Ni la lluvia, ni el cielo encapotado, ni las previsiones de frío han logrado deslucir la noche más mágica del año en Albacete. La Cabalgata de los Reyes Magos ha vuelto a celebrarse este 5 de enero demostrando que, cuando manda la ilusión, la meteorología pasa a un segundo plano. Y si no, basta con fijarse en una escena que resume a la perfección el espíritu de esta noche. Una joven alzando su paraguas, pero del revés.
En una ciudad donde los paraguas se han convertido en compañeros inseparables durante buena parte del recorrido, hay quienes han decidido darles una vuelta -literal- para convertirlos en algo más que un escudo contra la lluvia. Con ingenio y una sonrisa cómplice, una vecina ha utilizado el suyo invertido como improvisado «recogecaramelos», atrapando al vuelo los dulces lanzados por las carrozas de Sus Majestades.
La imagen, captada en pleno recorrido, condensa en un solo gesto todo lo que define a la Cabalgata de Reyes. Creatividad, picardía y esa alegría compartida que no entiende de edades. Porque la noche del 5 de enero no es solo de los más pequeños. También es de los mayores que saben mirar el mundo con los mismos ojos curiosos de cuando eran niños.
Entusiasmo y tradición
La Cabalgata, que ha arrancado a las 18:00 horas desde la Plaza de Benjamín Palencia y ha recorrido la Avenida de España, la calle Ancha, el Altozano y el Ayuntamiento, ha avanzado sin que la lluvia lograra apagar el entusiasmo de una ciudad entregada a su tradición.
Y es que en la Noche de Reyes pasan estas cosas. Un paraguas deja de ser solo un paraguas, la lluvia importa un poco menos y la ilusión se abre paso de las formas más inesperadas. Gestos simples que explican mejor que nada lo vivido este 5 de enero en Albacete, donde, una vez más, la magia ha sabido encontrar la manera de quedarse.


