La presión a las puertas de las clínicas acreditadas para la interrupción del embarazo no ha cesado desde que en abril del año pasado se aprobara la ley que penaliza el acoso a las mujeres que van a abortar y la asociación ACAI teme que este hostigamiento se recrudezca con la campaña «40 días por la vida» que ha comenzado esta semana.
Así lo traslada a EFE el asesor jurídico de las Clínicas Acreditadas para la Interrupción del Embarazo (ACAI), José Antonio Bosch, que lamenta que la norma no ha acabado con el acoso que sufren diariamente mujeres y profesionales sanitarios y que reclama que se establezca un perímetro de seguridad entorno a estos centros como única solución para frenar el acoso.
Barcelona, Córdoba, Gijón, Albacete y Madrid
Este jueves, ACAI tenía constancia de la presencia de grupos antiabortistas en clínicas de Barcelona, Córdoba, Gijón, Albacete y Madrid -donde sucede a diario- en las clínicas de El Bosque y la Dátor.
La acciones son de distinto carácter y van desde rezos hasta insultos a las mujeres, con gritos de ‘asesina’, como los ocurridos esta semana en la clínica El Bosque, donde tuvo que intervenir la policía.
Pero a pesar de eso, Bosch señala que aún no se ha producido ninguna condena por este tipo de actuaciones -motivado en parte porque la ley lleva en vigor pocos meses- aunque augura que habrá «poquísimas condenas si es que llega a haber alguna», ya que el delito que contempla la ley es «de muy complicada acreditación».
Además, señala que estos grupos, como los autores de la campaña «40 días por la vida», que desde su web llaman a acudir a rezar durante el periodo de cuaresma para «acabar con el aborto a nivel local mediante la oración, el ayuno, la sensibilización de la comunidad y una vigilia pacífica, diaria y constante frente a los abortorios», cuentan con un manual en el que explican lo que se debe hacer y lo que no para evitar las multas.
De hecho, en verano varias de estas personas señalaron en redes que habían sido multados con 600 euros por rezar frente a la Dátor y la asociación Abogados Cristianos sacó una guía para apoyarles.
Así que Bosch tiene claro que «a día de hoy no van a cesar en el acoso», aunque sí reconoce que desde la aprobación de la ley, las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado están mucho más concienciadas.
«Antes te decían que si no venía la mujer a denunciar, ellos no podían acudir y desde abril, en la mayoría de las poblaciones españolas, cuando llamas para decir que están acosando, mandan una patrulla», explica.
De cara a esta campaña antiaborto, Bosch advierte de que las clínicas denunciarán «donde se pasen un pelo», pero se muestra escéptico.
Y elogia la decisión del juzgado de instrucción número 1 de San Sebastián, que el pasado 7 de octubre dictó medidas cautelares en el caso de una clínica que denunció que se estaban anunciando actos de acoso y pidió medidas para evitarlo. El juez decretó la prohibición de acercase al centro a las personas denunciadas.
La actividad de la campaña «40 días por la vida» es ya evidente en ciudades como Valladolid, donde pequeños grupos, de no más de cuatro personas, hacen guardia en las últimas horas frente a una clínica abortiva para «rezar por las mujeres, sus hijos y los médicos» y, especialmente, para que ellas «recapaciten y piensen» la «atrocidad» que van a acometer.
Así lo asegura a EFE Feli, una de las tres mujeres que este jueves «vigilan», como ella misma dice, para que toda mujer que acude a la clínica vea los mensajes que cuelgan en forma de pancarta sobre sus cuellos, en los que se puede leer «No estás sola, podemos ayudarte».
«Bueno, más que vigilar, rezamos», dice la mujer, que prefiere no identificarse con sus apellidos, al igual que las otras dos que le acompañan, que manifiestan no pertenecer a ningún grupo religioso ni asociación: «Nos hemos conocido aquí», expresa otra de las mujeres, Pilar.
Nacido en Estados Unidos, este movimiento antiabortista denominado «40 días por la vida» también ha tenido su eco en más de una veintena de ciudades de toda España.
Preguntadas por si pretenden influir en la decisión de las mujeres embarazadas, lo que podría interpretarse como una coacción, ellas se defienden y consideran que «no hacen nada malo, tan solo rezar e informar». De hecho, todas ellas han firmado una declaración por la que se comprometen a no molestar ni increpar a las embarazadas, lo que supondría un delito según la nueva reforma del Código Penal.
Esta campaña ha sido elogiada, entre otros, por el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, que en su carta semana ha mostrado su «apoyo de corazón» a la «valiente iniciativa que se desarrolla desde el Miércoles de Ceniza hasta el Jueves Santo para «hacernos caer en la cuenta de la tremenda desgracia del aborto, al que no debemos acostumbrarnos -sostiene-«.

