Un artista del metal con mucho arte en este pueblo de Albacete

Luis Carrión tiene su taller de escultura en Casas del Cerro

Desde su taller, ubicado en Casas del Cerro (Alcalá del Júcar), un albañil convertido a escultor llamado Luis Carrión, da nueva vida a lo que otros desechan. Entre chispas, martillos y el eco metálico de su taller, donde algunos ven chatarra, él descubre formas, emociones y movimiento.

Obra de exterior Lucas Carrión

Luis Carrión ha dedicado toda su vida a ser albañil, y descubrió su vocación de escultor por casualidad. “Empecé desde muy joven ayudando a mi padre como albañil, y cinco años después me compre la herramienta y me fui por mi cuenta. A los 65 años me jubilé, y ahora que tengo 71 años, echo la vista atrás y me gusta pensar que, aunque he dedicado toda mi vida a esto, con el tiempo me convertí en un albañil ‘de los buenos’, porque he hecho muchísimas cosas. Lo de trabajar con el hierro me surgió de golpe. Tengo un primo, Lucas Karvazz, que es un escultor de renombre. Entre otras cosas, fundó el Instituto Rural de Arte ‘Hoz del Júcar’ en 2006, una residencia internacional para artistas y creativos ubicada en Casas del Cerro. Por aquel entonces yo tenía 50 años, y me encargué de la construcción del edificio, y aparte le buscaba chatarra a mi primo para sus obras escultóricas. A raíz de verle trabajar, me di cuenta de que me atraía eso de hacer obras con metal reciclado, y pensé que podía intentarlo. Así que me puse con ello, hasta que un día mi primo me animó a participar en un concurso de escultura en Minglanilla. En este concurso me fue tan bien, que gané el primer premio por un Quijote que hice de metal. En ese momento me di cuenta de que eso era lo mío, me animé a seguir trabajando, y hasta ahora”, indica. 

Obras exterior Lucas Carrión

Una especie de imán para los hierros

 Lucas trabaja con materiales reciclados de los vertederos, chatarrerías, y desguaces, o con materiales que los vecinos del pueblo le traen de tractores o máquinas estropeadas. “Soy muy amigo de las chatarrerías, y parece que atraigo a los hierros, porque para ellos soy como una especie de imán. Voy por ahí, y me voy encontrando cosas increíbles, o al menos a mí me lo parecen. Además, cuando me encuentro alguna pieza, enseguida le encuentro apaño. También me trae cosas la gente del pueblo. Cosas que se les rompen, que no valen para nada, pero yo en mi taller les doy una segunda vida. Cuando encuentro algo, o me traen una pieza, me imagino al mirarla para qué me puede servir, o en que la puedo convertir, y así voy encajando mi escultura. Siempre empiezo las obras con alguna pieza que me inspira, o me lo dice. Por ejemplo, en el caso del Quijote empecé con el sombrero. A una pieza redonda le quité un trozo para que fuese como una bacía de barbero, y a partir de ahí comencé a armarlo. Luego le fui dando forma y movimiento. El pecho lo hice con el portaequipajes de una bicicleta antigua, y utilicé muelles de los aperos de la labranza. Muchas veces salgo en busca de alguna pieza que necesito, y otras las encuentro sin buscarlas, como si me buscaran ellas a mí”, refleja. 

Piezas ‘enfarrusteás’ en el taller de Lucas Carrión

Piezas ‘enfarrusteás’

El artista encuentra en el desorden su territorio creativo. Para él, las piezas dispersas, y los materiales que otros consideran sobrantes, no son un caos improductivo, sino un mapa lleno de posibilidades. Entre montones aparentemente desorganizados descubre conexiones inesperadas y formas que sólo emergen cuando no hay un orden impuesto. Su obra nace precisamente de esa búsqueda intuitiva, la del gesto de revolver, de mezclar, y de dejar que el azar dialogue con la intención. Su taller está lleno de piezas de metal desordenadas, porque asegura que “es parte de la inspiración. Tengo todas las piezas completamente enfarrusteás, pero sé perfectamente dónde está cada una de ellas. Estoy seguro de que si no fuera así, no me inspiraría para hacer las esculturas. Si a mí me ordenan todas las piezas y me las meten en dos espuertas, me quedo en blanco y no sé ni por dónde empezar.  Pero viéndolas así como están, todas enfarrusteás, voy directo y encuentro enseguida lo que quiero”, resalta. 

Lucas Carrión con sus obras

Darle vida a materiales inertes

Lucas Carrión tiene la habilidad de poder expresar sus sentimientos a través del arte. En la exposición que tiene en su casa del pueblo, se pueden apreciar una gran cantidad de esculturas, tanto en el interior, como en el exterior. Desde animales, como elefantes, ovejas, perros, una paloma, un avestruz, o un pavo real, hasta piezas más elaboradas como un Quijote a tamaño natural, un guardia civil, un cantaor, o una dama de Elche.“Disfruto mucho, y me gusta tanto que saco el tiempo de donde sea. Para mí la escultura es diversión, porque me lo paso muy bien trabajando. Me encanta sentir que puedo darle vida a materiales inertes. Sobre todo me gusta trabajar esculturas grandes, y darles movimiento para que cobren vida. Por ejemplo, uno de los Quijotes que he hecho, le está ofreciendo una flor a Dulcinea, al mismo tiempo que le recita un poema. También me gusta reflejar cosas de tiempos pasados. Por ejemplo, un homenaje a las mujeres que antes iban a la fuente con el cántaro y el botijo, cuando en Casas del Cerro no había agua corriente, y había que ir a la fuente a cogerla”, concluye. Las manos de Luis Carrión rescatan hierros olvidados para transformarlos en figuras que laten, convirtiendo la chatarra en vida.

Modesto Colorado

Comunicador y cantante de Albacete. Más de 20 años de experiencia en medios de comunicación, especializado en información y reportajes de ámbito cultural.
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