Las inmediaciones del embalse del Cenajo encaran ahora la resaca de una macrofiesta ilegal que se prolongó desde Nochevieja y durante más de una semana, hasta después del Día de Reyes. A la salida escalonada de miles de asistentes y centenares de vehículos se suma, desde ayer, una imagen que preocupa a vecinos y administraciones: bolsas de basura acumuladas y restos de campamentos improvisados en caminos y explanadas próximas al vaso del embalse, tal y como muestran fotografías remitidas a El Digital de Albacete.
El balance definitivo del impacto medioambiental está aún por cuantificar, pero el entorno del Cenajo —cabecera estratégica de la cuenca del Segura y un enclave de alto valor natural, como recuerdan entidades locales en los folletos de prevención repartidos estos días— obliga a mirar más allá del orden público: gestión de residuos, posibles vertidos, compactación del terreno y daños en márgenes y pistas por el trasiego continuo de furgonetas, camiones y caravanas.
De una caravana “rodante” en Tobarra al asentamiento definitivo en El Cenajo
La secuencia comenzó la noche del martes 30 de diciembre, cuando se detectaron numerosas hileras de vehículos en el entorno de Tobarra —muchos de ellos furgonetas, caravanas y vehículos procedentes de distintos países europeos— con la intención de acercarse al embalse. En un primer momento, la Guardia Civil logró disolver la concentración durante la madrugada, pero el grupo trató de reorganizarse y desplazarse a la pedanía de Cordovilla (Tobarra).
Los intentos de frenar el convoy por parte de la Benemérita derivaron en momentos de tensión, con lanzamiento de objetos y daños contra los agentes, mientras el dispositivo optaba por contener el avance y evitar entradas al interior del recinto una vez instalado, para reducir riesgos de enfrentamientos.
Finalmente, los participantes consiguieron asentarse a última hora del miércoles 31 de diciembre en las inmediaciones del embalse del Cenajo, entre los términos de Férez y Hellín, donde arrancó la celebración. Fue tal la asistencia de público, que eran más de 1.000 los vehículos allí concentrados.
“Big Fucking Party”, una fiesta no comunicada que se alargó hasta Reyes
La concentración fue identificada como la edición de 2025 de la “Big Fucking Party”, un encuentro itinerante vinculado al circuito europeo de raves, que ya el año pasado se instaló durante varios días en el entorno del aeropuerto de Ciudad Real y que, en esta ocasión, convirtió el Cenajo, en Albacete, en una “ciudad rodante” de campamentos, escenarios y varios ambientes musicales.
Durante los primeros compases, el dispositivo de seguridad fue creciendo: se habló de centenares de agentes desplegados y de un control perimetral para limitar accesos y mantener la vigilancia sin irrumpir en la zona de baile.
El subdelegado del Gobierno en Albacete, Miguel Juan Espinosa, avanzó que se habían abierto diligencias y que los organizadores podrían afrontar sanciones, mientras se levantaban actas por tenencia de drogas.
Protocolo, avisos y temor al “caos” por lluvia y barro
A medida que pasaban los días, y con la previsión de mal tiempo, aumentó la preocupación por los accesos: entidades y colectivos locales distribuyeron folletos en castellano, francés e inglés pidiendo mantener despejada la N-330 por su importancia para el acceso a servicios sanitarios, y reclamando respeto a un territorio de “patrimonio natural único”, con advertencias explícitas sobre residuos, vertidos y fuego.
El propio alcalde de Férez llegó a señalar públicamente la ausencia de infraestructuras básicas —como aseos portátiles— y, aunque apuntó a la presencia de bolsas de basura en vehículos, insistió en que ello no eliminaba los riesgos ambientales.
La retirada, tras Reyes: de 3.500 asistentes en los primeros días a 200 rezagados
Con el paso de la semana, la concentración fue perdiendo volumen. La Guardia Civil situó el pico de afluencia en unas 3.500 personas en los primeros días y explicó que desde el martes 6 de enero se había iniciado una salida progresiva, con la música ya cesada y el desmontaje de escenarios.
El miércoles 7 de enero, según la actualización del dispositivo, aún quedaban en la zona alrededor de 200 personas y unos 150 vehículos, con dificultades añadidas por el barro para retirar los de mayor tonelaje. La normalidad circulatoria comenzó a recuperarse en la AB-408, que había permanecido saturada por estacionamientos en los márgenes hasta el día de Reyes.
La “resaca” del Cenajo: bolsas amontonadas y la incógnita del coste ambiental
Es en este punto —con el recinto prácticamente desmantelado— cuando cobran protagonismo las imágenes del “después”: montones de bolsas y residuos agrupados en distintos puntos, según las fotografías aportadas a este medio. La cuestión, a partir de ahora, es doble: quién asume la retirada y limpieza y qué daños deja una ocupación intensiva en un entorno que, además de su valor paisajístico, forma parte de un sistema hidráulico clave del Segura y recibe usos de regulación, abastecimiento y laminación de avenidas.
Mientras se completa la inspección sobre el terreno, fuentes consultadas en días anteriores recordaban que el impacto no se limita a lo visible: junto a los residuos sólidos, preocupan los posibles vertidos, el deterioro de pistas y márgenes, y la presión sobre fauna y hábitats en una zona que los propios folletos de prevención describen como de alto valor ecológico y con presencia de especies protegidas.
Con la última furgoneta fuera, comienza el verdadero balance: el de un enclave natural que, durante más de una semana, fue escenario de una fiesta multitudinaria sin autorización y que ahora deberá medir —y reparar— su huella.
FOTOS












/ Fotos remitidas a El Digital de Albacete /



