Albacete vuelve a mirar al cielo y al termómetro con una mezcla de respeto y memoria. El pasado sábado, 3 de enero, se cumplían 55 años de aquel amanecer de 1971 en el que la ciudad despertó envuelta en un silencio helado y escribió, para siempre, una página imborrable de la meteorología española. Veinticuatro grados bajo cero. Una cifra que no ha sido igualada desde entonces y que mantiene a Albacete como la capital de provincia más fría jamás registrada en España.
La efeméride llega, además, en un contexto que parece querer dialogar con la historia: la alerta por posibles nevadas ante la entrada de la borrasca Francis por el Atlántico y la irrupción de una masa de aire polar desde el norte. Un cóctel atmosférico que vuelve a situar a la Meseta y, probablemente, a Albacete en el foco de un invierno que, sin alcanzar aquellos extremos, invita a recordar que aquí el frío también sabe dejar huella.
Un récord que resiste al paso del tiempo
Aquel 3 de enero de 1971, mientras el hielo dominaba calles y campos, otras capitales españolas también vivían temperaturas extremas: Burgos marcó -22 ºC; Teruel, -19 ºC; y Cuenca, -18 ºC. Pero el liderazgo del frío fue inequívoco y permanece intacto en Albacete, que desde entonces no ha vuelto a repetir aquella mínima histórica, aunque en varias ocasiones los termómetros sí han descendido hasta los -17 ºC, según recordó el observatorio de la AEMET en Castilla-La Mancha.
Los -24 ºC se registraron en el observatorio de la Base Aérea de Los Llanos, tal y como recoge el Boletín Diario del entonces Servicio Meteorológico Nacional. Como dato que hoy estremece tanto como emociona, la temperatura máxima de aquella jornada no pasó de -6 ºC.

Los valientes de los 24 bajo cero
Más allá de los números, el frío de 1971 vive en los recuerdos. Lectores de El Digital de Albacete han compartido, con el paso de los años, estampas personales de aquel día. Entre ellas, la de un grupo de adolescentes que, sin saberlo, desafiaron a la historia meteorológica.
“Aquella mañana, después de la noche de los veinticuatro bajo cero —nos enteramos al regresar a Albacete—, nos hicimos una foto”, relata uno de ellos. Tenían 15 y 16 años y pasaban las vacaciones de Navidad acampados en el paraje de La Mejorada (Alpera). Dormían en una tienda de lona para ocho personas; otra, de plástico fino, servía de apoyo. “Al apoyarnos accidentalmente, se rompió como si fuera hielo y quedó el agujero con la forma de una mano”, recuerda. Una imagen tan frágil como poética del frío más severo.

El invierno vuelve, la memoria permanece
Hoy, cuando los modelos anuncian nevadas y el aire polar amenaza con teñir de blanco la Meseta, Albacete no solo se prepara para el invierno: recuerda. Recuerda que hace 55 años el frío fue absoluto, que el termómetro tocó fondo y que desde entonces nadie ha logrado arrebatarle ese récord. Un récord que no es solo una cifra, sino una historia compartida, un latido helado que sigue definiendo a la ciudad cuando el invierno llama a la puerta.


