No quisiera ser pesado con análisis sesudos del resultado de las elecciones en Madrid el pasado 4M. A estas alturas, se habrán cansado ya de escuchar opiniones sensatas, otras extravagantes, también sectarias y de las que ni chicha ni limoná, las que aportan poco. Algo sí me apetece contar, que no es ni más ni menos que opinión, de la que también, sin duda, podría encuadrarse en cualquiera de los epígrafes anteriores o de algún otro que pueda crearse. Algo sí puedo afirmar con rotundidad: la mía no obedece a ningún dictado, ni lleva implícito sueldo alguno.
Venía contándoles que algunos de tanto criticar a Isabel Díaz Ayuso la estaban haciendo muy grande, con una extraordinaria popularidad y ganando adeptos cada día, desde el momento que ponía en marcha toda su artillería, de palabra y de obra.
Una máquina de ganar partidarios y por tanto votos. Los que la criticaban a todas horas, a cualquier hora del día, han contribuido notablemente a ello y los que la alababan apuntalaban esa proyección. No es posible que sea tan buena ni tan mala en todo, tendrá virtudes, pero algún defecto también, en los modos de gestión, quiero decir, nunca me refiero al terreno personal. He recordado en alguna ocasión que una noche en Hora 25 de la SER, le preguntaron al presidente Page por la campaña de Ayuso, por las “cosas” de Ayuso y zanjó la pregunta de un plumazo: ni bueno, ni malo, ni regular. No entró al trapo y diría que hizo muy bien. Ya que hablo de Page, para traer paralelismos, no puedo evitar recordar, una vez más, la campaña atroz de acoso y derribo que le hizo Nacho Villa en tiempos del PP. Fue brutal, descarada, ignominiosa, sucia, calumniadora. Cerca, fichado por el inefable Villa estaba el actual alcalde de Albacete, Vicente Casañ. Entre todos, había muchos más, algunos ahora tapados, formaban un núcleo duro que solo tenía un objetivo: hacer daño y destruir a Page, para que no ganase las elecciones. ¿Saben lo que pasó? Cuando la ciudadanía tuvo la oportunidad de votar le dieron la victoria y la última por mayoría absoluta. Otro día les contaré lo que hicieron algunos de ese núcleo duro, cuando los despidieron, se fueron a los tribunales y se llevaron una pasta gansa a su casa. Encima, dinero de todos para la buchaca. Menos mal que la gente está muy por encima de los montajes, de las entrevistas pagadas, de los opinadores a sueldo y por mucho que se empeñe un medio de comunicación, a todas horas con la matraca, el voto es sagrado y muchas veces inversamente proporcional a lo que lo predicadores quieren inocularles en todo momento. Muchos medios de comunicación deberían reflexionar también sobre su papelón y sobre la poca o nula influencia que tienen algunos por el sesgo de lo que se cuenta.
Recordarán también lo “bueno” que era el anterior rector de la Universidad, Miguel Angel Collado, en determinados medios de comunicados. Entrevistas, parabienes, lisonjas, alguna que otra inversión publicitaria, todo a pedir de boca para crearle un envoltorio propicio de cara a una posible victoria. Pues no, llegó Garde y barrió. Ya hoy nadie se acuerda del exrector, quizás los estudiantes sí, los que hubiesen agradecido que, en lugar de campañitas, les hubiesen bajado o perdonado las matrículas, a aquellos con más dificultades para hacer el desembolso.
Son ejemplos que sirven para aplicarse el cuento y que los partidos tomen nota, los mayoritarios, los que tienen posibilidades de victoria y a veces cierran los ojos ante la aberración. Las victorias apabullantes llegarán por la vía de la política integral: gestión, liderazgo personal, mesura en el gasto, preocupación por lo cotidiano y lejos de la mínima sospecha de corrupción. Sin estos ingredientes y otros, se dejará espacio por la derecha e izquierda, para que afloren partidos que quizás con una buena dosis de demagogia, hagan su agosto.
Ahora hay quien quiere posicionar la victoria de Ayuso que ha sido apabullante, como algo personal, sin tener a cuenta a su partido ni al líder de su partido, Pablo Casado. Sinceramente pienso que ha ganado Ayuso, el PP y Pablo Casado. Otros quieren hacer ver que Ayuso será una china en el zapato para Pablo Casado, sería una descastada si ahora cruzase la linde o invadiese terrenos que no le competen. No creo que vaya a ser así, la fichó Casado, a dedo, en contra incluso de la opinión de otros dirigentes.
Ahora mismo se está viviendo una exaltación política en el PP que todo el mundo quiere una Ayuso en su vida. En estos momentos tiene un gran capital político a su disposición, ahora hay que administrarlo, ahora hay que trabajar bien, ahora hay que gobernar para todos, la confianza igual que te la dan te la quitan y en dos años habrá elecciones. Ahora viene lo complicado: hay que gobernar. Hasta ahora, entre la pandemia, Iglesias en el Gobierno de Sánchez, la crisis, los bares, los autónomos, los empresarios, un sinfín de particularidades, en Madrid han reventado al unísono y de la mejor forma que han considerado ha sido dándole un apoyo brutal a una mujer que les ha caído bien. Los que votan a Ayuso no son unos gilipollas indocumentados y los que votan a Gabilondo saben muy bien lo que hacen. Ni mucho menos. Vale igual el voto a Ayuso que el de Gabilondo, lo que pasa es que los votos de la primera suman muchísimo más que los del segundo. Ahora podrán sacar lo del fascismo, con lo que poco que sabe la gente de “camisas negras” y del totalitarismo de Mussolini, pero la preocupación está en otras cuestiones que no repetiré por obvias. Es que la gente habla en la calle de lo que habla Ayuso y lo de encontrarte a tu ex o no, puede provocar una sonrisa, pero es así, puede ser una simpleza, pero no molesta, no hace daño, no ofende. Dejen a Ayuso gobernar, se lo ha ganado y dentro de dos años de nuevo a las urnas. No quieran ahora una Ayuso para CLM porque ya está Núñez que es el líder del partido y por tanto será el candidato. Una líder como Ayuso puede ser buena en un momento determinado, en un lugar determinado, pero de ahí a verla ya como candidata a la Presidencia del Gobierno de España, media un abismo. No hay que volverse loco y situarlo todo en sus justos términos.
Otra consecuencia importante es que un partido que ya estaba en descomposición como Ciudadanos se fue a Murcia a liarla, sin motivo y allí don Teodoro García Egea con López Miras, le hicieron un traje a doña Inés, que es de ese tipo de personas, sea hombre o mujer, en este caso mujer, que piensa que, con la carita de no haber roto un plato en su vida, pero con venganza interior, puede hacer uno lo que quiera. Le han dado hasta decir basta, ahora quiere hacer una Convención en julio para que la vitoreen y asciende a quien ha perdido las elecciones en Madrid. Nunca se vio mayor despropósito. Los de aquí, en Castilla-La Mancha, estarán echando cuentas y pensarán que ¡viva Cartagena! Una vergüenza.
El PSOE no puede confiarse, es verdad que en CLM tienen una base muy sólida, un líder indiscutible como Page y sabiendo lo que se lleva entre manos. No están en el momento más dulce, pero en ciudades como Albacete tienen dos años por delante para amarrar los cimientos y con alcalde socialista, la hoja de ruta puede cambiar y me aseguran que va a cambiar. Quizás no se estén dando cuenta, o aunque se den, no lo corrigen con determinación, que el daño que les está haciendo Ciudadanos puede ser casi similar al de Pablo Iglesias a Pedro Sánchez en España. Ha sido una gran noticia para la izquierda de este país que Iglesias se vaya y en otra medida, pero también puede serlo que, en Albacete, los tres o cuatro que quedan “vivos” del partido naranja pasen al ostracismo. En Albacete, el PSOE ahora mismo no lo tiene bien, el PP sí, con VOX. Todo es susceptible de mejoría y también de empeoramiento. Lo veremos.
Madrid no es España, pero Madrid influye en España.

Ángel Calamardo
Twitter: @AFCalamardo


