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El mítico mono de la calle Zapateros, también con los sanitarios de Albacete

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/Redacción/

Muchos albaceteños recordarán a este mítico vecino de la calle Zapateros de la capital, y es que el mono Pepe era toda una institución en Albacete y parada obligada para los niños, y no tan niños, que esperaban a que les dijera una de sus frases.

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!Soy un mono sinvergüenza” “Quiero ser como tú” o “Dinero, dinero…” eran las esperadas palabras con las que Pepe sacaba una sonrisa a los albaceteños en la entrada del comercio “Angelines niños”

Pepe sigue viviendo en Albacete y en estos días cumple rigurosamente el confinamiento. Pero no solo eso, nos cuenta su propietaria que a las 8 de la tarde cumple con la tradición de aplaudir a los sanitarios y también de ponerse la mascarilla para no contagiar a los demás.

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LA HISTORIA DEL MONO PEPE

/Archivo El Digital de Albacete: Sandra Manzanares/

“Soy más de Albacete que el mono de la calle Zapateros”, es la frase que llevaba en sus camisetas un grupo de jóvenes que paseaba por la Feria y con los que, casualmente un día se cruzó Víctor Bleda, hijo de la propietaria del famoso mono, que por si no lo sabíais se llama Pepe y es irlandés.

En este momento fue cuando Víctor se dio cuenta de lo que ha representado y todavía representa el Mono de la calle Zapateros para nuestra ciudad, y es que, aunque aquel grupo de amigos no tenía relación alguna con los dueños de este peculiar primate, lo llevaba como emblema albaceteño en sus camisetas.

Destino: Albacete

El Mono Pepe ya no es ningún niño, y es que, aunque se conserve bien, ha llegado a la treintena. Precisamente hace 30 años un irlandés llamado Peter lo trajo a Albacete ofreciéndolo al antiguo propietario de la tienda de la calle Zapateros como reclamo para atraer a los más pequeños.

En realidad, el Mono Pepe es una máquina de bolas de lo más original, el cuerpo del primate es un armazón conectado a través de cables a la jaula que actuaba de recipiente y que emitía, como recordaréis, frases que forman parte de la historia popular de la ciudad.

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Al paso de los viandantes, y tras un tiempo sin que nadie interactuara con él, con su voz grave, que no era otra que la del irlandés Peter, decía eso de “Quiero ser como tú”, “Uuuuh, ¿quién es?” o “Soy un mono sinvergüenza”. Todo ello “con una pronunciación algo particular” ya que el irlandés no hablaba perfectamente nuestro idioma.

IMG-20160726-WA0011Años después, concretamente en 1.997, María Brígida García adquirió la tienda de la calle Zapateros en la que había trabajado como dependienta tras la jubilación del que fuera su jefe.

De esta manera, ‘Angelines Niños’ continuó con el mono en la puerta del establecimiento, aunque estuvo guardado durante un tiempo ya que Peter dejó de acudir a recaudar los beneficios que dejaba el primate al igual que cesó en la reposición de los juguetes de la máquina.

Después de unos meses en los que el Mono Pepe estuvo guardado en el almacén de la tienda porque ya no tenía bolas que vender, María decidió volverlo a sacar ante la curiosidad de la gente y buscó por su cuenta una empresa que ofreciera los servicios de esas máquinas de bolas. Así volvía Pepe a ser el guardián de la calle Zapateros.

El armario del Mono

Entonces fue cuando María empezó a vestirlo con las antiguas ropas de su hijo Víctor, y a ponerle los trajes típicos de manchego o hellinero, la indumentaria de Papá Noel en Navidad, unas gafas de sol y un flotador para el verano o una pajarita para las ocasiones más especiales.

De hecho, Víctor se lo ha llevado con sus amigos de fiesta, a la playa, de casas rurales y la propia Semana Santa de Hellín, donde asegura que reconocían al mono. Y es que han sido numerosas las ocasiones en las que grupos de jóvenes se han fotografiado con Pepe durante alguna de sus escapadas.

de hellinero

Además, el Mono Pepe ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos y tiene sus propias páginas en redes sociales, unas abiertas por Víctor y otras por usuarios que nada tienen que ver con la familia García.

El año pasado, María cerró ‘Angelines Niños’ y tras ello se vendieron mostradores, percheros y demás materiales, pero el Mono y su jaula no, porque Víctor así se lo pidió a su madre. Para el joven, el Mono Pepe es algo más que un peluche, para él es un símbolo ya que han crecido juntos y aunque no tiene valor material, tanto para Víctor como para María, como para muchos albaceteños, el Mono Pepe es una parte de sus vidas.

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