/Marta López/
En mitad de un pandemia. Así llegó al mundo Rodrigo, un pequeño albaceteño que con apenas 15 días ha hecho posible poner luz a la oscuridad que ha generado el COVID-19.
“Fue una mezcla de sufrimiento y alegría”, explica a El Digital su orgulloso papá, Rubén Almendros, quien relata la odisea que vivieron él y su mujer hasta poder ver la cara del pequeño Rodrigo. Todo comenzó el 22 de abril, “cuando a las 19:00 horas mi mujer se puso de parto y decidimos ir al hospital”. Así, en cuanto entraron la pasaron a monitores para ver su evolución el personal sanitario y “nos preguntaron si habíamos tenido algún síntoma relacionado con el COVID-19”, señala, y “les dijimos que durante dos semanas perdimos el gusto y el olfato, pero los habíamos vuelto a recuperar”.
“Había un protocolo y unas pautas a seguir que nos dieron mucha seguridad”, destaca Rubén Almendros. De este modo, poco después “le hicieron el test rápido a mi mujer y dio positivo”, por lo que procedieron a aislarla en una habitación “y a mí me dijeron que me tenía que marchar a casa y hacerme un test, cosa que era imposible”. Unos difíciles y angustiosos momentos en los que se tuvieron que separar, “no podía creer que no pudiera estar presente en el nacimiento de mi hijo”.
Con “nervios, miedo, impotencia e incertidumbre” Rubén emprendió el camino de vuelta a casa, tras haber dejado sola en el hospital a la valiente mamá, Mari Carmen González. “En cuanto llegué a casa le hice una videollamada para que no se sintiera tan sola y que pudiera estar acompañada pese a no estar juntos”, relata este albaceteño. En medio de esta conversación apareció una enfermera y “le preguntó a mi mujer que si estaba hablando conmigo podía volver al hospital porque el test sanguíneo había dado negativo y tenía anticuerpos”, y añade que “yo al haber estado con ella y haber tenido los mismos síntomas también tendría estos anticuerpos”.
El regreso al hospital será algo que Rubén Almendros jamás olvidará, “cuando volví me aplaudieron las matronas y me emocioné mucho, ellas eran las primeras que estaban deseando que yo estuviera allí para que mi mujer no estuviera sola”, confiesa. De este modo agradece todo el trabajo del personal de la planta de maternidad del Hospital General Universitario de Albacete “por el magnífico trato que recibimos y por lo pendientes que estuvieron de nosotros en todo momento”.
Finalmente toda la tensión desapareció cuando Rubén y Mari Carmen volvieron a encontrarse tras unas horas “que fueron como miles de años” y “nos abrazamos y lloramos”. Un parto largo, en el que tras cerca de 19 horas de dilatación llegaba el momento de ver por primera vez a Rodrigo. Así, tras pelearlo mucho Rubén pudo estar presente en el parto, y es que su ilusión “era pasar a paritorio, estar con mi mujer y ver como llegaba al mundo mi hijo”, destaca.
Mari Carmen y Rodrigo “ya están en casa y se encuentran de maravilla”, cuenta el orgulloso papá, quien ha comenzado a escribir un libro para el pequeño. Un relato que comenzó a plasmar sobre papel cuando estalló la pandemia, y en el que plasma sus sentimientos tras poder tenerlo entre sus brazos y “lo que sentí al verle”, manifiesta. “Sabes que tu hijo va a venir, pero cuando se acerca la fecha del nacimiento se me olvidó por completo la pandemia”, reconoce Rubén Almendros, quien confiesa que “ahora también podré escribirle que su nacimiento fue noticia, porque le estoy haciendo para el libro recortes con noticias de El Digital de Albacete de gente que ha donado mascarillas al hospital”.
Con apenas 15 días de vida el pequeño Rodrigo ha enseñado a sus padres que “cuando todo está dado por perdido y cuando no puedes levantar la cabeza ni el ánimo siempre hay algo que al final te da un rayo de luz que te devuelve la esperanza y la alegría”, y que “dentro de momentos tan duros como estamos viviendo también ocurren cosas maravillosas”, reconoce su padre.


