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El bailarín albaceteño que lleva por el mundo la alegría de la danza como bandera

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/Marta López/

Albacete es tierra de bailarines y cada vez son más los nombres que alargan una interminable lista de profesionales de la danza que han traspasado fronteras llevando el nombre de Albacete por bandera. Este el caso del protagonista de nuestra historia, Ángel Martínez, quien tras bailar dos años en una compañía en Rumanía formará parte el próximo año de la ‘Greek National Opera’.

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Este bailarín albaceteño compaginó sus estudios de danza clásica en el Real Conservatorio Profesional de Madrid con el doble grado de Periodismo y Comunicación Audiovisual. Una etapa que recuerda como “complicada” debido a “las numerosas horas y esfuerzos que invertía diariamente” para sacar a delante ambos estudios, explica a El Digital de Albacete Ángel Martínez.

La compañía ‘Teatrul de Balet Sibudu’ ha sido su casa durante dos años, donde ha tenido la oportunidad de crecer como bailarín y coreógrafo. “Lo bueno de empezar en una compañía mediana y no en una compañía de ‘Primera División’ es que he tenido la oportunidad de bailar mucho y eso te da mucha experiencia a la hora de llegar ahora a una gran compañía”, explica el albaceteño. Así, indica que este año dará el salto hasta la capital de Grecia para formar parte del cuerpo de baile de la Ópera Nacional en Atenas.

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El bailarín albaceteño pasará a formar parte de una enorme compañía integrada por cerca de 70  componentes en la que “casi el 80% son griegos”, añadiendo que espera “aprender mucho de la gente que atesora más experiencia”. Además, el repertorio con el que cuenta la ‘Greek National Opera’ lo conforman “grandes clásicos, pero también cuenta con un contemporáneo muy fuerte”, incide Martínez, y es que incluso han sido coreografiados por Nacho Duato, “uno de los mejores coreógrafos españoles”.

Por el momento descarta la idea de regresar a España, y reconoce que es necesario “educar en danza” y acercarla a la población para que el público demande y consuma este tipo de espectáculos. “El problema reside en la educación”, expone, “hay que llevar a los niños desde pequeños al teatro a ver danza”. Así reconoce que “la única compañía que trabaja al nivel de las grandes compañías de fuera de nuestras de nuestras fronteras es la Compañía Nacional de Danza”, pero añade que “incluso ellos tienen muchísimos problemas para trabajar en España, pero sin embargo cuando bailan en el extranjero los teatros se caen a aplausos”. 

Del mismo modo, también considera necesario hacer cercana la danza a la gente, por lo que explica que en Rumanía, pese a ser un país con un nivel de vida un poco más bajo, “las entradas costaban dos euros al cambio y los teatros estaban siempre llenos, especialmente de niños y gente joven”. Ángel Martínez también explica que una de las actividades que más une e impacta a la gente es “sacar la danza a la calle y hacer espectáculos fuera de los teatros”.

Sin embargo, reconoce y elogia el “gran trabajo que está realizando el Conservatorio Profesional de Danza José Antonio Ruiz de Albacete”, y es que cada vez son más las compañías a lo largo y ancho del mundo que cuentan con algún bailarín albaceteño. Una situación que confiesa “con el tiempo se va a ver más aún”, por lo que podremos ver triunfar a nuestros bailarines por los escenarios de todo el mundo.

La danza es alegría y descubrimiento personal

“Lo más complicado para un bailarín es la mente”, subraya Ángel Martínez. Así, reconoce que “a veces es difícil ser exigente y amable contigo mismo para seguir avanzando profesionalmente y no destruirte”. Sin embargo, pese a reconocer la existencia de una vertiente “dura y sacrificada de la danza”, aconseja a quien decida dar el paso y animarse a descubrir este universo que se queden con “la alegría de bailar”.

En un ejercicio de sinceridad confiesa que lo que siempre ha sentido cuando baila es “esperanza”. Un sentimiento esperanzador y de confianza en el ser humano y que “existe algo más detrás de cada uno y que somos más que la suma de nuestras partes”. Apunta que la danza además de alegría es “descubrimiento personal”, un gran ejercicio físico y mental que se convierte en un cauce para descubrirse a sí mismo, sin pretensiones ni estrés”. Por este motivo, anima a todo el mundo a acercarse y a participar de la danza “sin plantearse en un primer momento si quieren ser profesionales o no”, y simplemente se dejen llevar y disfruten.

Además, también compagina ser bailarín con el montaje de sus propias coreografías. Tal es así, que durante su estancia en Rumanía tuvo la oportunidad de hacer un guiño a su país con una original coreografía, que atesora como uno de los momentos más emocionantes de su carrera. Y es que, con tan solo 24 años dio vida a ‘En nombre de la alegría’ una coreografía con “piezas musicales muy conocidas del clásico español pero ejecutadas con danza de danza contemporánea”, explica. Un montaje cuyo fin era transmitir la alegría que supone para él la danza y que recuerda muy emocionado ya que su madre y su hermana estaban entre el público “tarareando las letritas que en Chinchilla se ponía a las ‘Bodas de Luis Alonso’”.

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