Leyenda y tradición antigua, ha sido recuperada en Albacete

La Cofradía del Silencio y Santo Vía Crucis recupera la tradición de la Cruz de Mayo en Albacete

La Cofradía del Silencio y Santo Vía Crucis de Albacete ha retomado este año una de las tradiciones más antiguas y simbólicas de la primavera: la celebración de la Cruz de Mayo, una expresión popular de religiosidad y cultura que durante siglos ha formado parte del sentir de distintos municipios españoles; entre ellos Albacete.

La Cruz, engalanada con flores naturales siemprevivas, mantones, elementos litúrgicos y otros símbolos tradicionales de la Cofradía, puede visitarse en la Casa Hermandad de esta cofradía de Albacete, situada en la calle Puerta de Murcia 1 bajo, en horario de 18:00 a 20:30 durante los días 2 y 3 de mayo. La bendición tuvo lugar ayer tarde a las 19:00 por parte del Consiliario y Párroco de la Purísima, José Antonio Abellán Jiménez.

Con esta iniciativa, la Cofradía quiere no solo recuperar una manifestación piadosa muy arraigada en otras zonas de España, sino también ofrecer a la ciudadanía de Albacete un espacio de recogimiento, belleza y tradición en torno a la simbología de la Santa Cruz.

«Para nosotros es una forma de unir fe, arte y comunidad, y de mantener viva una parte del patrimonio cultural que tanto significa para nuestra Cofradía», señalan desde la Junta de Gobierno.

Desde la cofradía animan a todos los vecinos y visitantes de Albacete a acercarse durante estos días a contemplar la Cruz, compartir este momento especial y disfrutar de una tradición que vuelve a florecer en el corazón de la capital manchega.

Cruz del Mayo del Silencio

Las Cruces de Mayo son una tradición popular que se remonta a la edad media, conmemorando el hallazgo en el año 326 de la Vera Cruz donde murió Cristo, atribuido a Santa Elena -madre del emperador Constantino- en su peregrinación a Jerusalén. Esta celebración desaparece tras el Concilio Vaticano II. No obstante en España, las primeras referencias de celebraciones de Cruces de Mayo datan del siglo XVII, con la aparición de las hermandades en torno al símbolo cristiano de la Cruz.

Se celebran alrededor del 3 de mayo, fecha del hallazgo de la Vera Cruz. Aunque el protagonismo formal de la Cruz es más que evidente, se trata de un claro ejemplo de los procesos de cristianización que han sufrido los ancestrales ritos primaverales relacionados con el culto a los árboles y el poder simbólico de regeneración que representa la primavera.

Con el tiempo, se ha convertido en una manifestación popular y religiosa que se celebra en torno a la Cruz de Cristo, extendiéndose a muchas poblaciones españolas.

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