En la tarde de este jueves las imágenes que acompañan esta información llegaban a la redacción de El Digital de Albacete enviadas por un lector que denunciaba el estado en el que se encontraban los lineales que deberían albergar los bricks de leche y las botellas de aceite en un conocido supermercado de la capital manchega.
Como se puede apreciar, dichas estanterías están totalmente vacías en lo que a la leche de vaca y el aceite se refiere, pudiendo únicamente los clientes optar por bebidas de origen vegetal que simulan a la leche. En el caso de las estanterías del aceite, solo algunos envases aguantaban todavía a la venta.

Obviamente, ese estado de los lineales responde a la huelga de transportes que España lleva sufriendo ya 11 días y que está haciendo que las reservas de los establecimientos se vean muy mermadas y la ausencia de productos se vaya haciendo cada vez más patente.

A pesar de que se han establecido corredores y convoyes para que los transportistas que no secundan la convocatoria puedan atender sus desplazamientos, estas medidas son totalmente insuficientes y el impedimento de la libre circulación de mercancías está generando un problema de suministro en las explotaciones ganaderas, en la industria y en los comercios.
Cada día que suma la huelga, la ganadería tiene más dificultades para alimentar al ganado por la entrara irregular de materias primas a las granjas, situación que además pone en riesgo el bienestar de los animales. Además, la recogida de leche tampoco es normal y los ganaderos se ven obligados a tirar la producción en sus explotaciones ante la imposibilidad de almacenarla por su carácter perecedero.
La situación de huelga está ralentizando la actividad de las industrias lecheras y, como ya se palpa en los supermercados, dificulta el abastecimiento de un producto tan básico como la leche.
Las hortalizas frescas también están comenzando a verse amenazadas, ya que por ejemplo la fresa se encuentra en plena campaña de recolección en muchas zonas de Andalucía, al igual que las hortalizas bajo plástico como el tomate, el calabacín o la berenjena, por tanto, el impedimento de la libre circulación entorpece la salida de estos alimentos, que no se pueden guardar más tiempo del necesario por su carácter perecedero. A ello se suma que, tras diez días de huelga, las cámaras de los centros de manipulación están saturadas y ya no pueden asumir más producto.

