Todos los días a las ocho, puntuales como nunca, nos asomamos a los balcones y ventanas de nuestras casas para batir palmas durante unos pocos minutos, en señal de reconocimiento a la labor callada y profesional de tantas y tantas personas que, diariamente, están al pie del cañón luchando cada uno desde su puesto, contra el dichoso virus que nos ha robado el mes de Abril.
Personal sanitario de hospitales y Centros de Salud, trabajadores de las residencias de mayores, del transporte, de las gasolineras, de las papelerías y de los estancos, del sector de la alimentación, ganaderos, agricultores, a todas aquellas personas que nos siguen informando de lo que pasa por esos mundos de Dios. Soldados, policías, bomberos, trabajadores de los servicios de municipales, estanqueros, etc. etc. que hacen que el trabajo que nos corresponde a los demás, el confinamiento, sea un poco, o un mucho, más llevadero.
A todas ellas y a todos ellos, nuestro más sincero agradecimiento y reconocimiento. Son nuestras heroínas y nuestros héroes. Pueden que no lleven capa ni tengan superpoderes, pero son los que nos van a sacar de esta, y la ciudadanía, en su conjunto, hemos contraído una importante deuda con ellos, que ya veremos cómo nos las arreglemos para pagársela. Al resto no nos queda otra que ayudarles en lo único que nos corresponde hacer, quedarnos en casa, y protegernos con lo mejor que tengamos a mano para no sacar a pasear el virus, como si se tratara de mi Bimba.
Y mientras unos luchan en primera línea de batalla contra ese enemigo invisible que nos birla la salud al menor descuido, a veces con no todos los medios de protección que serían necesarios, y los demás matamos el tiempo en casa teletrabajando, entreteniendo a los peques, leyendo, limpiando sobre limpio o con lo primero que se nos ocurre, otros, los menos quiero pensar, por muy ruidosos que sean, inundan las redes sociales con todo tipo de bulos, mentiras, exageraciones y mensajes tan apocalípticos como catastrofistas, que no resisten el más mínimo y ligero escrutinio, eso sí, siempre procurando echarle la culpa de todos nuestros males al gobierno de turno. Ese gobierno repleto de ineptos y de otros adjetivos de igual factura, que todo lo hace mal, tarde y a destiempo, pero que son incapaces de aportar nada que ayude a terminar de una vez con esta maldita pesadilla.
De necios sería negar que se han cometido errores, claro que sí, faltaría más, pero también sería de necios no reconocer que aquellos y aquellas que se han visto en la obligación de tomar decisiones, lo han hecho prácticamente a ciegas. Ningún gobierno del mundo estaba preparado para lo que se nos ha venido encima. Nadie lo vio venir, ni fue capaz de predecir. Por mucho que pregonen ahora los Capitanes A Posteriori, que reconvertidos en tertulianos van de plató en plató pontificando desde el desconocimiento más absoluto. Sí, sí, querido lector, quienes ahora gritan y escriben que el gobierno actuó tarde, son los mismos que no entendían porque se aplazaba por cuatro toses de nada el Mobile Word Congress de Barcelona. Así se escribe la historia, que decían los Hermanos Quintero.
Y si no teníamos bastante con esa dañina fauna que solo busca desestabilizar a quien se ponga por delante y si es el gobierno, pues mejor que mejor. En cuanto te descuidas aparecen los cuñados que todo lo saben y que de todo entienden. Sí hombre, esos que se creen capaces de poner de acuerdo a Tebas y Rubiales mientras le sacan el jugo a la cabeza de una gamba, y que ahora también se creen capacitados para dirigir con mano de hierro el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, y más en estos momentos en los que Fernando Simón se encuentra en cuarentena. ¡Qué sabrá él!, gritan cacerola en mano a las nueve de la noche, después de haber saboreado con deleite el enésimo tuit que pone como un trapo a algún político, que para esto están, ¡joer!
Y luego están los villanos como antítesis a las heroínas y a héroes. Una especie parasitaria que en nada ayuda, y que lo único que les mueve es intentar llevarse el mayor trozo del pastel, utilizando todo tipo de argucias preñadas de malas intenciones
Villanos son aquellos y aquellas que desde la exageración, las verdades a medias y el postureo, tachan de mentirosos e ineptos a los demás, los que exhiben sin pudor dramas ajenos haciéndolos pasar por suyos, los que se regodean con las cifras que la muerte nos ofrece a diario, los de cuanto peor, mejor, los que son incapaces de rectificar cuanto los pillan in fraganti, los que piden en la misma frase bajar los impuestos y que el Estado se endeude hasta las cejas para ayudar a Tirios y Troyanos, y los que nunca, nunca, reconocerán que no existe manual que diga lo que hay que hacer en situaciones como esta.
Investigadores de todo el planeta están trabajando en red y a destajo, para encontrar una vacuna que acabe con esta plaga del siglo XXI, pero la culpa la tiene el Gobierno.
El mundo se ha vuelto loco intentando adquirir los escasos equipos de protección y sanitarios que existen en el mercado, eso sí, a precios desorbitados y abusivos, pero la culpa la tiene el Gobierno.
La comunidad científica aún no entiende cómo actúa el virus que acaban de conocer, pero la culpa la tiene el Gobierno. No creo que exista ningún gobierno ni gobernante en el mundo, cojee del pie derecho o del izquierdo, que no procure hacer las cosas lo mejor posible, aunque solo sea por puro egoísmo.
Estoy seguro, querido lector, que al igual que yo, eres capaz de poner nombre y apellidos a cada uno de los personajes descritos en esta modesta redacción. Pero no me quiero despedir sin pedirte dos cosas, la primera, que señalemos con el dedo del olvido a quienes están intentando por todos los medios rentabilizar par sí mismos los efectos nocivos de esta epidemia, y la segunda y más importante, que hagamos todo lo posible para no olvidar a los que desgraciadamente no han podido superar la enfermedad y nos han dejado. Descansen en paz.


