El misterio no siempre llega a través de viejos archivos o testimonios ajenos. A veces irrumpe en primera persona, sin previo aviso y en mitad de la nada. Eso es precisamente lo que le ocurrió a Iker Jiménez durante un viaje nocturno por una carretera de Albacete, una vivencia que aún hoy sigue provocando escalofríos en él mismo al recordarla y entre sus seguidores.
El propio comunicador relató este episodio en la sección Archivo Personal de su programa Cuarto Milenio, situando los hechos en una noche de primavera de 2014, a finales de abril. Eran alrededor de las tres de la madrugada cuando conducía su vehículo por una larga y solitaria vía cercana a Chinchilla (Albacete), acompañado por una persona de su máxima confianza.
El terror en mitad de una inmensa planicie del llano de Albacete
Según explicó Iker Jiménez, el trayecto transcurría con absoluta normalidad. No había tráfico, la carretera parecía desierta y la radio sonaba de fondo con una emisión nocturna. Sin embargo, algo comenzó a suceder al lado derecho del coche, fuera de su campo de visión. Fue su acompañante, visiblemente alterada, quien percibió una escena imposible de olvidar: en medio de una inmensa planicie del llano de Albacete, distinguió a un grupo de personas caminando sin rumbo claro.
Eran individuos de distintas edades y estaturas, dispersos, avanzando en direcciones diferentes, como si estuvieran desorientados tras haber sufrido un impacto emocional. «Parecían personas perdidas, ese deambular que se observa tras un shock», explicó Jiménez al recordar el testimonio de su copiloto. Aunque ella no dijo nada en un primer momento, llegó a apoyar las manos en el cristal para asegurarse de que lo que estaba viendo en mitad de una llanura de Albacete era real.
El periodista no vio a esas figuras, pero sí algo que le resultó aún más inquietante: el rostro de su acompañante, completamente paralizado, rígido, con una expresión de absoluta extrañeza. «No era miedo, era algo distinto, inconfundible», relató. Ante la situación, decidió detener el vehículo.
«Esta persona que viaja conmigo lo está observando pero no me dice nada. En un momento dado yo si me fijo en que esta compañera pone las manos en el cristal como para cerciorarse de que eso estaba ocurriendo. Era un lugar inhóspito, la más absoluta nada. Sigue observando y no logra ver exactamente las caras pero sí que la observan”, explicó el periodista vasco para continuar manifestando que, “yo lo que vi fue la cara de esta persona totalmente paralizada, rígida y diciéndome lo que acababa de ver. Yo me doy cuenta de que esa persona que viaja conmigo tiene el alma tocada por lo extraño, porque es un rostro inconfundible. No es sensación de miedo sino de absoluta extrañeza», señaló.
Accidente ferroviario en Chinchilla (Albacete)
Fue entonces cuando ambos se percataron de un detalle clave: se encontraban junto a la vía del tren. En ese instante, Jiménez sintió un escalofrío difícil de explicar. Poco después, ató cabos al recordar un suceso trágico ocurrido exactamente en ese punto. El 3 de junio de 2003, en Chinchilla, Albacete, un tren de pasajeros y otro de mercancías colisionaron por un error humano, provocando la muerte de 20 personas. El llamado ‘Talgo infernal’ convirtió aquel tren en un auténtico horno que superó los 1.800 grados; el doble que un horno crematorio.
Lo más perturbador, según subrayó el propio presentador, es que la persona que le acompañaba desconocía por completo aquel accidente ferroviario y no sabía que estaban en el lugar exacto donde se produjo la tragedia. Para Jiménez, esa coincidencia añade un peso inquietante a una experiencia que, más de dos décadas después, sigue helándole la sangre y alimentando el debate sobre lo inexplicable.


