Carlos Buendía, pionero en peluquería de vanguardia de la comarca de la Sierra de Alcaraz, Sierra del Segura, y Campo de Montiel, consiguió hace unos meses el carnet de peluquero artesano, tras superar con éxito la evaluación de un tribunal técnico y artístico.

Este peluquero nacido en Povedilla, ha conseguido el reconocimiento en el arte de transformar a través del cabello. Una distinción que no solo válida su trayectoria profesional de 32 años, sino que, además, lo sitúa como uno de los referentes del sector. Carlos Buendía nos cuenta que siempre ha tenido claro que “ser peluquero no es solo una cuestión estética, es creación, expresión técnica y emoción. Desde que empecé en el mundo de la peluquería me di cuenta de que el oficio tenía un componente claramente artístico. Está claro que hay que tener una base técnica, pero manipular el cabello y transformarlo con tus propias manos lo convierte en algo artesanal. Sentí que, a pesar de todo esto, la peluquería no estaba reconocida como un arte, y pensé que debía dar un paso más, dar un giro para ensalzar este oficio”.

El primer peluquero con carnet de artesano de Castilla-La Mancha
Para ello, acudió al departamento de Artesanía de Castilla-La Mancha, donde le indicaron los requisitos y la documentación necesaria para ser evaluado. “Fue un proceso difícil, en el que tuve que presentar un dosier de trayectoria, justificar el carácter artesanal de mi actividad, y exponer mi trabajo ante un tribunal especializado. Estuve junto a cuchilleros, joyeros, artesanos de barro, de cerámica, y yo estuve con mi cabello. Propuse una rosa, hecha de manera artesanal a base de cabello reciclado, que fui manipulando y dándole temperaturas y color. Tengo que reconocer que, a pesar de mis años de experiencia, estaba muy nervioso. Pero finalmente el jurado lo dio como favorable, y el presidente de la comisión dio su aprobación, convirtiéndome en el primer peluquero con carnet de artesano de Castilla-La Mancha”, celebra.

Peluquero por accidente
A pesar de su estatus actual, Carlos Buendía comenzó en la peluquería por accidente. “Cuando terminé mis estudios elementales en el pueblo me di cuenta de que no me interesaba seguir estudiando una carrera o cualquier cosa a largo plazo, porque lo que quería era emprender ya una actividad laboral y económica, ganar dinero y no ser una carga familiar. Así que, con 17 años, decidí irme a Albacete, donde empecé a trabajar en la hostería por la noche, en un pub de la época llamado ‘Panoramix’. A pesar de no querer estudiar, siempre he sido muy inquieto, así que me puse a buscar algo que hacer también por las mañanas. Mi cuñada me aconsejó que me apuntara a una academia de peluquería de señora y caballero que había debajo de su casa, que se llamaba ‘Europa’. En ese momento pensé que, aunque fuera para cortarle el pelo a mis amigos, y de paso aprender un oficio, no estaba del todo mal, así que me animé a empezar en la academia. Al principio quería volver al pueblo, porque pensaba que eso no era lo mío. Allí la que más y el que menos era hija, primo, nieto, o sobrina de alguien que se había dedicado a la peluquería, y habían crecido entre tijeras, lacas, y tintes. No era mi caso, que había crecido en el pueblo, en una familia humilde dedicada al trabajo en el campo. Además, utilizaban un lenguaje nuevo para mí, y todo lo que decían me sonaba a chino”, recuerda.

El local de Melitón
Pero Reme y María Luisa, profesoras de la Academia ‘Europa’ confiaron en él. “Me animaron mucho y me motivaron, y poco a poco empezó a gustarme. A día de hoy puedo decir que gracias a ellas seguí adelante, y empecé a creer que podría convertirme en un buen peluquero. Cuando ya estaba preparado, comenzó mi aventura laboral en el mundo de la peluquería, trabajando en salones de Albacete como ‘Cachote’. Cuando tenía 21 años, un día mi padre se cayó del tractor, y tuve que volver al pueblo a ayudar, y a cosechar. A raíz de eso me di cuenta de que en el mundo rural hacía falta una peluquería, y aposté por montar algo en Povedilla. No tenía un local para empezar, pero Melitón, el señor del bar de la Plaza, me animó a hacerlo y me preparó y alquiló un local dándome todas las facilidades. Siempre recordaré su ayuda para iniciar mi aventura, algo que echo de menos en estos tiempos que corren. Antes, había gente como Melitón que ayudaba y colaboraba para que el mundo rural sobreviviera, en vez de poner trabas a todo como pasa ahora”, reivindica.

Una peluquería en el entorno rural
De este modo, hace 32 años, abrió sus puertas la peluquería de Carlos Buendía en la esquina de la Plaza Mayor de Povedilla, demostrando que desde el mundo rural, se puede llegar muy lejos. “Es algo por lo que, a día de hoy, sigo luchando. Lucho por demostrar que en el mundo rural también hace falta un buen peluquero o un buen estilista, y que el cabello es igual de válido en el paseo de la Castellana de Madrid, que en Povedilla. Así que empecé en 1993 y funcionó muy bien desde el principio. Es curioso, porque antes no teníamos las redes sociales para comunicarnos, y darnos publicidad, pero el boca a boca funcionó muy bien, y enseguida empezó a venir gente de Munera, El Bonillo, Paterna de Madera, Riópar, o Villanueva de la Fuente. En definitiva, de toda la comarca de la Sierra de Alcaraz, Sierra del Segura, y Campo de Montiel. Unos años más tarde me trasladé a la Calle Virgen del Rosario, y al nuevo local le puse de nombre ‘Salon Hair Carlos Buendía’, y hasta hoy”, refleja.

Peluquería de vanguardia
Una vez que estaba viviendo el día a día como peluquero en Povedilla, decidió que “sería buena idea empezar a trabajar la peluquería de vanguardia, para salir un poquito de la zona de confort. Este tipo de peluquería se centra en la innovación y la experimentación, rompiendo con lo tradicional para ofrecer estilos atrevidos, modernos y artísticos. Por buscar un símil, sería como la confección de alta costura. Diseños que no se van a realizar, pero si inspiran y se salen de la norma. En peluquería te puedes inspirar en los colores, las formas, o los volúmenes, y es algo muy apasionante. La peluquería de vanguardia me cautivó, y me fui metiendo de lleno en ella. Con mucho trabajo y esfuerzo fueron llegando los premios y reconocimientos a nivel nacional, como estar entre los mejores peluqueros de vanguardia de España, o ser seleccionado para participar en el concurso de Peinado Nupcial ‘Wedding Cup’. También fui nominado a nivel internacional en Londres, y en Gales fui finalista de color. He realizado hasta la fecha doce colecciones de vanguardia, pero a mí lo que realmente me ilusiona es saber que, desde el pueblo, se pueden llegar a lograr estas cosas. Todo esto me sirve también para darle una lección a los que no lo creen, y abrir los ojos a los jóvenes que viven en un entorno rural, para que se den cuenta de que un código postal no nos tiene por qué limitar”, asegura.

Yo me quedo aquí
A Carlos Buendía le han propuesto muchas ofertas de trabajo durante su carrera como peluquero. “La más bonita fue cuando fui a Turín a trabajar en un salón para reciclarme, y un distribuidor de una marca italiana me dijo que si quería hacer peluquería por el mundo, abriendo su marca en distintos lugares del planeta. Le dije que no, porque prefiero quedarme en el pueblo, donde tengo mi casa, tengo calidad de vida, y quiero seguir creciendo desde aquí. He preferido otra historia de vida, y pese a eso, he conseguido ser reconocido profesionalmente. Me gustan los retos, hacer cosas para cine, teatro, o artistas musicales, pero lo hago desde mi taller en Povedilla, así pueden venir a por las pelucas, y yo me quedo aquí”, concluye. Con mucho trabajo y pasión, Carlos Buendía ha demostrado que la peluquería es un arte, y que desde el entorno rural se puede llegar a lo más alto.






















/Fotos: Cedidas/

