ASÍ SUENA | Las serpientes ya no mienten

Artículo de opinión de Humberto del Horno

(Las serpientes ya no mienten, solo endulzan a la gente; de esto no puede salir nada bueno   Las serpientes – Second)

   Tengo que viajar en el tiempo nueve años atrás para enhebrar el hilo desde el que estirar esta tribuna. Acompáñeme. Agosto de 2016 en el calendario; el escenario, una modesta redacción de noticias en el Casco de Toledo; el contexto, una aburrida tarde de pocos titulares y mucho calor. 

   Este humilde periodista, ya director, recordó entonces y en plena crisis de creatividad la llamada de una de sus compañeras, quien días antes, y pese a estar ya en su descanso vacacional, le contó cómo en su Fuenlabrada natal había estallado una pequeña batalla veraniega sin importancia. 

   Y todo para contar que unos amigos, recientes padres primerizos, se fueron a la guerra contra el funcionariado del Registro Civil donde quisieron inscribir al recién nacido ante la negativa de la administración de aceptar que ‘Lobo’ fuera su nombre de pila. Y, qué diablos, la tarde estaba aburrida, y lo que parecía un asunto absurdo, acabó ilustrando un teletipo. 

   El monstruo había nacido, solo había que alimentarlo, y el primero en amamantarlo fue el entonces secretario general (y eurodiputado) de Podemos, partido que casi no se había quitado los precintos y que lucía cinco escaños en el Parlamento Europeo y un futuro por escribir. Su mensaje en lo que entonces se llamaba Twitter fue suficiente para colocar el titular de una tórrida tarde veraniega en debate nacional, y el resto, es historia. 

   Los meses de agosto, los de cuando yo estudiaba este oficio en aquella época de mucho papel y poca pantalla, la profesión, (dejando a un lado la disciplina del periodismo deportivo), solía acompasarse con el ritmo del ciclo político. Cuando un periodo de sesiones terminaba y las cámaras, la Baja, la Alta y las regionales, echaban la persiana hasta el ‘Dios dirá’ que traía septiembre bajo el brazo, las redacciones de los medios de comunicación se llenaban de meritorios al mismo tiempo que sus páginas y ondas hacían hueco a otras historias. 

   Relatos que, en ausencia de cosas que se tienen por importantes, ganaban brillo al mismo tiempo que los decibelios de sus señorías se diluían entre las olas de calor de agosto. 

   Al fenómeno de ver cómo la banalidad gana protagonismo en la escala de los valores que ha de tener una noticia por el simple hecho de que agosto abría poco el abanico de la competencia se le vino a acuñar ‘Serpiente de verano’, una alusión que, según explicó el gran Javier Ortiz, se debe a la agosticidad con la que los medios escoceses resucitaban al Monstruo del Lago Ness cada estío. 

   En la era del ‘click bait’, esa en la que ganan recorrido las noticias que no lo son y generan más ‘clicks’ las falacias que apelan al estómago que las noticias escritas con cabeza o las opiniones de corazón, este concepto veraniego afronta su pequeño declive. O no. Una serpiente siempre da sus últimos coletazos. 

   Y aquí estamos, en agosto de 2025, cuando en esta región, y en apenas seis días, ya tenemos a las dos primeras de las serpientes reptando. 

   La primera de ellas en forma de cura desde un púlpito de Valdepeñas, pronunciando una misa que terminó en alegato de sentido común que, aún así, ha generado debate, sobre todo entre aquellos que no entienden el mensaje de que el empresariado del campo debe de respetar los derechos de los temporeros migrantes que recogen la fruta que los de aquí no recogen. 

   La segunda, más serpiente y menos prosaica, se hizo carne en la figura de un ser despreciable que ganó su minuto de fama por vejar a una anciana a la que prestaba servicio en una residencia de Azuqueca de Henares. 

   Curioso que siendo una serpiente quien desatara el Pecado Original, el reptil bueno de la historia sea en esta ocasión un sacerdote. Igual de significativo que ver cómo, quien en teoría ha de cuidar a quien ya lo ha dado todo, se termine por convertir en una víbora. 

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