa en Albacete a una comunidad venezolana que vive la distancia de su país con dolor y responsabilidad, lejos de los relatos de columnistas, tertulianos o políticos que, en líneas generales, suelen responder a otros intereses. Sus palabras contienen claves para la reflexión, como cuando afirma: “No celebramos la entrada de Estados Unidos; celebramos que sacaron a Maduro”.

Sobre su inquietud de que Estados Unidos pueda querer explotar el petróleo venezolano, recuerda una realidad que muchos han vivido en primera persona: “Los venezolanos no hemos tocado ni nos hemos beneficiado de nuestro petróleo desde 1999, desde que Chávez llegó al poder”. 

Y se pregunta con legitima inquietud: “¿Qué otra opción quedaba cuando ya se agotaron todos los medios democráticos, todas las instituciones internacionales?”.

Relata con claridad las dificultades vividas en su tierra, incluso en algo tan básico como acudir a comprar lo imprescindible para llevar una vida digna. Cuenta como rompió a llorar la primera vez que entró a Mercadona (Albacete) acompañada de sumadre,y comprobó que las estanterías estaban llenas, que podía adquirir sin restricciones aquello que necesitaba. Aquella imagen, durante años inalcanzable, la desbordó emocionalmente.

Quizá por eso nunca he escuchado a nadie hablar de Albacete con un tono tan sincero y cargado de gratitud: “Albacete es segura, limpia, tranquila…espectacular para tener una familia y calidad de vida”.

Escudándola, sobran tertulianos, propagandistas y activistas de consigna. No hacen falta discursos prefabricados ni las intervenciones previsibles de opinadores de turno, con argumentos reciclados y polémicas estériles que se repiten día tras día. Entre ellos, los Gonzalo Miró de turno, que andan desaforados. ¡Con lo que nos cuestan, bien pueden! 

Si nadie la invita –aunque deberían hacerlo– quizá debería solicitar la palabra, como hacen otros ciudadanos, para intervenir en la previa de un pleno municipal y explicar a los representantes públicos lo que ha vivido y lo que vive ahora en primera persona.

Porque cuando habla la gente que trabaja, que ha salido adelante pese a la dureza de la vida, el ruido se atenúa y el mensaje gana en verdad.

Las palabras de Donald Trump, Pedro Sánchez, Úrsula von der Leyen, Alberto Núñez Feijóo, Santiago Abascal o Yolanda Díaz, son importantes –sin duda lo son–, pero dar voz, de vez en cuando, a quienes hablan desde la experiencia y no desde el cálculo político es un antídoto eficaz frente a tanta palabrería y maniobra interesada.

Mucho me temo, sin embargo, que testimonios como el de Francia Moros seguirán teniendo un espacio limitado en el debate público, pese a su valor informativo y humano.

El portavoz socialista en el Ayuntamiento de Albacete, José González, pasó por la SER para hacer balance, aunque más bien centró su intervención en críticas muy generales al alcalde, Manuel Serrano. Unas críticas que podrían haberse dirigido indistintamente al PP municipal o al equipo de gobierno en su conjunto, ya que la estrategia parece clara: personalizarlo todo en la figura del alcalde.

Repetir su nombre de forma constante quizá acabe, incluso, dándole mayor notoriedad.

Al tratarse de un balance genérico, con asuntos como la vivienda –dirigiendo la crítica exclusivamente a Serrano sin mencionar que existe una ministra socialista de Vivienda– o los asentamientos, que también son una cuestión de ámbito nacional, el discurso resultó poco preciso. Más aún cuando, en este último terreno, el equipo de gobierno, el alcalde y la Policía Local han dado pasos delante de forma discreta pero clara. 

Por recurrir a temas muy habituales, válidos para una rueda de prensa en Alicante o Córdoba, el balance terminó siendo confuso y poco concluyente. En cuanto a la reivindicación de un Palacio de Deportes, es una demanda que podría escucharse igualmente en Toledo o Lérida.  En este punto, el PSOE sí podría jugar un papel más constructivo: hacer piña con el alcalde y acudir juntos al Ministerio para para reunirse con Milagros Tolón y arrancar, al menos, algún compromiso de futuro.

Se espera bastante más del PSOE de Albacete, un partido que históricamente ha tenido un peso importante en el Ayuntamiento de la capital y cuyo papel relevante cabe suponer, seguirá siéndolo.

En ocasiones, callar también es una decisión política, aunque se disfrace de neutralidad.

Por cierto, el Consejo de ministros acaba de aprobar el nombramiento de José Pablo Sabrido, como delegado del Gobierno en Castilla-la Mancha. El elegido es una persona de confianza absoluta de Milagros Tolón, la flamante ministra. No es descabellado pensar que su criterio habrá sido determinante en la designación. Conocí a Sabrido en su etapa como concejal en el Ayuntamiento de Toledo y es uno de los políticos que conoce bien la administración por dentro. Una “persona integra de trayectoria intachable” como ha dicho su predecesora en el cargo. Tuvo responsabilidades también en el gobierno de José Bono y alguna vinculación tuvo también con Paco Pardo, actual director general de la policía, en su etapa de secretario de Estado de Defensa

Sinceramente, creo que es una buena elección.

Page mantiene el tipo –o, si se quiere, su particular cruzada– contra decisiones del Gobierno de Pedro Sánchez que, a su juicio, están conduciendo al PSOE hacia el abismo electoral. Lo ocurrido Extremadura se va a quedar en mantillas frente a lo que puede suceder en Aragón, Castilla y León y, posteriormente Andalucía.

Sigue llamándome la atención que más dirigentes del PSOE no levanten la voz. Ya sé que habla el secretario general del PSOE en Castilla-la Mancha, pero ¿dónde está el resto de la clase política en activo en la Región? No me refiero a Sergio Gutiérrez, Esther Padilla, Pedro Antonio Ruiz Santos, Santiago Cabañero o José Luis Martínez Guijarro, entre otros muchos. Echo en falta más nombres que respalden a Page y lo aúpen dentro del PSOE de siempre, el que gana elecciones.

Quienes se sitúen enfrente –supongo que los habrá– deberían saber que parten como perdedores natos: no le meten un gol ni al arcoíris. El tiempo lo dirá. 

Ángel Calamardo

X: @AFCalamardo

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