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CORONAVIRUS | Mensaje de esperanza desde la guerra

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Hasta El Digital de Albacete ha llegado la carta de un paciente que ha superado el coronavirus tras días hospitalizado en Quirónsalud Albacete. A continuación lo reproducimos:

Yo también he superado el virus, no sé como, rezando mucho para que la gente que me atendió en el Hospital Quirón de Albacete no cayeran enfermos y pudieran seguir cuidándome.
Después de 10 días con fiebres altísimas y sin comer nada me ingresaron el día del Padre durante una semana, una semana que continué sin comer, no podía, me daban nauseas, perdí 7 kilos. Antes de marcharme de casa pesaba 74 y cuando regresé 67. Tengo 63 años. Milagrosamente la fiebre empezó a ceder el día 14 de haber comenzado, y aunque está contraindicado para el virus, eso me dijeron los doctores, me pusieron dos días suero glucosalino que estabilizó el malestar y la angustia interior que sentía por la que ya empezaba a resignarme de que sería otro número mas de las fatales estadísticas… esto sacó fuerzas dentro de mi….no sé de donde. Pero aquí es donde viene el verdadero milagro. Empezó a rondar por mi cabeza la idea de comerme un guiso de costillas de cerdo que hace mi hermana Marisa, el mejor guiso de costillas que he probado en toda mi vida, con el don milagroso de cocinar como mi madre,  y creo que ese fue el verdadero empuje por el que deseaba salir de allí.  Me dieron el alta y a las dos horas vino con una olla llena de guiso de costillas.
Por Dios, se me empañan los ojos de recordarlo. Y todavía me santiguo cada vez que estoy delante del cuenco con ese caldito calentito lleno de las mejores y mas sabrosas verduras y sobre todo las costillas, cuya carne se desprende como la mantequilla de un cuchillo caliente.
Ya voy por mi tercera olla, se me terminó la primera y le pedí que por favor me hiciera otra y otra, no como otra cosa, es lo único que acepta mi cuerpo y lleva todo lo necesario para recuperarme física y psicológicamente. Es el momento trascendental del día, sentarme en el silencio de la cocina -estoy solo, aislado-, no quiero estar delante de la tele, y beber cuchara a cuchara ese caldo caliente al que le sube un aceitito color dorado que lo convierte en la mejor bebida del mundo. He probado a comer otras cosas y mi cuerpo no acepta nada, además de que no le saco sabor, solo le saco sabor a las verduritas del guiso de mi hermana y a la carne de las costillas. No sé que explicación científica tendrá.

Quiero dar las gracias a mis hermanos, somos 4, a los que veo llegar a través de la mirilla hasta la  puerta de mi piso donde estoy aislado y me dejan en la puerta todo lo que necesito para subsistir, arriesgando su salud para llegar hasta aquí. Son unos mas de esos héroes que no llevan capa de superhéroes y que nos están salvando, sacándonos de esta pesadilla.

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CARLOS VICTOR GIMÉNEZ CEBRIÁN

 

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