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Las UCI de la segunda ola: sube la presión a pesar de la experiencia

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La primera oleada del coronavirus generó una sensación de desbordamiento y pérdida de control en las unidades de cuidados intensivos (UCI), pero en la segunda la experiencia, el refuerzo de materiales y plantillas y el mayor conocimiento de la enfermedad hacen más llevadero el día a día de los sanitarios pese a que las cifras superan las del estado de alarma.

Lo cuentan a Efe los profesionales de la UCI del hospital Morales Meseguer, de Murcia, que entre marzo y mayo de 2020 fue el que tuvo mayor presión por la pandemia de toda esa comunidad, con hasta 60 pacientes con covid al mismo tiempo y un pico de 22 ingresados en UCI un solo día, cuando en circunstancias normales en el hospital solo hay 18 de esas camas.

Actualmente, la presión es más fuerte en otros hospitales de la región, como el Rafael Méndez, de Lorca, a pesar de que las cifras han igualado las de ese pico: este 16 de octubre había ingresados 14 pacientes con coronavirus en esa UCI y otros 45 más en planta, 59 en total.

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Una de las grandes diferencias, explica Andrés Carrillo, jefe de ese servicio hospitalario, está siendo el tiempo en el que se producen esas cifras: en apenas mes y medio ingresaron los 32 pacientes que pasaron por UCI por covid antes del verano, frente a los 60 que lo han hecho ya en los dos últimos meses.

«En abril hubo un pico muy claro, un número máximo de ingresos durante una semana que después cayó inmediatamente. Esta vez el nivel de ingresos lleva más de 15 días estancado en cifras muy altas, con una media de ocupación de la UCI de entre 14 y 17 pacientes a diario. Los enfermos covid no han superado el número de camas, pero la presión asistencial es mucho más alta, y mucho más larga», asegura la coordinadora de trasplantes del servicio, Ana Renedo.

Una presión asistencial que se ve agravada además por el hecho de que en esta segunda oleada no se ha «parado el mundo», como ocurrió en marzo, es decir, que el hospital sigue funcionando para el resto de patologías, apunta el gerente del área de salud, Andrés Carrillo, que recuerda que ya en la primera oleada se puso en marcha un plan de contingencia que ahora está a pleno rendimiento.

El plan consiste en ampliar las camas de cuidados intensivos: las 18 del hospital están ahora reservadas para personas con coronavirus, pero hay otras 13 habilitadas en el área de reanimación y 16 más en el hospital de día quirúrgico.

Durante el estado de alarma, todas ellas estaban «en la reserva» por si se necesitaban para nuevos pacientes de la pandemia, pero ahora están ocupadas por enfermos graves no quirúrgicos (los que, por ejemplo, sufren un ictus) y por personas operadas que requieren ese servicio, actividades que se redujeron al mínimo en primavera.

«La capacidad de la UCI no está superada por los pacientes covid, pero hay una media de otros 10 enfermos atendidos en ella por otras dolencias y cada día hay que atender a unos 25 pacientes para un servicio que era de 18. Hay mucha presión», resume Renedo.

Francisco Martínez, enfermero de ese servicio desde que se inauguró en 1995, también se refiere a ese sobreesfuerzo diario, pero asegura que la situación está más aliviada que al comienzo de la pandemia, cuando «la sensación era de miedo, de inseguridad, caótica… de desesperación total».

En estos meses, afirma, se han dado pasos fundamentales: ya no hay falta de equipos de protección individual (EPI), se han establecido protocolos claros de atención e incluso se han reforzado las plantillas, aunque no en número suficiente, coinciden todos los profesionales, por la falta de médicos y enfermeros generalizada en toda España.

También hay un mayor conocimiento de la enfermedad, de cómo evolucionan los pacientes, de los posibles tratamientos farmacológicos…

Los sanitarios se han acostumbrado a trabajar desde la incomodidad y con las dificultades que suponen los EPI y todo ello, lejos de rebajar la carga de trabajo, la ha hecho más intensa, porque ha aumentado la «exigencia en la calidad del tratamiento y de los cuidados», apunta Martínez. «Los turnos son más exigentes, pero se trabaja mejor», concluye.

La imposibilidad del contacto humano, uno de los grandes hándicap que los sanitarios lamentaban en la primera oleada, también se está sorteando en esta segunda: «Hemos aprendido a comunicarnos a pesar de llevar puestos los EPI, tanto entre los sanitarios como con los pacientes».

«Y hemos cambiado la política de visitas, que desaparecieron por completo y ahora se han recuperado, con muchísimas limitaciones, pero permitiendo un cierto contacto con los familiares, porque es un esfuerzo que aporta beneficios tanto a los pacientes como a los trabajadores», apunta Renedo.

«Sabemos que esta segunda ola va a ser mucho más larga, ya estamos viendo que es más intensa. No diría que estamos sobrepasados, pero sí hay cansancio acumulado, mucha intensidad, y eso se nota», concluye.

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