La Nochevieja tiene algo de ritual compartido que no entiende de edades ni de prisas: doce uvas, doce deseos callados, y ese instante exacto en el que el reloj parece detenerse para que el año nuevo entre, por fin, de puntillas. Hay quienes en Albacete lo viven con la tele encendida y la casa llena; y quienes prefieren ir al Altozano, respirar el frío de diciembre junto al calor de amigos y familiares, y escuchar las campanadas como se escuchan las cosas importantes: en directo, con la gente que quieres al lado.
Porque despedir el año tomando las uvas es, en el fondo, una forma de prometerse continuidad. Un gesto pequeño —masticar a tiempo, reírse si una uva se atraganta, brindar aunque sea con vasos de plástico— que termina convirtiéndose en una fotografía sentimental: la de un minuto que, cada 31 de diciembre, los vecinos de Albacete y de todo el mundo queremos guardar para siempre.
Vecinos de Albacete preferían el Altozano a Chenoa, Estopa, Cristina Pedroche, Alberto Chicote, Xuso Jones y Sandra Barneda
Así las cosas, decenas de vecinos de Albacete, pese a que las campanadas de la Puerta del Sol pueden seguirse en todas las cadenas de televisión, decidieron darle la espalda a Chenoa, Estopa, Cristina Pedroche, Alberto Chicote, Xuso Jones y Sandra Barneda —los rostros de TVE, Antena 3 y Telecinco— para despedir el 2025 y dar la bienvenida al 2026 en pleno corazón de la ciudad. Eligieron el Altozano, la céntrica plaza donde ante el reloj del Museo Municipal cada fin de año se repite la misma escena: grupos de amigos abrigados, familias con bolsas de uvas o parejas que se buscan la mano justo antes del cambio.
Sin embargo, el Año Nuevo ‘comenzó’ siete minutos tarde en Albacete. Y lo peor de todo, sin campanadas. Y no por falta de ganas, ni por despiste de nadie, sino por un contratiempo con el reloj del Museo Municipal: el que debía marcar el compás de las campanadas llevaba siete minutos de retraso; algo que los asistentes ya descubrieron nada más llegar al Altozano. De este modo y como parecía que iba a pasar, cuando el ambiente ya estaba en tensión alegre, con los móviles preparados para grabar y las uvas contadas en la palma, el silencio de medianoche no se interrumpió por las campana. Pasaron los segundos. Y luego otro minuto. Y otro. Así hasta siete… Hasta que el desconcierto se coló entre las bufandas de las personas que, haciendo frente al frío, preferían tomarse las uvas en el Altozano que en su casa ante la tele.
De lo analógico a lo digital en Albacete entre el desconcierto
Fue entonces cuando la plaza improvisó. En lugar de campanadas solemnes, sonaron campanadas digitales; en vez de un reloj municipal, mandaron los teléfonos; y donde debía haber un “¡Feliz Año!” al unísono, hubo un breve murmullo de incredulidad antes de que la gente, a su manera, recuperara el momento. “Tuvimos que poner las campanadas en los teléfonos todas las personas que estábamos ahí”, indican a El Digital de Albacete algunos de los afectados, entre dosis de frustración y pequeñas gotas de enfado, aunque reconocen que todo quedó en anécdota y que, tras el desconcierto inicial, dieron a su manera la bienvenida al 2026. “Fue un desastre, pero terminamos tomándonoslo a risa”, afirman.
Según relatan varios asistentes, fueron vídeos de YouTube o emisiones en directo a través de internet —buscados a toda prisa, compartidos de pantalla en pantalla, subiendo el volumen en altavoces pequeños— los que marcaron el ritmo de las doce uvas. Un parche inesperado para una tradición que, precisamente, vive de lo exacto. “No sabíamos si reírnos o enfadarnos”, comentaba uno de los presentes mientras señalaba el reloj que aún no había “llegado” a donde debía. Otros optaron por tomárselo con filosofía: si el año se resistía a entrar, habría que invitarlo con más ganas.
Tras el desconcierto inicial, mucha gente optó por esperarse hasta que a las 00:07 horas, el reloj del Museo Municipal de Albacete diera sus doce y repicaran las Campanadas, sin embargo, hubo ración doble de frustración: “Cuando llegó a las doce no sonaron. Nos lo tuvimos que tomar a risa”., argumentan algunos de los que allí estuvieron. «Tarde, mal y nunca», añaden otros.
Anécdota en Albacete para decir adiós al 2025 y recibir al 2026
Lo ocurrido deja una postal curiosa de esta Nochevieja en Albacete: la de una plaza del Altozano que eligió vivir el cambio de año en comunidad y terminó haciéndolo entre pantallas, risas nerviosas y un punto de enfado y frustración. Pero también confirma algo que la tradición enseña cada 31 de diciembre: que, cuando importa estar juntos, hasta un reloj atrasado se convierte en historia para contar. Y que, con campanas o con YouTube, la gente siempre acaba encontrando la manera de comerse el último minuto del año y brindar por el primero del siguiente.



