La pasada semana la Diócesis de Albacete despedía al sacerdote Gerardo Garrido Ibáñez, quien fallecía en la Casa Sacerdotal de la capital donde residía. Así, su sobrino, con el que compartía nombre, le dedicaba un emotivo texto recordando la figura personal, humana y espiritual de este sacerdote albaceteño:
“Gracias Señor por nuestro sacerdote Don Gerardo Garrido Ibáñez, mi querido tío Gerardo, que falleció el primer viernes de este mes de julio después de una vida entregada a Dios en los hombres.
Los lazos familiares le marcaban, nos quiso mucho y nos lo supo demostrar, pero se entregó a todos, sin distinción, con su trato cercano, totalmente accesible, atento a las necesidades de los que se encontraban con él, ya fuesen necesidades de tipo material o espiritual.
Era imposible dar un paseo con él por Albacete sin detenerse constantemente por el cariño que le demostraban a cada paso sus feligreses, alumnos, militares y trabajadores de la Base Aérea, amigos de toda clase y condición.
Dócil a la acción del Espíritu Santo en su vida, supo dejarse hacer y estar disponible para cualquier iniciativa de la Iglesia en la que fuese necesario. Siempre ocupado, siempre activo, y cerca de las periferias de las que nos habla hoy el Papa Francisco.
¡Qué gran amor le tenía a la Virgen María!, creo que este bien podría ser su otro apellido en el cielo, Gerardo de María, a la que siempre invocó en cada necesidad, siempre presente en su oración como su intercesora ante Dios. A ella le pidió, en un trance cercano a la muerte, que pudiese permanecer algo más en la vida para poder atender a sus padres ya mayores, la Virgen del Perpetuo Socorro le sostenía en sus brazos; así nos contaba su vivencia una vez recuperado.
El amor a Cenizate y su Abuela Santa Ana marcó también su vida; agradecido siempre a sus padres, que tan joven le enviaron al seminario, conoció también el trabajo del campo en esos veranos después de los densos estudios -‘de todo hay que hacer en esta vida’ decía -, también el amor a sus condiscípulos con los que le unía una gran amistad.
Recorriendo un poco la vida que conocí de mi tío pienso que fue el amor el hilo conductor de esta y lo que le permitió que fuese plena y llena de acción; incluso en su última etapa residiendo en la Casa Sacerdotal donde tan bien tratado se sintió fue para mí ejemplo de aceptación de la voluntad del Señor”.


