Hay noches en las que el fútbol se pone romántico sin pedir permiso. Noches de Copa del Rey en las que el estadio se vuelve chimenea, la grada reza con bufanda y el césped dicta sentencias que no caben en las previas. El próximo miércoles 14 de enero (21:00), el Carlos Belmonte acogerá un Albacete Balompié – Real Madrid de octavos de final a partido único. Y entre tantos focos, hay uno que apunta directo al centro de la defensa local: Jon García, el central más discutido del Alba, podría acabar viéndose cara a cara con Kylian Mbappé.
Porque sí: el francés, que venía arrastrando problemas en la rodilla, parece haber dado un paso al frente en su recuperación y el plan del Madrid pasa por tenerlo cuanto antes con el grupo. Tras perderse compromisos recientes por un esguince de rodilla, la información alrededor del campeón del mundo apunta a que viaja este viernes a Arabia Saudí para unirse de urgencia a la concentración blanca, con la mirada puesta en la final de la Supercopa del domingo en Yeda.
Y entonces la Copa dibuja su cuento: un central señalado frente a uno de los atacantes más temidos del planeta. Como hacer una carrera con un patinete contra un Fórmula 1… salvo que el patinete, de repente, aprenda a volar cuesta abajo empujado por 18.000 gargantas.

De ‘Rey Mago a carcelero
La temporada de Jon García se ha contado, muchas semanas, con el lápiz rojo de la crítica. No es un secreto en Albacete: su rendimiento ha sido tema de conversación en la calle, en la grada y en las crónicas. Así las cosas, no es ningún secreto que Jon García está lento y que su nivel esta temporada es muy flojo, por eso, la hemeroteca también recoge ese runrún de los “regalos” a base de errores groseros. Incluso, Alberto González, el entrenador del Albacete, llegó a autoinculparse tras una derrota aludiendo a decisiones de alineación en las que Jon estaba en el centro del debate.
Por eso, el duelo que se podría dar en el Albacete – Real Madrid no es sólo un emparejamiento táctico. Es, para Jon, la oportunidad de cambiar la narrativa: dejar de ser ese ‘Rey Mago’ que concede regalos y convertirse en carcelero por una noche. De los que no se ven en TikTok pero ganan partidos. De los que no corren más que nadie, pero llegan antes porque leen la jugada.

El Belmonte no entiende de currículums
Mbappé puede aterrizar con el brillo del oro y el eco de los grandes escenarios, pero el Belmonte tiene otra moneda: pertenencia. Aquí el fútbol no es un producto, es una herencia. Y el Alba, cuando huele a Copa, recuerda que los escudos pesan distinto: se cosen al pecho, no a los contratos.
El Real Madrid vendrá con su jerarquía, con su velocidad y su amenaza constante. Vendrá con ese punto de “inevitable” que acompaña a los gigantes. Pero el Albacete tendrá algo que no sale en los resúmenes: una ciudad empujando y una plantilla con la posibilidad de firmar una noche que se cuente durante años. No es casualidad que alrededor del partido se hable de expectación y ambiente de gran cita.
Y ahí, en esa frontera donde el miedo se convierte en coraje, el fútbol a veces hace su truco favorito: el ratón doblega al gato. No por lógica, sino por fe. No por estadísticas, sino por un despeje a tiempo, un anticipo perfecto, una falta táctica inteligente… o una carrera en la que, por fin, el patinete encuentra una cuesta eterna.

Un partido para resucitar
Para Jon García, este cruce puede ser un juicio… o una redención. El tipo de noche que separa al jugador que se esconde del jugador que se planta. Porque marcar una época no siempre significa levantar títulos; a veces significa levantarte tú: pasar del infierno incandescente de la crítica al Olimpo pequeño —pero eterno— de los que un día se secaron a un gigante en el Belmonte.
Y quizá, cuando el miércoles el balón ruede y Mbappé amenace el espacio, Jon no piense en todo lo que se ha dicho. O sí. Y lo use. Porque el fútbol, cuando se pone romántico, premia a quien se atreve a escribir su propia versión del cuento. Albacete ya lo sabe: en la Copa, la historia nunca está cerrada.


