El Carlos Belmonte se prepara para una noche que puede ir mucho más allá de lo estrictamente deportivo. Este próximo miércoles, Albacete Balompié y Real Madrid se miden en octavos de final de la Copa del Rey, a partido único, en un choque cargado de ilusión para la afición local y de presión para el conjunto blanco. Un escenario que, por el contexto actual, puede resultar determinante para el futuro inmediato de Xabi Alonso.
El Real Madrid llega a la cita muy tocado anímicamente tras la dura derrota en la final de la Supercopa de España frente al FC Barcelona. Un golpe que ha dejado heridas abiertas y ha reactivado el debate en torno al equipo y a su entrenador. La Copa aparece ahora como una oportunidad para reaccionar de manera inmediata, pero también como un riesgo añadido: en este torneo no hay red de seguridad.
Para el Albacete, la eliminatoria es una oportunidad histórica. El Belmonte sueña con una de esas noches que quedan grabadas para siempre en la memoria colectiva. Y no es la primera vez que el conjunto manchego se convierte en protagonista de un episodio que trasciende el resultado.
Hay un precedente que todavía resuena con fuerza. La última vez que el Albacete eliminó contra todo pronóstico a un grande, el Atlético de Madrid, aquella eliminatoria acabó marcando el futuro de un banquillo de forma decisiva. No fue un cruce a partido único, como el actual, sino una eliminatoria a doble partido que incrementó todavía más su impacto. Corría el año 2011 y el Alba estaba en Segunda B.
En el encuentro de ida, disputado en el Carlos Belmonte, el Albacete logró un resultado que ya hizo saltar las alarmas en el conjunto rojiblanco, 2-1. El Alba compitió sin complejos, planteó un partido muy serio y dejó la eliminatoria abierta, demostrando que no iba a ser un mero trámite para el Atlético. Aquella noche, el equipo dirigido por Antonio Gómez empezó a creer que la hazaña era posible.
La sorpresa terminó de confirmarse en el partido de vuelta, en el entonces Vicente Calderón. Allí, el Albacete firmó una victoria histórica por 0-1 que dejó al Atlético de Madrid eliminado de la Copa del Rey ante su propia afición. Fue un golpe durísimo para los rojiblancos, tanto por el rival como por la forma en la que se produjo, cayendo ante un equipo, sobre el papel, muy inferior.
Aquella eliminación tuvo consecuencias inmediatas. Gregorio Manzano fue destituido como entrenador del Atlético de Madrid poco después, y el club inició el camino hacia una de las etapas más exitosas de su historia con la llegada de Diego Pablo Simeone. Lo que comenzó como una sorpresa copera terminó convirtiéndose en el punto de partida de un cambio de ciclo trascendental.
Curiosamente, el entrenador del Albacete que logró aquella gesta fue Antonio Gómez, que pasó a la historia del club por liderar una de las eliminatorias más recordadas de su trayectoria. Una demostración más de que la Copa del Rey tiene la capacidad de alterar el rumbo de los acontecimientos de manera imprevisible.
Salvando las distancias, el paralelismo con la situación actual es inevitable. Xabi Alonso llega al Belmonte en un momento delicado, con el equipo cuestionado tras la Supercopa y con la necesidad de ofrecer una respuesta contundente. Ganar en Albacete supondría recuperar confianza y apagar cualquier atisbo de duda; una eliminación, en cambio, alimentaría el ruido mediático y el debate sobre el proyecto.
Así, el duelo de este miércoles no solo enfrenta al Albacete Balompié con el Real Madrid. También enfrenta al pasado con el presente, recordando que este estadio ya fue testigo de una eliminatoria que cambió el rumbo de un grande del fútbol español. El Belmonte vuelve a tener ante sí la posibilidad de convertirse en escenario de una noche que trascienda el marcador y que, quién sabe, pueda volver a marcar el destino de un banquillo.


