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Perdió la vida en un accidente aéreo con destino Albacete y ahora responsabilizan a sus superiores

TOyota

/Redacción/

El vuelo de aprendizaje de un F-5, que despegó un 2 de noviembre de 2012 de la Base Aérea de Talavera la Real (Badajoz), nunca llegó a su destino, Albacete. Un fatídico accidente en el que el alférez alumno que viajaba en la aeronave quedó parapléjico, y en el que, también perdía la vida el comandante que dirigía el vuelo como piloto profesor. Tras seis años de instrucción, una jueza militar culpabiliza del mismo a varios superiores de la citada base militar.

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Así, la publicación extremeña ‘Hoy’ recoge que la supuesta “negligencia del comandante que llevaba la nave, se debió a una falta de formación de la que considera responsables a sus superiores”. De este modo, la jueza del Juzgado Togado Militar Territorial número 12 emitió un auto el pasado mes de abril, en el que, en su opinión “ocho mandos de la base de Talavera la Real” entre los que se encuentra el propio piloto, “cometieron delitos por no haber cumplido con su deber”, argumenta.

Se trataba de una misión de enseñanza que debía concluir en Albacete, pero a los 17 segundos de iniciar el despegue comenzaron a surgir complicaciones que terminaron con la vida del piloto. Al parecer, el alumno se percató de que el compensador de profundidad del F-5, un elemento de accionamiento eléctrico que sirve al piloto para manejar la posición del morro de la nave, no funcionaba correctamente. Por este motivo, el comandante al cargo de esta misión de enseñanza procedió a tomar el control del avión, dándose también cuenta de que el motor izquierdo de la nave también fallaba.

Al parecer, el motivo de estos fallos fue la rotura de un disco de turbina, localizado en el motor izquierdo del F-5, que se produjo cuando la nave alcanzó su máxima potencia. Así, al salir proyectada esta pieza, provocando la rotura del fuselaje, unido a otros factores técnicos, hizo que el avión quedase bloqueado en posición de picado, perdiendo altura a un vertiginoso ritmo.

Tras lograr estabilizar la nave, el piloto valoró la situación, tras comprobar que si forzaba el aterrizaje del F-5, el avión podía caer. Por este motivo, declaró la situación de emergencia. Así la jueza recoge en su auto que “el piloto tendría que haber seguido los manuales ante emergencias, y habría descubierto que el aterrizaje era imposible”, sin embargo, destaca que pese a ello, “lo intentó”. De este modo, considera que la velocidad mínima de control del avión estaba muy por encima de la velocidad que empleó el piloto para tomar tierra, lo que finalmente hizo que la nave se estrellara.

El comandante, de 38 años, falleció en la maniobra, mientras que el alumno, de 23, logró salvar la vida, no sin secuelas, debido a que tras golpearse contra el suelo, saltó el sistema de eyección de su asiento. Sin embargo, otro infortunio, la rotura del paracaídas del piloto, supuso un gran impacto en la cabeza, causándole graves daños y falleciendo casi en el acto.

De este modo, el auto de la jueza militar no solo apunta a un fallo mecánico y a la posible negligencia del piloto, como causas del siniestro; sino que añade que tres superiores, pese a que conocían que el piloto no había cumplimentado los planes de instrucción, le concedieron las calificaciones confiando en su experiencia de vuelo tanto en la unidad como en un periodo formativo en Estados Unidos. Sin embargo, afirma que “había perdido toda la capacitación porque hacía seis meses que no volaba debido a una baja médica”.

Así, la jueza señala que el piloto, recibió una “formación teórica precaria que nadie evaluó”, y que además “solo realizó 11 de las 66 misiones de vuelo que establecían los planes de adiestramiento básico”. Además, apunta que tan “solo llevó a cabo una de las 26 misiones de simulador exigidas, de las que más de un tercio estaban dedicadas a resolver emergencias”.

A todos estos problemas, añade que los mandos de la base “no tomaron medidas ante la gestión de emergencias por parte del piloto, ni tampoco indicaron las pruebas que debía realizar”, y que de haberlas conocido, habría descartado el aterrizaje de la nave. Respecto a los problemas mecánicos del F-5, recoge que la pieza del motor se rompió porque “las inspecciones realizadas en el aparato no fueron las correctas”. También añade que, en el fallecimiento del piloto tuvo responsabilidad el oficial encargado del operativo de emergencia, y es que, después de que la nave se estrellara, los depósitos de gasolina comenzaron a arder, mientras el piloto continuaba en el interior de la nave, y los vehículos contra incendios estaban a más de un kilómetro de distancia.

Sin duda, un auto histórico, en el que la jueza encargada de la instrucción considera que los ocho mandos citados pudieron incurrir en delitos de denegación de auxilio y contra la eficacia del servicio. Además, también solicita que se informe al Ministerio de Defensa de los posibles defectos en los aviones que estuvieron volando en esas fechas. 

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