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CORONAVIRUS | Fallece el castellano-manchego que consiguió más de una decena de títulos con el Real Madrid víctima del covid19

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/Redacción/

El fútbol despide este jueves, en una jornada más de miles de fallecidos, de confinamiento por la pandemia del coronavirus, el mismo día en el que falleció Juan Gómez ‘Juanito’, a otra leyenda histórica del Real Madrid, Gregorio Benito, un defensa central de los de antes, vigoroso, contundente, expeditivo, a veces incluso demasiado, pero imprescindible en la historia de su club y componente de un grupo extinto de defensas, que ya no se pueden ver en el fútbol de la actualidad.

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Nacido el 21 de octubre de 1946 en El Puente del Arzobispo (Toledo) su raza, su corazón, su eficacia, hasta su dureza, le mantuvieron trece años en el primer equipo del Real Madrid, al que llegó con 17 años (de 1969 hasta 1982), en los que consiguió seis ligas y cinco copas.

Militó en las categorías inferiores hasta que fue cedido al Rayo Vallecano para foguearse y de vuelta temporada y media después, y tras cumplir el servicio militar, pudo estrenarse con el primer equipo el 26 de octubre de 1969 de la mano de Miguel Muñoz. Curiosamente jugó como lateral izquierdo, por detrás de Paco Gento, al que el joven Goyo le llamaba don Francisco. El Real Madrid venció por 1-2.

Había llegado al club procedente del colegio Salesianos de Atocha, donde estudiaba Maestría Industrial. Allí había practicado también atletismo, jabalina -fue campeón de España escolar-, peso y altura. Esta última prueba le sirvió luego, en su carrera como futbolista, para disputar los balones de cabeza. Su salto era imponente y superaba habitualmente a los delanteros rivales.

Era uno de los exponentes de centrales potentes, expeditivos, que marcaban la línea. Pasaba el balón pero no el jugador. Muchos de ellos lucían un prominente bigote. Atemorizaban incluso. Benito era uno de estos defensores más sobresalientes. Una pesadilla para muchos delanteros y para los rivales, aunque muchos después tuvieron palabras de cariño hacia el toledano, hablaban de su nobleza y aseguraron que no era el más duro de aquellos tiempos.

Esta fama motivó que incluso el narrador Héctor del Mar le pusiera el apodo de ‘hacha brava’, por el que pasó a la posteridad, sobrenombre por el que se había conocido también con anterioridad el argentino Rubén Marino Navarro.

No rechazaba la pelea, física y verbal incluso, las ‘triquiñuelas’ tan comunes en una época sin el ojo acusador de la televisión, rápido en el cruce y firme por arriba y por abajo arriesgaba al máximo. Todo para defender su portería. Siempre al límite del reglamento. Pero curiosamente pese a esa leyenda que siempre le acompañó la valentía acabó con Benito diez veces en el quirófano, operado cinco veces de rodilla, dos de nariz y una de tibia.

Como no podía ser menos, vistió la Roja, primero la de aficionados, luego la B y acabó en la selección absoluta. Le hizo debutar Ladislao Kubala el 9 de mayo de 1971 en Nicosia ante Chipre y acabó jugando 22 partidos, el último 29 de marzo de 1978 contra Noruega.

En total Benito disputó 420 partidos con el conjunto madridista. En 1970 se convirtió en el segundo jugador de la historia en recibir la ‘Laureada’ del Real Madrid, su más alta distinción, tras José Martínez Pirri, formó parte del proyecto de Florentino Pérez la primera vez que se presentó a la presidencia.

Casado con Paula y con dos hijos, Patricia y Rubén, llevaba más de una década muy delicado de salud. Curiosamente su marcha se produce justo 28 años después que otro mito como Juanito, que falleció en accidente de tráfico a la altura de Oropesa, en la comarca de Talavera de la Reina.

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