Una avería en El Provencio fue la primera desgracia que les condujo a una brutal y salvaje muerte por error

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/El Digital de Albacete/

Esta es la historia de Luis Montero, Luis Cobo y Juan Mañas, 3 jóvenes que el 9 de mayo de 1981 fueron brutalmente asesinados por un  agente, un Teniente Coronel y un Teniente de la Guardia Civil cuando viajaban desde Santander a Almería para asistir a la comunión del hermano de uno de los fallecidos. ¿El motivo?, confundirlos con un comando etarra y, según apuntan diversas crónicas periodísticas de la época, las ansias por parte de los guardias civiles de querer colgarse un gran mérito en la Institución en forma de medallas. En este horrendo pasaje de la transición española, Castilla-La Mancha y varios castellano-manchegos tuvieron un papel importante y de una manera u otra acabaron marcando el triste devenir de estos 3 jóvenes inocentes.

Para ponernos en situación hay que remontarse al 8 de mayo de 1981, cuando los etarras  Mazusta, Bericiartúa y Goyonoeche perpetraron un atentado terrorista en Madrid contra el teniente general Joaquín de Valenzuela, que en aquel momento era el jefe de la Casa Militar del Rey Juan Carlos I. Para ello, utilizaron una motocicleta que siguió al Dodge Dart del Ejército de Tierra en el que viajaba el militar y, cuando estaban parados al lado de él en su semáforo, dejaron sobre el techo del vehículo un artefacto explosivo que deflagraba segundos después y que sesgó la vida del Teniente Coronel Guillermo Tevar Seco, el suboficial de la Guardia Real Antonio Nogueras García y el soldado conductor Manuel Rodríguez Taboada, miembro también de la Guardia Real. El general Valenzuela, objetivo principal del ataque etarra, sufrió graves heridas pero no perdió la vida. Igualmente resultaron heridos veinte viandantes que en aquel fatídico instante paseaban o circulaban por la madrileña calle Conde de Peñalver.

Mientras esto sucedía en Madrid, Luis Montero, Luis Cobo y Juan Mañas preparaban sus maletas para emprender viaje desde Santander a Pechina, en la provincia de Almería y de donde era natural Juan Mañas, para asistir a la comunión del hermano pequeño de éste. Algo muy alejado de nada que tuviera que ver con comandos terroristas y ansias de matar.

Así pues, el 9 de mayo del 81 los tres jóvenes se echaron a la carretera y emprendían el largo viaje que separa Santander de Pechina cargados de ilusión por el reencuentro con sus familiares y sin imaginarse que serían los protagonistas de esta cruel historia. Y ni mucho menos que miembros de la Guardia Civil les acabarían brindando una muerte llena de salvajes torturas y errores.

Habían dejado atrás ya un buen número de kilómetros cuando el Seat 127 en el que viajaban sufrió una avería en El Provencio, en la provincia de Cuenca y localidad cercana al límite provincial con Albacete por la zona de Villarrobledo, siendo ese el primero de los problemas que les llevaría finalmente a morir entre durísimos castigos a manos de los 3 citados guardias civiles; como así recogió la sentencia del Juez tras el proceso motivado por este caso.

Tras la avería en El Provencio, los jóvenes decidieron ir hasta Alcázar de San Juan (Ciudad Real) para alquilar un coche y continuar su ruta hasta Pechina y así lo hicieron, dando todo tipo de detalles del motivo de su viaje a la empleada que les gestionó todos los trámites para poder alquilar el vehículo y reemprender la marcha rumbo a tierras almerienses a lomos de un Ford Fiesta. ¿Daría tantos detalles un comando terrorista?, se preguntan a día de hoy todavía los familiares y amigos de los 3 jóvenes asesinados.

Dejamos apartados a un lado por el momento en el relato de esta historia a Luis Montero, Luis Cobo y Juan Mañas y nos vamos de nuevo a Madrid, donde todo el estamento militar estaba conmocionado tras el atentado cometido horas antes al Teniente General Joaquín de Valenzuela y se buscaba por todos los medios a los 3 etarras que habían protagonizado la acción terrorista.

En los medios de comunicación de la época la foto de los 3 etarras copaba todas las portadas y ello jugó en contra de los 3 jóvenes, ya que un taxista de Manzanares creyó reconocer a los etarras cuando los vio en la provincia de Ciudad Real alquilando un coche y dio aviso a la Guardia Civil de ello. De ahí en adelante, la vida de Luis Montero, Luis Cobo y Juan Mañas dio un giro radical y sus horas de vida pasaron a estar contadas.

Con un dispositivo de la Guardia Civil montado para intentar dar con su paradero, el vehículo alquilado en el que viajaban los 3 jóvenes fue interceptado por la Benemérita en Roquetas de Mar (Almería), siendo inmediatamente detenidos a punta de pistola mientras realizaban unas compras en un establecimiento de la localidad almeriense y llevados a dependencias de la Guardia Civil .

Con plena convicción de tener a los autores del atentado a Valenzuela, la Guardia Civil de Almería cometió numerosas irregularidades desde el mismo instante en el que los detuvo, ya que como se recoge en la sentencia que condenó a los autores de la vil matanza, hubo procesos de identificación erróneos, situaciones anómalas y multitud de fallos pueriles por parte del Instituto Armado almeriense.

Así pues las torturas comenzaron en la comandancia de Almería, donde a base de golpes y otras dolorosas técnicas los 3 guardias civiles condenados intentaron hacer confesar a los 3 jóvenes que ellos eran los etarras buscados y causantes del atentado contra Valenzuela.

Como los jóvenes no reconocían tales extremos ya que no eran ellos, las torturas y las técnicas de castigo fueron subiendo de nivel y los 3 detenidos fueron transportados al cuartel abandonado de Casafuertes de Retamar, en el Cabo de Gata y desde donde varios pescadores de la zona escucharon los desgarradores gritos de dolor que se desprendían de las gargantas de los jóvenes a cada golpe y tortura por parte de los 3 procesados. Fue tal la crueldad de las acciones que Luis Montero, Luis Cobo y Juan Mañas acabaron muriendo a base de torturas. Después, para asegurar su muerte y tras darse cuenta del flagrante error, fueron tiroteados por los miembros de la Guardia Civil condenados. Hecho que también les serviría más tarde de excusa a los agentes para intentar justificar la muerte de los 3 jóvenes a sus manos.

La Guardia Civil alegó para justificar la muerte que los jóvenes habían intentado escapar esposados cuando eran trasladados desde Almería a Madrid en Caravana por la carretera de Gérgal para ser entregados en la Dirección General de la Guardia Civil y por eso habían tenido que abrir fuego contra ellos para abatirlos; extremo cuya escasez de veracidad quedó confirmada en el juicio y recogido en la sentencia que condenó a los guardias civiles autores de tal matanza. Como dato, sirva decir que según recogen los diversos informes e investigaciones oficiales de la época, al día siguiente de las torturas el cuartel abandonado donde se produjeron apareció completa y minuciosamente limpio a pesar de llevar años y años dejado a su suerte y sin presencia humana alguna.

Tras el juicio, quedó probado que los Guardias Civiles acabaron con la vida de estos tres jóvenes a base de torturas y fueron condenados a 24, 15 y 12 años de prisión respectivamente.

Hasta la sentencia no se pudo demostrar la veracidad del desarrollo de los acontecimientos, ya que debido a la gravedad de los hechos se intentó tapar tanto por parte de la Guardia Civil como del Gobierno, afirmando incluso el Ministro del Interior que la muerte de los 3 jóvenes se había debido a un accidente de tráfico. Extremo que, obviamente y tras el juicio, quedó desmentido.

Durante el juicio y relacionado con Castilla-La Mancha, el acusador particular se refirió con palabras duras a los ciudadanos de la provincia de Ciudad Real que denunciaron la supuesta presencia de terroristas sin asegurarse de ello y censuró fuertemente la actuación de la Guardia Civil de Ciudad Real en su tarea de investigación sobre la errónea denuncia.

A este respecto, resaltó que en la tarde del viernes, día 9 de mayo de 1981, antes de ser detenidas las víctimas en Roquetas, la Guardia Civil de Ciudad Real ya disponía de una fotografía de Luis Cobo, enviada a través del sistema Dex (fotocopiadora telefónica) por la comisaría de policía de Santander.

La familia Mañas ha solicitado en varias ocasiones que su hijo y sus dos compañeros sean reconocidos como víctimas del terrorismo, pero siempre han recibido la callada por respuesta por parte de todos los organismos a los que se han dirigido desde hace más de un cuarto de siglo.

En este 2021 se cumplirán 40 años del trágico suceso.

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