((Persigues tu recompensa corriendo en un laberinto, como un ratón de laboratorio; preso de las dudas, te disparas en el pie Laberinto – The New Raemon))
¿Saben ustedes de ese chascarrillo recurrente en redes sociales que alude a la capacidad adivinatoria del futuro que la icónica serie The Simpson ha tenido a lo largo de la historia? No me respondan hasta dentro de cuatro párrafos.
Cuando la espada es la prisa y la pared la frustración, pensar no debe de ser fácil, miren a Núñez Feijóo. No es capaz, no sé si lo será, de tumbar al Gobierno de Pedro Sánchez por mucho que esté en su peor momento. Sin presupuestos, con un fiscal general ya ex fiscal general, lo del hermano, lo de la mujer, lo del que fue número dos en el partido, lo del ex ministro en la cárcel, lo del vomitivo ex compañero que gesticulaba sexo oral delante de compañeras…
Conjugar el mantra ofensivo del ‘Gobierno más corrupto de la historia’ con la losa indefendible del ‘Apártate que me tiznas’ se le empieza a hacer bola el líder de la oposición, por muchas 80.000 gargantas que le arroparan en su penúltimo ultimátum verbalizado desde el Templo de Debod el pasado domingo. Cuando a uno se le aprietan las bridas que le maniatan solo le queda gritar, y en esas se encuentra ahora el gallego.
El camino de sostener la presión en la calle solo tendrá sentido si la meta es un golpe de efecto. De lo contrario, lo que ahora es efervescente se acabará diluyendo. Si le quitas la anilla a la granada es para tirarla, de lo contrario, explota en tu trinchera, y eso lo saben bien en Génova.
Porque mientras la boca se llene de soflamas en torno a lo «insostenible» del Gobierno de Pedro Sánchez, la inacción más allá de las palabras empieza a pasar factura al aspirante en doble dirección. Primero, porque las estocadas que no consiguen matar al Gobierno, terminan por hacerlo más fuerte. Segundo, porque el coche verde de Vox se hace cada vez más grande en el reflejo del retrovisor.
Volvamos a Los Simpson, en concreto al primer capítulo de la octava temporada, estrenada en la víspera de aquel Halloween y, ya de paso, de las elecciones presidenciales de Estados Unidos que enfrentaron a Bill Clinton contra Bob Dole. En ese primer episodio, ‘La Casa del Terror VII’, Kang y Kodos, dos extraterrestres llegados del planeta Rigel VII, abducen a ambos candidatos de tal manera que consiguen convertirlos en sendas fotocopias el uno del otro para prometer lo mismo, parecer lo mismo, ser exactamente lo mismo. Y mientras los argumentarios de los dos principales partidos en el tablero de la política española se limiten a quién de los dos es más corrupto, más se abonará el terreno para una tercera vía.
La moción de censura planea sobre el Congreso, y si tiene que pasar o no se decide en 20 días, cuando se abran las urnas extremeñas y se recuenten los votos. Y con el hundimiento socialista que las bolas de cristal auguran a Miguel Ángel Gallardo, triste paladín del inquilino de La Moncloa, lo que está por ver es cuanto aliento de Abascal siente Núñez Feijóo en la nuca. Y una vez repartidas las cartas del nuevo arco parlamentario, el juego no volverá a ser el mismo.
El resultado electoral extremeño, ganglio centinela de lo que vendrá después, servirá también para ver qué patita enseñan los que tendrán que negociar las condiciones para volver a apoyarse en una investidura.
Y así será como arranque un nuevo ciclo político, con Castilla y León como siguiente estación y con el horizonte de las andaluzas empezando a cristalizar, otra baldosa más que alfombrará el diabólico camino hasta la gran batalla final.

