El pueblo de Albacete del que habla toda España por lo que ha pasado y donde Manolo García disfrutó su infancia

Durante décadas, el nombre de Férez ha vivido a la escala de los pueblos pequeños: el ritmo lento de la sierra, las conversaciones al fresco y una identidad hecha de paisaje y vecindad. Pero en los últimos días ese discreto municipio de la Sierra del Segura, en Albacete, ha saltado al primer plano informativo nacional por un motivo inesperado: la macrofiesta —una rave— instalada desde la pasada Nochevieja en las inmediaciones del embalse del Cenajo, con miles de asistentes y una logística que ha convertido la zona en una suerte de “ciudad sobre ruedas”.

Aun así, para muchos albaceteños Férez ya era un lugar con nombre propio antes de este episodio. Lo era —y lo es— por el vínculo íntimo que mantiene con uno de los grandes iconos de la música española: Manolo García, nacido en Barcelona, pero con raíces familiares en este rincón de Albacete. El propio artista ha subrayado en más de una ocasión esa “paradoja” sentimental: sentirse catalán y, a la vez, profundamente albaceteño.

Un verano tras otro, la sierra como escuela de infancia

Los padres de Manolo García emigraron a Barcelona poco antes de que él naciera, pero los veranos lo devolvían a Férez, al pueblo de Albacete de sus padres y abuelos. Allí —según ha relatado— se empapó de una infancia humilde y rural, marcada por la naturaleza, los huertos y una forma de vida comunitaria que hoy recuerda con emoción. En esas estancias estivales aparecen los abuelos como columna vertebral del recuerdo, y la vida compartida con la familia, con los primos como compañeros inseparables de juegos en la era y en las calles.

Ese hilo de memoria, tejido “verano a verano”, no es sólo una evocación sentimental: es un aprendizaje que terminó por moldear parte de la sensibilidad artística de García, desde la mirada poética a su relación con el paisaje. Férez —secano y acequias, bancales y campo— se convirtió, en sus palabras y testimonios, en un lugar donde la dureza convivía con una sensación de libertad infantil difícil de olvidar.

De “tesoro escondido” a foco informativo

Férez es “un tesoro escondido en la sierra”: un municipio de algo más de 600 habitantes, rodeado de montañas, olivares y campos de cultivo, en una de las zonas “más bellas y desconocidas” de Castilla-La Mancha. Su historia, además, hunde raíces en la Edad Media, con hitos como su paso por la Orden de Santiago y la obtención del título de villa en 1488.

En la provincia también se le ha llegado a nombrar como “la desconocida joya serrana”, reivindicando patrimonio, cultura y proyectos frente a la despoblación. Y en los últimos años ha buscado ponerse “en el mapa cultural” con iniciativas como el festival ‘Al Fresco’, concebido para revitalizar la vida del municipio y atraer visitantes a sus calles y plazas —una celebración que, en ediciones recientes, esperaba reunir a más de 2.000 personas.

La Medalla de Oro y un corazón “doble”

Ese arraigo —más emocional que administrativo— fue reconocido públicamente cuando el Gobierno regional concedió a Manolo García la Medalla de Oro de Castilla-La Mancha. En aquel acto, el músico insistió en la idea de un corazón “doble”, orgulloso de su nacimiento en Barcelona y de sus raíces en Albacete, con mención expresa a Férez y a los veranos en la Sierra del Segura que, según se destacó, han servido incluso como inspiración.

La rave del Cenajo: miles de personas desde Nochevieja

Ahora, el nombre del pueblo circula por un motivo muy distinto. Desde el 31 de diciembre, la rave se ha asentado en el entorno del embalse del Cenajo, en un enclave entre términos municipales que afecta especialmente a la zona de Férez. El Digital de Albacete ha ido dando cuenta de la evolución del evento: desde los problemas iniciales de tráfico por la llegada de alrededor de 1.000 vehículos, hasta el dispositivo de seguridad con unos 300 agentes y el cierre de la carretera AB-408 “por seguridad”.

En la crónica “desde dentro”, el medio describe la llegada de participantes de distintos puntos de Europa y el nombre con el que se identifica la cita —‘Big Fucking Party’—, recordando además que en ediciones anteriores se instaló en las inmediaciones del aeropuerto de Ciudad Real y que entonces llegó a durar varios días.

A medida que han pasado las horas, el relato local también ha cambiado: el alcalde ha señalado que los vecinos, tras la preocupación inicial, se han ido tranquilizando ante el comportamiento de los asistentes. En la jornada del 2 de enero, el municipio —de unos 600 habitantes— veía cómo la fiesta seguía con “más de 2.000 personas”, varios escenarios y música durante días, mientras los participantes paraban en el pueblo para avituallarse.

El mismo paisaje, dos ruidos distintos

Férez, el lugar donde Manolo García aprendió de niño a escuchar “la vida del campo” y a reconocerse en lo sencillo, vive hoy el contraste: el mismo horizonte de sierra y caminos que guardaba veranos familiares aparece ahora atravesado por focos, altavoces y caravanas. Entre la postal serena de “joya serrana” y la actualidad de una macrofiesta que lo ha puesto en boca de todos, el pueblo sigue siendo el mismo punto en el mapa; lo que ha cambiado —al menos por unos días— es el volumen del mundo mirándolo.

Mapfre

El Digital de Albacete

Diario digital líder en Albacete con toda la información de la capital y provincia
Botón volver arriba