María Rozalén lleva a Albacete en el corazón, y cuando habla de su Feria incluso le cambia el tono. Porque para la artista, la Feria de Albacete no es solo una fiesta, sino un pedazo de su vida, de su infancia, de sus raíces y de su gente. Y, aunque los compromisos profesionales no siempre se lo permiten, cada vez que puede escaparse a vivirla lo hace con toda la intensidad del mundo.
Para la cantante, la Feria de Albacete ha sido siempre sinónimo de emoción y alegría. «Era el momento que esperaba con ansia cuando era niña y adolescente», cuenta a El Digital de Albacete con nostalgia. Ese último regalo del verano, junto con las fiestas de su querido Letur, antes de volver a la rutina.
Ahora, no siempre puede disfrutarla como antes, pero eso solo hace que valore más los ratos que puede pasar en la ciudad. «Este año, por desgracia, no puedo ni olerla», lamenta. Y no lo dice por decir. Para ella, perderse la Feria es perder algo muy importante. «Tus amigos están ahí, mandándote fotos y vídeos, y te entra una nostalgia…», cuenta. Pero cuando consigue escaparse, aprovecha al máximo. «Los raticos que puedo ir, la verdad es que los disfruto mucho y los valoro», reconoce.
Una Feria vivida con intensidad
Rozalén no escatima en planes cuando pisa el Recinto Ferial. «Me gusta absolutamente todo», asegura. Es de las que lo vive de día y de noche, con la familia y los amigos. «Soy súper activa. Me gusta pasear con mi madre por la Feria de Artesanía, comerme unas gambas y un ‘chorimorci’ en las casetas, beberme un vino dulce… Me lo gozo todo», explica.
¿Atracciones? Por supuesto. «De pequeña me encantaba el Saltamontes. Ahora soy más de la Noria porque ya tengo una edad», bromea. Pero si hay algo que no perdona, son los conciertos. Disfruta viendo a compañeros y no suele faltar a la carpa de rock. Y, por supuesto, no se pierde el primer día de Feria. «Me encanta la Cabalgata y vestirme de manchega. Es muy especial», admite.
Tradiciones que no se pierden
Además, cuando puede ir a la Feria, hay cosas que no fallan. Entre ellas, bailar manchegas o terminar la noche en las casetas. «Yo siempre iba a Amnistía o a los Bomberos, o a alguna carpa… No sé, me apunto a todo», confiesa entre risas.
Y, aunque el ‘chorimorci’ es un imprescindible en su Feria, también cae algún Miguelito. De los mojitos se declara menos fan: «Soy más de cervecica y de salado».
Un recuerdo imborrable
Cuando le preguntamos por un recuerdo especial, no duda: el día que dio el pregón. «Fue la Feria del reencuentro, y uno de los días más emocionantes de mi vida. Me trataron increíble, vinieron amigos de todos lados, algunos era la primera vez que venían y se enamoraron para siempre», recuerda. Aquellos días los vivió al máximo.
Rozalén ha estado en muchas ferias por toda España, pero la de Albacete es especial. ¿Por qué? «Porque es una feria para todos. Tiene cabida para absolutamente todo el mundo. Eso la hace generosa, muy especial». Y, como buena albaceteña, destaca otro ingrediente clave: el carácter de la gente. «Tenemos fama de gambiteros, de acoger mucho… A quien viene, le hacemos sentir especial».
Así vive la cantante la Feria de Albacete. Con el corazón en la tierra, los recuerdos a flor de piel y una sonrisa que se nota hasta cuando no puede estar allí. Porque, como dice ella, esta Feria no se olvida. Se lleva dentro.



