ASÍ SUENA | La misma de ayer 

Artículo de opinión de Humberto del Horno

  ((Te equivocas al pensar que he cambiado, sigo siendo la misma de ayer   No cambié – Tamara, o Ámbar, o Yurena, según se mire))

   Fue el catedrático en Sociología Fermín Bouza, quizá el mejor de todos los profesores a los que me enfrenté en mi época universitaria, quien acuñó la teoría de ‘Telenovelización de la política’. En una reflexión que cogió forma de auténtico ‘magnum opous’, supo explicar cómo el ‘voyeurismo’ televisivo de los programas del corazón empezó a calar, poco a poco y de forma tan sibilina como venenosa, al plano de la escena política nacional. Y en esas estamos. 

   Y lo hizo en una de sus grandes reflexiones colectivas en las que convertía sus clases desarrollando el concepto de ‘nacionalmironismo’, colocando al mirón solitario como un producto de las «insuficiencias psicosociales de una sociedad avanzada». 

   Una sociedad, de lo que más sabe don Fermín, que según su doctrina, hace casi tres décadas barría la mayoría de las formas identitarias clásicas dando como resultado los programas del corazón, «reducto de los nostálgicos del viejo régimen que encuentran en la televbasura un retorno a la comunidad, a la intimidad compartida, al cotorreo pueblerino». 

   La explicación del señor Bouza cayó en los hombros de este proyecto de periodista cuando arrancaba el presente siglo, en la misma época en la que el fenómeno del ‘Tamarismo’ hipnotizaba a la España de los mirones. Un momento de la historia de la televisión que, con sus propios personajes, luces y sombras, guarda similitudes un cuarto de siglo después con la agonía televisada de una clase política nacional que ha cambiado las histriónicas portadas de revista por prensa afín (la de cada uno) y los platós por el Congreso.

   Y a rebufo del éxito de ‘Superstar’, la recién estrenada obra maestra de Nacho Vigalondo que radiografía aquél fenómeno y ya merendada por un servidor de ustedes, me acuerdo del viejo profesor, que como si del vidente de la fruta se tratara, hace más de 20 años vaticinó que la política vendría a convertirse, poco a poco, en una pelea por la espectacularización que vendría a desprestigiar todo lo demás. 

   Es por ello que el insulto y la hipérbole son más rentables en términos de sufragio que la gestión o la pura acción política. Vende más llamar ‘Hijo de puta’ al presidente del Gobierno y hacer camisetas con el lema después que defender la conciencia de clase, y así nos va. 

   Pero, con todo, la comunicación política y quien la ejerce no ha cambiado tanto. Vende más apuntar al estómago que al corazón a la hora de convencer al electorado, será por eso que hasta el beso no contentido de Luis Rubiales se monetizó en términos de intención de voto. Y con el ‘No cambié’ como hilo musical sobre el que apoyar toda esta reflexión, no veo ninguna puerta abierta por la que se cuele la esperanza. Y no la hay por el sabor a empate técnico en el tablero de la corrupción con el que los dos grandes partidos que rigen este país se van de vacaciones. PP y PSOE pueden ahora enarbolar argumentarios con el ‘Y tú más’ como telón de fondo, y ni tan mal. 

   Empezará el otoño enseñando el camino a un nuevo ciclo electoral que arrancará en Andalucía y, en menor medida, en Castilla y León, perverso pistoletazo de salida que dejará en manos del azar o de la UCO el futuro de los gobernados.

   Ya solo nos queda seguir siendo los mismos y no sufrir por su querer. 


Humberto del Horno

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