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El Supremo dicta que Hacienda no puede actuar contra los deudores sin resolver antes los recursos

TOyota

/Redacción/

La Sala III del Tribunal Supremo ha resuelto en una sentencia que la Administración, cuando pende ante ella un recurso o impugnación administrativa, no puede dictar providencia de apremio (posibilidad de actuar contra los bienes del deudor) sin resolver antes ese recurso de forma expresa. De esta forma, rechaza el silencio administrativo y defiende la utilidad de los recursos de reposición.

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En el supuesto analizado, el contribuyente había interpuesto un recurso de reposición potestativo contra una liquidación tributaria sin que, correlativamente, solicitara con su interposición la suspensión de la ejecución de la deuda mientras se resolvía dicho recurso.

La Administración dictó providencia de apremio una vez agotado el plazo de resolución del recurso sin resolverlo, considerando entonces que se había producido el acto desestimatorio presunto que le habilitaba para iniciar la vía de apremio.

La Sección Segunda de la Sala Tercera del Tribunal Supremo sale al paso de esta interpretación recordando, en primer lugar, que el acto surgido por silencio solo es una ficción cuya principal virtualidad es la de permitir al afectado la posibilidad de impugnarlo, impidiendo el bloqueo que supone la creación de situaciones indefinidas u obstinadas de falta de respuesta.

Tal posibilidad impugnatoria no altera el deber de la Administración de resolver expresamente el recurso, de manera que, señala la sentencia, aceptar que pueda dictarse una providencia de apremio en un momento en que aún se mantiene intacto dicho deber «es dar carta de naturaleza a dos prácticas viciadas de la Administración y contrarias a principios constitucionales».

La primera práctica, apunta la sentencia que «no por extendida menos aberrante», es la de que el silencio administrativo sería como una opción administrativa legítima, que podría contestar o no según le plazca o le convenga.

La segunda práctica «intolerable» para el Supremo es la concepción de que el recurso de reposición no tiene ninguna virtualidad ni eficacia favorable para el interesado, de forma que que se trata de una institución inútil, que no sirve para replantearse la licitud del acto, sino para retrasar aún más el acceso de los conflictos jurídicos, aquí los tributarios, a la tutela judicial».

Y concluye la Sala de forma muy gráfica: «no se comprende bien que se apremie la deuda tributaria antes de resolverse de forma expresa el recurso de reposición que, teóricamente, podría dar al traste con el acto de cuya ejecución se trata; y, una vez, en su caso, desestimado explícitamente éste, cabría, entonces sí, dictar esa providencia de apremio, colocando así el carro y los bueyes -si se nos permite la expresión- en la posición funcionalmente adecuada».

«El mismo esfuerzo o despliegue de medios que se necesita para que la Administración dicte la providencia de apremio podría dedicarse a la tarea no tan ímproba ni irrealizable de resolver en tiempo y forma, o aun intempestivamente, el recurso de reposición, evitando así la persistente y recusable práctica del silencio negativo como alternativa u opción ilegítima al deber de resolver», añade.

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