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Una historia para no olvidar

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/Modesto Colorado/

La historia de María y José es una de ésas que no pueden quedar en el olvido, así lo sintió la hija de ambos, Vicenta Escudero Escribá, que a sus 85 años ha hecho realidad ‘Historia de una memoria’, y con ello, su propio sueño. Esta vecina de Elche de la Sierra ha publicado el que ya es su primer libro, en homenaje a sus padres y a toda una generación en tiempos de la República, Guerra Civil y Dictadura franquista.

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“Son recuerdos que tengo clavados en la memoria. Mis padres me transmitieron muy buenos valores y me siento muy orgullosa de ellos. Por todo esto quería que mis hijos, nietos y todas las personas que me rodean tuvieran conocimiento de todo aquello que nos tocó vivir”, nos cuenta Vicenta, recordando que su padre, José permaneció en prisión durante siete largos años; mientras que su madre, María, tuvo que luchar sola para sacar a sus tres hijas adelante con mucho trabajo y esfuerzo.

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“Mi madre iba a Ayna andando para comprar lana y venderla de estraperlo en los cortijos y las aldeas de la zona. También hacía cestos de esparto y cogía cáñamo, que arreglaba para luego venderlo. Era una auténtica buscavidas, pero así logró darnos de comer a todas y nunca permitió que mi padre pasara hambre en la cárcel”, asegura Vicenta, añadiendo que esto supuso una experiencia vital que marcó su manera de entender el mundo.

“Mi madre fue una madre coraje, en un tiempo en el que había mucha hambre. A nosotras, sus hijas, no les iba a faltar de nada, pero no por ello se iba a poner a servir en una casa donde los ‘señoritos’ no la trataran con dignidad por ganar cuatro perras. Era una mujer con unos ideales muy fuertes”, explica.

Un día, María iba acompañada de su hija Pilar, la pequeña de las hermanas, cuando una vecina quiso saber dónde iban. Pilar respondió: “a un sitio a ver a un hombre que dice mi madre que es mi padre”, y es que, en aquella época muchos hijos de los presos no conocían a sus padres e incluso no se querían acercar a ellos porque no sentían ese vínculo paternofilial. En el caso de Vicenta pasó todo lo contrario, ya que su madre, con tal de que no perdieran el calor de su padre, se preocupó de que fueran a verle a pesar de todas las dificultades que ello conllevaba. “Nos llevaba cada vez a una de las hermanas a ver a mi padre. Éramos muy pequeñas y nos íbamos desde nuestro pueblo a Liétor andando. Eran muchos kilómetros, pero teníamos tanta ilusión por ver a mi padre, que ni nos dábamos cuenta. Allí cogíamos una requenense que salía muy barata para ir a verlo a la cárcel de Albacete”, expone.

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A los presos los cambiaban de ciudad, por lo que cada vez se hacía más difícil el hecho de poder ir a verlo, ya que los viajes eran más largos y se tenían que realizar en medios de transporte más caros como el tren. “No había dinero para sacar los billetes, por lo que mi madre nos llevaba a escondidas debajo de los asientos del tren. Había niños que no querían ir así, pero nosotras aguantábamos todo el viaje con tal de ver a nuestro padre. Acabamos muy cansadas, pero era tal el ansia que teníamos por verlo que se nos pasaba. Mi madre de vez en cuando metía la mano y nos daba un caramelo, y nos tocaba para saber que estábamos bien y tranquilizarnos. Aunque parezca mentira no nos pillaron nunca”, destaca.

Cuando el padre de Vicenta volvió de la cárcel, después de siete años recluido, se montó una gran expectación en el pueblo, ya que todos le conocían, y nadie quería perderse su llegada. Vicenta recuerda que “mi madre nos puso muy ‘limpicas’ por la llegada de mi padre y había una gran rebolera en el pueblo. Yo era muy pequeña y estaba jugando y me ensucié, porque era una ‘saramuja’ que me metía por todas partes. Mi madre cuando me vio se enfadó mucho porque tenía que estar presentable cuando me viese mi padre y me dijo: ‘tira pa la casa’. Recuerdo que estaba en la puerta de mi casa y vi un camión con gente de pie en la parte de arriba, y salí corriendo como una bala. Había mucha gente detrás del camión para recibirlo. No se dieron cuenta ni de donde estaba hasta que me vieron agarrada al cuello de mi padre”.

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María, madre de Vicenta, muy enamorada de su marido, se sentía muy orgullosa de la lucha que él había llevado, y quería transmitir esos ideales a sus hijas para que conocieran bien a su padre. Eva García Escudero, hija de la escritora y nieta de María, nos cuenta que “mi madre y sus dos hermanas, se han encargado de contarnos las historias de cómo vivieron todo aquello, de cómo a pesar de las calamidades que tuvieron que pasar, mi abuela sacó a todos adelante y lo hizo con mucho orgullo y amor. Eso es para nosotros lo más importante de esta historia. Hemos visto convivir a las tres hermanas con un cariño, un amor y un bagaje impresionante. Por eso hemos tenido claro que todo lo que nos han contado y todo lo que han vivido ha estado basado en el amor y los ideales”, destaca orgullosa.

Un sueño hecho realidad

‘Historia de una memoria’ comenzó a gestarse hace 16 años de la mano de Vicenta, muy conocida y querida en la comarca, y es ahora cuando ha visto la luz un apasionante libro que ha contado con la ayuda del periodista y escritor José Iván Suárez, que ha hecho una gran labor enmarcando la historia en el momento y en el contexto histórico en el que ocurrió. La autora reconstruye en este libro el recuerdo de sus padres, pero en el trasfondo de cada página se deja sentir la vivencia de toda una generación a la que le tocó sufrir esos años críticos.

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La hija de la autora recuerda haber escuchado estas historias muchas veces, explicando que la intención de su madre era recopilarlas en un libro. “Ella llevaba mucho tiempo escribiendo en sus libretas de apuntes y aunque mi hermano mayor le regaló una grabadora para que fuera guardando de alguna forma todos los recuerdos, nunca nos habíamos planteado en serio llevar a cabo esta aventura literaria”, reconoce. Fue entonces cuando Vicenta, “por su cuenta y riesgo, llamó a José Iván Suarez, con el que tiene muy buena relación, y le contó lo que estaba haciendo, el material que había ido guardando y su idea de plasmarlo todo en un libro. Él, sin dudarlo, accedió a ayudarla”, recalca.

La sorpresa de Vicenta

El libro ha tenido una gran aceptación en Elche de la Sierra, donde los vecinos han acogido la iniciativa de Vicenta con mucho cariño y entusiasmo. “Ha sido toda una sorpresa en el pueblo. Por donde voy me van llamando la atención las vecinas. Unas porque lo tienen y les gusta y otras porque no han llegado a tiempo, ya que se acabaron enseguida en la librería”, afirma la ilusionada escritora.

En un principio se hizo una tirada muy familiar, porque como dice Vicenta “era una cosa muy sentimental nuestra”, pero viendo el interés que ha creado, se ha vuelto a reeditar. “Yo no esperaba la respuesta que ha tenido, le ha gustado a todo el pueblo”, apunta.

Tras el lanzamiento del libro, Vicenta, que le ha cogido el gustillo, no descarta la posibilidad de seguir escribiendo. “Se han quedado muchas historias en el tintero. Quiero sacar otro libro porque todavía tengo mucha historia que contar”, concluye.

Por eso, en el agradecimiento inicial, la escritora recuerda a “quienes estudian la historia y la difunden, a los que escuchan a los mayores y lo narran, gracias a los que luchan para que la memoria nunca se pierda”. Un libro con el que Vicenta ha querido luchar contra la amnesia que amenaza con borrar nuestro pasado.

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